Educar sin gritos ¡es posible!

"A nuestros hijos les educamos mucho más a través de lo que hacemos que de lo que les decimos"

6 minutos

¿Cómo podemos educar sin gritar? ¿Es posible en el día a día? Si alguna vez gritamos, ¿podemos disculparnos? Hablamos con Alba Castellví, sociológa, madre de dos hijos y autora de un libro para padres 'Educar sin gritar' y un cuento para niños 'Una cesta de cerezas'.

También te puede interesar: ¿Cómo educar sin gritos ni amenazas?
alba

'¡Recoge el cuarto!', '¡pon los juguetes en su sitio!', '¡qué recojas el cuarto!'... ¿Os suena? Cuando tenemos que repetir la misma orden varias veces, la última solemos emitarla a gritos. Alba Castellví, socióloga, educadora, mediadora de conflictos, madres de dos hijos y autora de un libro para padres y un cuento para niños es contudente diciendo que "sí, es posible educar sin gritos e incluso es fácil… si conocemos y ponemos en práctica con constancia una serie de técnicas y de estrategias para que nuestros hijos comprendan el sentido de lo que hay que hacer y para que nos hagan caso sin muchos problemas". Su primer libro Educar sin gritar (ed. Cuadrilátero de libros) es una guía completa para acompañar a nuestros hijos de entre cuatro y doce años en el camino hacia su autonomía. En él, nos aporta todas las herramientas para lograr de una vez por todas tratar nuestros hijos sin perder la compostura para construir una relación serena y positiva. También es autora de Una cesta de cerezas (ed. TimunMas), el libro de cuentos que nos permite reflexionar junto a los hijos a través de las historias para ellos. Pero, ¿cómo conseguir tener la paciencia, serenidad, compostura suficiente para no levantar la voz con nuestros hijos? 

Cuéntanos por qué es importante educar sin gritar

educar sin gritar

Es importante por dos motivos. En primer lugar, porque a nuestros hijos les educamos mucho más a través de lo que hacemos que de lo que les decimos que hay que hacer. Cuando levantamos la voz para conseguir lo que deseamos, les mostramos un comportamiento indeseable que van a aprender. En segundo lugar, es importante para sentirnos mejor en nuestras relaciones familiares y también con nosotros mismos. A nadie nos gusta tener que gritar para que nos hagan caso: conlleva un malestar que nos podemos ahorrar si encontramos formas de evitarlo.

¿Cómo podemos educar sin gritar? ¿Es posible en el día a día?

Sí, es posible e incluso es fácil… si conocemos y ponemos en práctica con constancia una serie de técnicas y de estrategias para que nuestros hijos comprendan el sentido de lo que hay que hacer y para que nos hagan caso sin muchos problemas. Al fin y al cabo, gritamos cuando tenemos que repetir las órdenes demasiadas veces, así que lo hay que hacer es encontrar la manera de no tener que repetir las órdenes. Son métodos sencillos de utilizar y rápidamente nos acostumbramos a ellos en cuanto nos damos cuenta de que funcionan y nos facilitan la convivencia. Sin embargo, hay que recordarlos y ser constantes. Para ayudar, escribí Educar sin gritar, un libro que es un compendio, una guía, con todas estas técnicas, y Una cesta de cerezas, el libro de cuentos que nos permite reflexionar junto a los hijos a través de las historias para ellos.

¿Cómo podemos trabajar la paciencia?

Con dos métodos. Uno, respirando profunda y lentamente tres veces antes de reaccionar. El segundo, teniendo presente que educar es un proceso que requiere tiempo. En nuestra vida cotidiana estamos tan atareados que a menudo no disponemos de ese tiempo valioso para observar a los niños y reflexionar acerca de lo más efectivo para educar su autonomía y responsabilidad. Nuestra vida no va a ser igual cuando educamos a los hijos que antes de tenerlos: van a requerir dedicación educativa, lo cual implica liberar tiempo de otras tareas.

