Elecciones de bebé

¿Elegimos libremente de adultos o nuestras decisiones están marcadas por experiencias de la infancia?

Día tras días nos enfrentamos a decisiones constantes, ya sea desde la elección de la marca de pasta de dientes hasta el destino de las próximas vacaciones. Lo normal sería pensar que esa elección la hacemos conscientemente, pero podríamos estar equivocados.

Niño con dudas
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¿No te has preguntado por qué al entrar en una tienda elegimos una prenda y no otra que es casi idéntica? Cuando tienes más de una opción, ¿qué camino escoges? El porqué tomamos una decisión u otra es uno de los asuntos más interesantes y estudiados por la psicología y la neurociencia.

Concretamente, uno de los temas para reflexionar es si elegimos las cosas porque nos gustan o, por el contrario, lo que elegimos nos termina por gustar por el mero hecho de haberlo escogido. En extensión, la pregunta llegaría al punto de saber si elegimos y luego preferimos o si es al contrario. Los expertos defienden que una vez que nos decidimos por algo, nos enamoramos de esa elección, lo que hace que rechacemos el resto, pero no solo en ese momento, sino a lo largo de nuestra vida. 

Para poder explicar esto, tenemos que entender qué es la disonancia cognitiva

¿Qué es la disonancia cognitiva?

Este término viene de la mano del psicólogo Leon Festinger (autor del revolucionario 'Theory of Cognitive Dissonance' y que revolucionó el campo de la psicología social), el cual sugirió que "los individuos tienen una fuerte necesidad de que sus creencias, actitudes y su conducta sean coherentes entre sí, evitando contradicciones entre estos elementos. Cuando existe inconsistencia entre éstas, el conflicto conduce a la falta de armonía de las ideas mantenidas por la persona, algo que en muchas ocasiones genera malestar".

Esta teoría ha sido muy estudiada en el ámbito de la psicología y puede definirse como "la incomodidad, tensión o ansiedad que experimentan los individuos cuando sus creencias o actitudes entran en conflicto con lo que hacen". Para minimizar el malestar que produce este intento de cambio de la conducta o de las creencias o actitudes, se puede llegar incluso al autoengaño. De ahí que la disonancia cognitiva y la mentira estén relacionados.

Estudio en bebés

Hasta ahora, los estudios se habían realizado en adultos, mostrando que estos generan prejuicios inconscientes cuando deben elegir entre dos cosas que son prácticamente iguales. Pero, la gran pregunta que surge en este momento es: ¿Influyen nuestros conocimientos y experiencia previa?

La Universidad de Johns Hopkins, en Baltimore, ha realizado un estudio con bebés y ha demostrado que no es la experiencia la que condiciona nuestras decisiones, sino que la elección que hacemos en un momento dado es la que decide las preferencias futuras, incluso en bebés. 

El equipo del estudio llevó a 189 bebés de 10 a 20 meses al laboratorio y les dio dos opciones de juguetes: dos bloques blandos del mismo estilo dispuestos a cierta distancia para que los pequeños tuvieran que gatear para coger uno u otro. La elección fue de forma aleatoria, pero lo interesante vendría después. Los investigadores les quitaron el juguete escogido y dejaron el rechazado junto a un nuevo juguete. 

"Los bebés eligieron jugar con el nuevo objeto en lugar del que no habían elegido anteriormente, como si estuvieran diciendo: "Hmm, no elegí ese objeto la última vez, supongo que no me gustó mucho", explica Feigenson. "Los bebés no prefieren el objeto no elegido. A los adultos les gustará menos lo que no eligieron, aunque no tuvieran una preferencia real en primer lugar".

El estudio demuestra que estas elecciones se hacen de forma intuitiva, pues a unos bebés de tan corta edad no les pueden influir las vivencias anteriores, pues son casi nulas. Esto se traduce en que estas decisiones, a pesar de comenzar de forma aleatoria, son fundamentales para la experiencia humana. De modo que, aunque pensemos que elegimos las cosas porque nos gustan, el estudio demuestra que es justo al contrario. 

Otra de las conclusiones de los experimentos fue que cuando eran los expertos los que elegían con qué objeto debían jugar los bebés, el fenómeno desaparecía. Es, por tanto, sorprendente que desde tan pequeños puedan hacer elecciones tan metódicas. Esto explicaría el motivo por el que cuando, por ejemplo, le regalamos un juguete nuevo, siga prefiriendo su peluche favorito de siempre.

Esto se trasladaría a los adultos, los cuales tenemos la cualidad de "enamorarnos" de las cosas que elegimos aleatoriamente, guiando así nuestras preferencias futuras. ¿Habías reflexionado alguna vez sobre esto? Interesante, ¿no?

Elena Canorea

Elena Canorea

Soy periodista y me encanta crear mundos con palabras. Creo que la lectura y la imaginación son el mejor modo de descubrir nuevas realidades, y viajar, la mejor forma de vivirlas . Mi otra gran pasión es el cine, y como decían en el Club de los poetas muertos: “Me he subido a mi mesa para recordarme que siempre hay que mirar las cosas de un modo diferente”. ¡Pensemos sin fronteras!

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