Sueño infantil

Haz esto antes de dormir y tu hijo descansará mejor

De repente, nuestro hijo/a que estaba tan agotado, al llegar a la cama no se duerme. Se levanta, salta, pide agua... ¿qué podemos hacer para conseguir que se relaje y se duerma?

Llega la noche y no quiere dormir, parece que no se le gastan las pilas y las tuyas llevan descargadas mucho rato, pero ella está feliz saltando en la cama con ganas de que le cuentes un cuento y cuando termine otro más. Una vez en la cama tiene sed y se acuerda de que no ha hecho pis. ¿Los dientes? hoy afortunadamente se los ha lavado sin problema pero ayer… ¡cómo costó que lo hiciera antes de las nueve!, descifrar un jeroglífico parece más fácil. Y eso que es hija única porque cuando hay hermanos hay que estar mediando, “hoy me toca a mí elegir el cuento”, “ayer te metiste con ella en la cama...”. ¿Te suena algo de esto?

Consejos para dormir al niño
Foto: Istock

Esta historia y otras similares se repiten cada día en muchas familias y los padres pasan por distintos procesos. Al principio lo entienden y entran al trapo “venga, el primero que se lava los dientes elige cuento” (cuidado con hacer del hábito higiénico un juego porque al ser una responsabilidad no siempre hay que aprenderlo divirtiéndose), luego ponen cara seria para enviar un mensaje contrario.

"Venga, basta de juegos, que ya es tarde y mañana tendrás sueño” (en estos momentos les ayuda más escuchar mensajes que les centran en el aquí y ahora); luego pasan a una pequeña amenaza “hija, me estoy empezando a enfadar, ¡lávate los dientes!” (cuidado con usar el enfado para amenazar porque al ser una emoción tiene que expresarse y no usarse para imponer una acción), después viene una amenaza con un tono más autoritario, “¿quieres que me enfade?, cómo sigas así no vamos a leer ningún cuento” y el broche de oro ya es castigo y grito, “¡tú lo has querido, hoy no leemos el cuento!”.

Final de la historia, ambos se van enfadados a la cama, les cuesta dormirse y todo lo que se ha hecho para que duerma a la hora no ha servido de mucho  y lo más grave es que el vínculo entre ambos se ha ido dañando conforme pasaba el tiempo.

A veces cuando explico esta escena que se repite muchos días con hijos menores de ocho años muchos padres me dicen “parece que me ves por un agujerito, eso mismo pasa en mi casa cada noche”. Lo cierto es que esto mismo lo he vivido yo, por eso soy capaz de ponerme en los zapatos de esa madre cansada y también en ese hijo sin ganas de dormir.

Entender que gestionar bien este proceso de aprendizaje con respecto a los hábitos (higiene, alimentación, sueño y orden) en las rutinas diarias y nocturnas siendo diferentes durante el curso escolar y períodos vacacionales, nos ayudará a mostrar empatía en los momentos donde necesitan calma para dar la bienvenida a la noche. Entonces,  ¿cómo hay que hacer?

Lo primero hay que entender que aunque sea un hábito se necesitan más de 21 días, William James, padre de la psicología científica en 1887 dijo que para formar un hábito son necesarios 21 días pero cuando se trata de hábitos que tenemos que educar los primeros años de crianza… más que días necesitamos años y es mejor tomarlo como algo a largo plazo porque de esa manera ni les presionaremos ni nos sentiremos fracasados cuando no obtengamos resultados, esto es cuestión de tiempo como el buen cocido, a fuego lento durante mucho tiempo.

Lo segundo es dejar claro que hay dos emociones que no ayudan a construir bien ese hábito, ni el miedo que generamos con nuestras palabras, tono o reacciones impulsivas ni el enfado que sentimos y que no siempre logramos expresar asertivamente deberían de aparecer en estos momentos.

Consejos a la hora de dormir a nuestro hijo
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Es lícito que te moleste, enfade incluso irrite que estando cansado tu hijo no colabore y te siga demandando en la noche, pero una cosa es que te enfade que no te haga caso y otra muy distinta que te enfades con él o ella para que te haga caso. Porque ahí deja de ser el enfado tuyo y lo descargas en ellos, sin regulación, haciendo un mal uso del poder que tienes por ser el adulto y transmitiendo la idea de “¡aquí mando yo, a dormir y se acabó!”. Desde luego con un final como éste ninguno de los dos puede descansar bien porque lejos de tranquilizarse para poder conciliar el sueño, más bien se alteran.

David Bueno lo explica con una frase muy sencilla “el miedo y la ira son los principales enemigos de la educación crítica y reflexiva, ya que disminuyen las capacidades cognitivas. Por eso es crucial generar un ambiente de confianza”. Tomando esta idea que comparto totalmente, os propongo algunas sugerencias para que el ambiente antes de dormir favorezca la vinculación afectiva, la relajación y la conciliación del sueño. Recuerda que esto no te tiene que funcionar porque no son pautas aplicables para todos por igual, toma de aquí lo que te encaje, adáptalo y aplícalo según te parezca cada día teniendo en cuenta que es un camino a largo plazo y que el objetivo no es tanto que se duerma y te deje dormir sino que aprenda a relajarse para conciliar el sueño.

Algunos consejos útiles para que tu hijo descanse mejor

  1. Momento “relax” así lo llamamos en mi casa, ponle el nombre que quieras, pero es “vuestro momento”, antes de dormir. En mi casa al cabo de los años hemos ido cambiando la actividad, al principio leíamos cuentos, muchos de Begoña Ibarrola (muy recomendable), también veíamos breves vídeos con moraleja, cortometrajes educativos incluso vídeos de Tik Tok, porque son momentos para hablar de cosas que les interesan a ellos.  Se trata de terminar el día haciendo algo que os une, os hace reír, os acerca y para esto hay que buscar “un algo” que os haga disfrutar de ese rato previo a dormir.
  2. Cuéntale algo de tu día y si no tienes muchas ganas de hablar juega a “entrevístame” y que te haga preguntas de “sí o no” por ejemplo, ¿has hecho hoy algo interesante?, ¿has leído alguna noticia que mejore el mundo?, etc.
  3. Ahora es su turno, “cuéntame de una a tres situaciones que hayas vivido hoy que no te gustaría olvidar” ¡Dime lo mejor del día!
  4. Y como colofón, un “te quiero” verbalizado, un “abrazo” sentido y un “descansa” cariñoso “que tengas dulces sueños”.

Os invito a escuchar esta canción que hice con Maria Peralta para uno de los cuentos Emociónate que hice con Asun Egurza, “¡Qué pereza!” para hablar precisamente de esta emoción que cada mañana sentimos la mayoría de los mortales, independientemente de cómo hayamos dormido porque levantarse siempre cuesta un poco.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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