Pongamos un ejemplo. Mi hijo come regular y las comidas son una pelea. En el libro narras soluciones. ¿Nos adelantas un poco cómo gestionarlo?

educar sin gritar

Para que las comidas no sean un drama, ni se eternicen hasta que acabemos desgastados y derrotados, podemos transmitir a los niños la idea de que educar el paladar es un proceso que requiere probar cualquier alimento periódicamente hasta acostumbrarnos a él, con lo cual puede elegir comer la cantidad que quiera del alimento en cuestión siempre y cuando lo pruebe. Comer más y mejor ha de ser un reto para ellos, no una obligación que les impongamos. Nuestro modo de hablar de la comida y de su proceso nos ayudará a que lo vivan así: como un desafío a superar. Cuando sirvamos un alimento que no guste a nuestro hijo, podemos compensarlo con otro del cual pueda comer más. Si la alimentación es variada y saludable, se irá acostumbrando a comer de todo un poco. Por otro lado, el tiempo de comer ha de ser placentero para compartir y conversar. Hay que procurar encontrar la manera de estar juntos durante las comidas, y sobre todo sin pantallas cercanas a la mesa (sin móviles, sin televisión). Y el diálogo se puede estructurar de tal manera que sea interesante para todos, de modo que estar en la mesa sea más atractivo que levantarse. En este sentido, mucho mejor que preguntar a los niños por su día, vale la pena contar nuestras cosas. Poco a poco ellos se incorporarán a la conversación.

Si alguna vez gritamos, ¿podemos disculparnos? ¿o es contraproducente?

Podemos disculparnos para dar muestra de una actitud que ellos también deben aprender (de nuevo, hay que recordar que aprenden mucho más de nuestras acciones que de nuestras recomendaciones). Sin embargo, cuantas menos veces debamos disculparnos, mucho mejor, puesto que si lo hacemos a menudo pronto aprenderán que uno no ha de aprender a controlar su actitud sino que basta con disculparse cuando no es adecuada. Además, abusar de la disculpa ante los hijos nos debilita.

¿Cómo lidiar con el estrés, el mal humor, los malos días para educar sin gritar?

Padres y madres somos humanos y hacemos cuanto podemos para que todo funcione, y sin embargo habrá momentos de nervios en que las prisas y problemas nos superen. En estos casos, es importante recuperar la perspectiva y saber ver que lo importante es que ese humor no domine la vida cotidiana. Si no ocurre cada día, no hay que preocuparse. Si, en cambio, los días malos y estresados son mayoría, estará bien formarnos para encontrar maneras de estar mejor: al fin y al cabo, se trata de disfrutar de los hijos y no de pasarlo mal en casa. Las charlas y talleres ayudan mucho.

Cuéntanos unos trucos para las personas, como la que escribe estas líneas, que es gritona en general.

Cuando haya que dar una orden, hazlo con la voz lo más baja posible, agachada a la altura de los ojos de tu hijo. Dale un mensaje muy breve, conciso, y sal de escena. Cuando sea posible, dale margen para elegir entre opciones limitadas (por ejemplo: ¿quieres ayudar a tu hermano ahora o dentro de un rato? Con lo cual está fuera de duda que va a ayudar a su hermano, pero puede elegir el momento). Dale las órdenes en afirmativo: “Habla en voz baja” es mejor que “No grites”. Son algunos de los muchos trucos comunicativos que funcionan con los niños.

¿Los niños se acuerdan de las promesas que les hacemos? ¿Cómo les herimos al no cumplir lo que decimos?

Cuando decimos algo hay que cumplirlo. Eso es muy importante por razones psicológicas, educativas y éticas. En primer lugar, porque los niños deben poder confiar en nosotros. Si no hacemos lo que hemos dicho, estamos malogrando la confianza y, con ella, se ve afectada su  seguridad personal. En segundo lugar, los niños deben aprender a tener palabra y a ser fiables, lo cual se aprende gracias al ejemplo de los adultos. Y, finalmente, nosotros como personas con sentido ético debemos ser veraces.

Continúa leyendo...

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS