Pedagogía Waldorf

El día a día en una escuela Waldorf

9 minutos

Identidad, seguridad y autoestima son los grandes pilares de la Pedagogía Waldorf. Las escuelas Waldorf en los primeros años son como una extensión del hogar.

El día a día en un jardín de infancia Waldorf

La Pedagogía Waldorf despierta mucho interés. El método Waldorf es un planteamiento pedagógico que toma cada vez más fuerza y adquiere más protagonismo en todo el mundo. Es una de las llamadas Pedagogías Alternativas, que son planteamientos pedagógicos que están tomando fuerza y adquiriendo protagonismo en los últimos años, no porque sean nuevas, ya que la Pedagogía Waldorf concretamente tiene casi 80 años de historia, sino porque atienden a uno de los retos en la sociedad actual: la Educación ha de formar y atender a personas, y no simplemente a individuos. Lalu Gómez, psicóloga y psicoterapeuta especializada en infancia y familias, nos detalla algunos de los aspectos clave en el funcionamiento de la escuela Waldorf en los primeros años.

Uno de los aspectos fundamentales en el desarrollo psicológico y emocional en los primeros años de vida es la construcción de una identidad (quién soy), una seguridad (me siento seguro y capaz) y una autoestima (valoro y me gusta cómo soy). Tanto la familia, como la escuela contribuyen en el proceso de entender el mundo como un lugar seguro y apto para desarrollar las propias capacidades y sentirse realizado y feliz (un mundo bueno).

En la etapa de Educación Infantil, es decir, hasta los  6 años de edad, potenciar la autoestima es un reto especialmente importante. El niño va incorporando el componente social y las relaciones con otros, a la vivencia íntima del entorno familiar. Vivir con otros y conocer la diversidad y las diferencias que existen entre los seres humanos es uno de las mayores contribuciones a la socialización, especialmente desde el escenario escolar. El niño descubre otros tipos de familias y personas con características y circunstancias muy distintas a las suyas.

Voy a hablaros de algunos de los aspectos que plantea la Pedagogía Waldorf, y que según mi punto de vista como psicóloga considero básicos. El método Waldorf se centra y ajusta a la perfección a las necesidades requeridas por los niños hasta los 6 años, es decir, en la etapa que corresponde tradicionalmente al ciclo de Educación Infantil.

Una mirada desde la Pedagogía Waldorf

Somos seres sociales. Desde nuestras primeras experiencias de socialización vamos creando esquemas mentales acerca de los otros. Para hacer una construcción sana, el niño necesita desarrollar un apego seguro y una visión positiva de sí mismo.

Identidad, según el método Waldorf

El niño se reconoce como un ser independiente y separado de manera gradual, los recién nacidos no establecen la noción de ser algo distinto a la mamá de manera inmediata. Nos reconocemos y adquirimos identidad a partir de los espejos que nos encontramos. El niño va construyendo su identidad a partir de lo que ve en la mirada de quienes le rodean, es decir, se reconoce a sí mismo y adquiere identidad a través de las figuras que le sirven de espejo. Es de esa forma como aprenden cómo se llaman y así empiezan a responder cuando son llamados.

La mirada es uno de los elementos más precoces en la construcción de la identidad. El primer momento en el que notas que tu bebé te mantiene la mirada y está estableciendo un auténtico contacto contigo es uno de los momentos más impactantes que recordamos pasados los años. Sin la mirada de otro no nos podemos reconocer, no podemos llegar a saber que existimos. Es como si alguien tuviera que preparar un lugar para que tú existas y habites, desde un nivel simbólico y subjetivo. Es decir más allá de preparar una habitación y una serie de artilugios para el futuro bebé, tiene que existir un espacio mental en los padres y en la familia para dar un lugar a ese nuevo ser, a ese bebé.

En la Pedagogía Waldorf, la mirada es una de las constantes que guían el día a día. El maestro recibe a cada alumno por la mañana mirándole a los ojos y dirigiéndole un saludo en individual. Repitiendo ese proceso invisible del que os hablaba en la llegada a la familia, el maestro cada día reconoce y legitima la presencia de ese niño o esa niña. Es algo así como dirigir el mensaje de “veo que estás aquí, y me alegro de que así sea”, lo cual constituye un bálsamo y un estímulo que durará más allá de los años escolares. Un niño que se ha sentido visto, valorado y reconocido, llevará de por vida esa sensación y será capaz de trasladarla a otras relaciones.

Seguridad, según el método Waldorf

Lo conocido agrada, tranquiliza, y permite explorar nuevos territorios y retos. Anima al niño y le prepara para ir más allá: crecer y experimentar. El maestro Waldorf acompaña al niño durante varios años, es decir, en estas escuelas no cambian de tutores cada año. Esto permite establecer un vínculo de mayor intimidad, confianza y conocimiento. Durante el Jardín de Infancia (hasta los 6 años) tienen una misma figura de referencia, con la que pasan la mayor parte del día. Lo mismo sucede de los 6 a los 12 años y desde los 12 años hasta la entrada en la Universidad. En Secundaria y Bachillerato la actividad principal la imparten especialistas en cada área (se trabaja por inmersión, las asignaturas se dan en bloques que duran 3 semanas y se imparte a primera hora de la mañana). Pero en todos los niveles existe un maestro que ejerce de tutor, constituye la figura de referencia y conoce a cada niño individualmente y a su entorno familiar, y va siguiendo su desarrollo y sus progresos.

