Métodos de renovación pedagógica

Freinet: una pedagogía feliz

Célestin Freinet fue uno de los referentes innovadores más importantes de la pedagogía moderna y popular, tanto por sus teorías, antiautoritarias y democráticas, como por la aplicación de un abanico de técnicas que le conceden al alumno un grado notable de libertad y protagonismo. ¿Cómo consiguen que los niños se vuelven independientes, emprendedores, responsables, y felices?

Al igual que otras pedagogías «activas», como la de la italiana Maria Montessori, el brasileño Paulo Freire, el austríaco Rudolf Steiner o español Francisco Ferrer Guardia, la pedagogía Freinet, francesa, considera al niño como una persona completa, con sus gustos, sus ritmos, su forma particular de inteligencia. Ante todo, Célestin Freinet cree que al niño le gusta hacer cosas, buscar respuestas a sus preguntas, descubrir y comprender por sí mismo, moverse, en lugar de permanecer sentado en su silla durante largas e interminables horas, (lo cual resulta penoso incluso para los adultos).

En la pedagogía de Freinet, el niño tiene derecho a moverse por el aula, a trabajar en grupos pequeños si tiene ganas, a experimentar, a plantear cualquier pregunta. ¡E incluso tiene derecho al error! Porque cometiendo errores y superándolos es como se consigue avanzar. Imaginen un laboratorio de investigación científica donde estuviera prohibido el error: nadie tomaría la iniciativa y nunca descubrirían nada.

El niño, en la pedagogía Freinet, es activo, autónomo, creativo, es el «autor» de su propio aprendizaje.

Niños y niñas apasionados por su trabajo

Se podría pensar que con tanta libertad al niño le entran ganas de no hacer nada escolar y simplemente divertirse. Pero ocurre todo lo contrario; cuando se dedica libremente al trabajo, lo emprende de manera enérgica y con perseverancia. El secreto es que este trabajo tiene sentido para él. No se trata de saber cómo calcular un perímetro solo para dar la respuesta correcta en un ejercicio, sino para saber qué cantidad de cercado será necesario comprar para proteger el huerto de la escuela de los roedores. Claro que, de paso, se aprende matemáticas y, al cultivar las plantas, se aprende ciencias.

Los niños y las niñas no memorizan un texto solo para sacar buena nota: lo memorizan para interpretar su papel en la obra de teatro que representarán ante los padres. Claro que, de paso, cultivan la memoria y descubren la literatura. No corrigen los errores de sus textos para complacer al adulto, sino porque enviarán estos textos a su corresponsal, un alumno de una clase ubicada en una ciudad distante, con la que regularmente intercambian cartas, correos electrónicos, paquetes... Claro que, en esta ocasión, practican la gramática y la ortografía, aprenden a escribir con pulcritud o a usar el teclado de ordenador.

Todas estas actividades cautivan al niño. Ya se trate de inventar textos y dibujos libremente o de crear un periódico, o incluso de hacer encuestas en el pueblo o en el vecindario.

Niños y niñas felices

Cuando un adulto se dedica a una actividad que le apasiona, pues sabe que tiene una utilidad y tal vez la hace con los socios que ha elegido, le encanta y no lo tiene en absoluto la impresión de trabajar duro o de perder el tiempo. Exactamente lo mismo ocurre con los niños. En una escuela Freinet, los niños y las niñas no solo aprenden a leer, escribir, contar, calcular, etc. como en cualquier escuela. También aprenden a convertirse en adultos equilibrados, capaces de tomar decisiones, de tener opiniones y argumentarlas mientras escuchan a los demás. Se vuelven independientes, emprendedores, responsables, en resumidas cuentas, son niños y niñas felices.

Artículo escrito por Sylvia Dorance, fundadora y directora de la editorial francesa École Vivante a la que pertenece Escuela Viva, especializada en pedagogía activa. Ha estudiado en una escuela Freinet, de la que guarda un grato recuerdo y que le ha permitido elegir un trabajo que le apasiona.  

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