Disciplina positiva

Educar sin castigos: por qué no es una buena opción recurrir a ellos

La disciplina positiva los desaconseja porque solamente son efectivos a corto plazo, pero rara vez consiguen el objetivo con el que se imponen.

Madre e hijo (Foto: Pexels)
Madre e hijo (Foto: Pexels)

Imponer rara vez es el camino en la vida. Lo vemos en cualquier ámbito. Desde el social, al político o al religioso, y uno de los mejores ejemplos se da en la paternidad con los castigos. Es verdad que pueden hacer la vida de los padres más fácil en el corto plazo, pero desde el punto de vista de la educación del niño son altamente desaconsejables porque solo son efectivos en el momento presente y porque rara vez consiguen el objetivo con el que se imponen.

La disciplina positiva establece que el cariño y la firmeza son los pilares de la educación. El equilibrio entre estos dos factores a priori antagónicos no es ni mucho menos compatible con los castigos. Y es que muchos padres siguen confundiendo firmeza con autoridad, castigo con aprendizaje. 

Sin embargo, está más que probado que los castigos solo funcionan a corto plazo y, que si lo hacen, en la mayoría de los casos no es porque el niño haya entendido la razón por la cual ha sido castigado, sino por la penalización o restricción que ello conlleva. Es decir, no será capaz de asimilar que algo de lo que ha hecho no está bien y, por lo tanto, será fácil que vuelva a hacerlo. Si no lo hace, tendrá mucho que ver con el miedo a un nuevo castigo, pero no por convencimiento. 

Cualquier voz autorizada en la materia, ya sean educadores o psicólogos infantiles, coinciden en expresar su rechazo al castigo. Por ejemplo, Álvaro Bilbao en su libro El cerebro del niño explicado a los padres considera los castigos "una estrategia torpe y poco evolucionada de crianza". Y recomienda una estrategia mucho menos autoritaria pero igual de firme: los límites.

Cómo marcar los límites

Estos se establecen mediante el diálogo, la argumentación e incluso la negociación si todavía la situación no se ha complicado en exceso. Los castigos materiales no son una opción compatible con un educación en positivo, pero es que además, en cualquier modelo de educación hay que poner en cuarentena su efectividad porque no es la deseada en la gran mayoría de los casos. 

Además de dejar claros los límites -saber qué pueden y qué no pueden hacer-, es una alternativa a los castigos mucho más eficaz y saludable para el niño guiarle a través de evolución. Tanto en sus aciertos como en sus errores, en cuyo caso es necesario ofrecerle alternativas y soluciones. De eso trata educar en positivo. 

Además, es también una estrategia mucho más recomendable que el castigo enseñarles a pedir perdón, naturalizarlo al fin y al cabo, y eliminar ese prejuicio que lo asocia a conceptos como el de debilidad. Nada más lejos de la realidad.

Pero nada de esto es posible sin aplicar primero un filtro de autocontrol parental. Llenar a tope el depósito de paciencia, revisar nuestra actitud y aceptar que las cosas se pueden hacer mejor cuando el niño haga algo que te saque de tus casillas. Es fundamental autoconvencerse de que de nada servirá dejarte llevar por la ira. Bueno sí, de asustar a tu hijo y debilitar su autoestima.

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