Los límites y las normas sostienen y dan seguridad a los niños. Lejos de ser una opción en la que se permite el despliegue de los impulsos e instintos más básicos, o se permite que el niño haga lo que quiera, en las escuelas Waldorf, existe una estructura que da soporte al ritmo de las clases. Los maestros Waldorf tienen un conocimiento exhaustivo del desarrollo infantil, y programan y adaptan el contenido de las clases desde los primeros niveles. Hay un absoluto respeto por el rol del maestro, el cual legitima su autoridad a través de una relación auténtica, genuina y empática. La relación no es simétrica, pero a nivel de afectos no hay ningún tipo de supremacía o privilegio. Cada cual tiene garantizado su lugar y se respeta la esencia de cada uno. Ellos dicen que lo que legitima al maestro no son los títulos, es el propio alumno a través de la mirada que pone en el maestro y le da una auténtica autoridad.

Autoestima, según Waldorf

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Lo que llamamos autoestima no es nada más que la valoración que sentimos que merecemos. Un niño que se siente querido, reconocido, aceptado y valorado, desarrollará la capacidad de adoptar una imagen positiva de sí mismo, y lo que es más importante, será una autoestima fuerte y estable, que se mantendrá a pesar de las adversidades o dificultades que vaya encontrando.

¿Cómo favorece el desarrollo de una autoestima sana la Pedagogía Waldorf?

Waldorf propone la educación como un proceso en el que se respeta la individualidad de cada uno, y se plantean oportunidades de desarrollo adaptadas a las necesidades de cada niño. Es una mirada al niño desde el respeto a su individualidad y sus ritmos. No hay más que entrar en una escuela Waldorf para experimentar de verdad el clima que se respira ahí. Es difícil de explicar con palabras, ¿sabes cuando entras a casa de alguien por primera vez y en seguida sientes una intensa sensación de familiaridad y de bienestar? Así debería ser cuando visitas el cole donde vas a llevar a tu hijo, salir con la sensación de “este es el sitio donde quiero que esté mi hijo”.

10 aspectos del día a día en la escuela Waldorf

1. Se concede mucha importancia a la experimentación y la iniciativa del niño. Hay límites, pero las normas son coherentes y conocidas por todos. Dentro de eso, el niño puede desplegar su potencial, y aprender haciendo. Desde los 3 años participan de manera activa en todas las actividades del aula: preparar y amasar el pan (que luego hornean y se comen en clase), pintar acuarela, sembrar en el huerto, modelar cera, jugar con telas, hacer teatrillos y cantar canciones…

2. El ambiente es precioso, cálido, acogedor. Se cuidan mucho los detalles y los niños aprenden desde muy pequeños la importancia de cooperar y hacerse cargo entre todos de cuidar los materiales y el entorno. Es como una metáfora de que cuidando el entorno también cuidamos nuestra relación con él, y por tanto a nosotros mismos.

3. Se mantiene un contacto constante con la naturaleza y sus procesos, salen a pasear por el jardín todos los días, poniéndose la ropa adecuada a cada momento del año. En el aula se emplean materiales naturales y nobles, son formas y artilugios sencillos. Por tanto ofrecen muchas posibilidades para simbolizar y enriquecer el juego libre y el juego simbólico.

4. Las actividades manuales son el eje de todas las actividades. Se entiende que al trabajar las manos, trabaja el cerebro. Por tanto, unas manos ágiles permiten una mente despierta y resolutiva.

5. Se aprende a través del movimiento, la voz y la expresión. Todas las actividades buscan la integración de la dimensión mental, emocional y corporal, consiguiendo así un aprendizaje verdaderamente significativo.

6. En los teatros y representaciones se van intercalando y variando los papeles: todos son reyes y reinas en algún momento – lo cual les encanta-, y todos son animales u otro tipo de personajes más secundarios en otros momentos, que no les encanta tanto pero es igualmente importante.

7. Se incorpora de una manera muy bonita la noción de final, de tránsito. La idea de que nada perdura en el tiempo. La mesa de estación refleja el momento del año en el que estamos (y va cambiando a lo largo del curso), y también las canciones, los corros y las fiestas van ayudando al niño a incorporar el paso del tiempo. El desarrollo del esquema temporal es muy sencillo de esta forma, ya que el niño encuentra indicios y señales evidentes que muestran y reflejan el paso del tiempo.

8. Estimulan mucho la transmisión de la cultura, la tradición, la música y la expresión a través de cualquier tipo de disciplina artística.

9. La fantasía juega un papel primordial. La mente del niño está poblada de imaginación y personajes mágicos, de forma que las historias y los cuentos dan soporte a las inquietudes y ansiedades que se producen en su interior.

10. La relación humana es la constante. En la Pedagogía Waldorf se considera a cada niño como un ser especial, único, y se establece con él una relación cálida y auténtica.

 

Las fotos están tomadas en la Escuela Libre Micael, el único centro educativo Waldorf en España que ofrece todos los niveles educativos, desde los 2 años (Jardín de Infancia), hasta la entrada en la Universidad.

Lalu Gómez es Psicóloga y Psicoterapeuta especializada en Infancia y Familias, y Consultora en Salud, Liderazgo y Talentos. Puedes seguirla en su blog, en Facebook, Twitter o Instagram.

Etiquetas: Waldorf, educación, educación alternativa, métodos de educación, pedagogía alternativa

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