Capacidad de escucha

Esta es la razón por la que es importante que le digas a tu hijo pequeño

Podéis hacérselo saber de manera literal, pero también a través de una serie de hábitos comunicativos que no siempre respetamos los adultos cuando hablamos con nuestros hijos.

La comunicación bidireccional es una herramienta básica e imprescindible a lo largo de toda la crianza. Lo es para fortalecer el vínculo con nuestros hijos, pero por encima de todo, es esencial para facilitar su formación personal y su desarrollo a nivel humano.

Ya hace tiempo, aunque haya quien todavía escoge educar así, que la comunicación jerárquica, muy vertical, del “aquí se hace lo que yo diga y cómo lo diga”, fue desmontada pieza por pieza por los especialistas en educación, neuropsicólogos y demás expertos en la materia. 

La decepción de no sentirse escuchados y, por ende, de recibir órdenes impuestas sin que su voz y sus necesidades sean tenidas en cuenta, se puede convertir en el futuro en una falta de confianza que no puede suponer un distanciamiento del menor con sus padres, y de producirse algo así, el problema de comunicación que se genera suele ser enorme, al igual que lo pueden ser sus consecuencias. 

Los niños y niñas necesitan que les dediquemos tiempo de calidad, y eso pasa, entre otras muchas cosas, por escucharles. Pero no basta con hacerlo; deben sentir que es así, y eso implica a menudo tener que decírselo literalmente o mediante determinados gestos. 

Hazle saber que le escuchas

No hay forma de saber cómo está tu hijo sin darle voz en el día a día siempre que lo requiera o necesite. Es parte inseparable de un vínculo fuerte la escucha activa, que nos cuenten cómo se sienten, que les ha pasado, y que puedan buscar ayuda o complicidad cuando lo deseen. Mantener ese canal de comunicación invisible siempre abierto para ellos es una de las mejores decisiones que podemos tomar como padres. 

Pero dado que es invisible y que se puede cerrar en cualquier momento por distintos motivos, hemos de hacerles saber que siempre está a su disposición. Se puede hacer desde muy pequeños: por ejemplo, con la recomendación elemental de la escucha activa, ponernos a su altura cuando nos hablen y cuando seamos nosotros los que nos dirijamos a ellos. Agáchate y mírale a los ojos. Puede parecer un detalle sin importancia, pero es una forma de conectar con ellos y de decirles que estamos prestándoles nuestra atención y que les escuchamos.

Hay más formas de hacerlo. Otro detalle que les reafirma a la hora de comunicarse con sus padres porque les hace sentir que son escuchados es que les repitamos lo que ellos nos han contado. Puede ser durante la conversación en cuestión, incidiendo en algo concreto que han confesado para que vean que habéis tomado nota, o podéis hacerlo varios días después, demostrando interés por seguir de cerca aquello que os confesaron recientemente. No tiene por qué ser algo negativo; también a las cosas positivas hay que darles el valor que tienen, que es muchísimo.

Durante vuestras conversaciones con los peques, además, es muy efectivo respetar su turno de palabra, manteneros callados, no interrumpir y no mostrar prisa por acabar o recortar la conversación. Tampoco simultanear la conversación con otra actividad es aconsejable porque ellos necesitan saber que tienen nuestra plena atención. Y es aquí donde, sobre todo con niños pequeños, cobra importancia el “Te estoy escuchando”. A veces utilizar de forma literal esta expresión es más efectivo y necesario que ningún otro consejo para hacerles ver que realmente estáis prestando atención a todo lo que os quiere decir vuestro hijo. Le reafirma y refuerza su autoestima saber que es así, así que no dudéis en decírselo si creéis que puede ayudarle y reconfortarle. 

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