La etapa del 'por qué'

La etapa del 'por qué', cómo contestar a todas sus preguntas

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Para poder contestar a todas las preguntas que nos hacen en su época de mayor descubrimiento, hace falta saber algunos consejos.

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Etapa del por qué

Los niños tienen una gran necesidad de saber y conocer, así como, un gran interés por descubrir. Esto hace que estén constantemente haciendo preguntas sobre todo lo que les rodea. En ocasiones, hay preguntas fáciles de responder y cuya explicación satisface a los niños, excepto cuando están en la etapa del “¿Por qué?” que no hay momento en el que lleguen a ver el final de sus preguntas. Pero salvando esa etapa, generalmente, los padres suelen contar, de manera rápida y sencilla, la respuesta para los hijos. Aunque existen ciertos temas que suelen resultar más complicados de explicar y ante los cuales los padres no saben muy bien cómo reaccionar.

Siendo conscientes que hay temas más complicados de tratar con los hijos es bueno tratar de estar preparados para ello

Pautas para contestar a sus preguntas

  • Tratar de pensar las posibles respuestas ante ciertos temas complicados antes de que nos lleguen a hacer la pregunta: no siempre sabremos a qué edad o en qué momento nos pueden llegar a hacer la pregunta, dependerá mucho del niño, de su madurez o de las circunstancias contextuales en las que se encuentre. No obstante, es positivo, en la medida de lo posible prepararse para ello cuanto antes. No pensar que todavía es pequeño y seguro que no lo va a preguntar todavía.
  • Adelantarnos a las explicaciones. Muchos padres tienden a esperar a que los niños pregunten y hasta que no lo hacen no tratan ciertos temas más delicados. Incluso, algunos padres piensan que si no preguntan mejor. Puede ser mejor pero para los propios padres no para los hijos. Es decir, no tratar los temas no es positivo porque si no se habla en casa no sabemos quién ha podido dar respuesta a sus inquietudes. Son temas que a todos los niños les generan interés, curiosidad y necesidad de respuesta y que, muchas veces, puede venir acompañado de cierta vergüenza el tratarlos, por lo que, puede que eviten tratarlo dentro de casa y busquen respuesta en un entorno más cómodo, pero no siempre el más adecuado, puesto que, la respuesta que obtengan puede que no coincida con la línea educativa de la familia. Para evitar esto, es conveniente que los padres se adelanten, traten el tema y se aseguren que les ha quedado claro.
  • Si son ellos los que se adelantan haciendo la pregunta es importante pensar en si el lugar y el momento para tratar es el adecuado. Hay veces, en los que los niños hacen preguntas de manera muy impulsiva y espontánea sin tener en cuenta dónde se encuentran o con quién. Si el momento o el lugar no es el más propio se deberá explicar al niño que se hablará más tarde y en casa, o en el lugar que se considere más adecuado. Esta respuesta también puede servir cuando no se tiene la respuesta del todo muy clara de cara a contar con más tiempo para pensarla y reflexionarla.
  • Por otro lado, será importante pensar quién puede darle la respuesta. No es necesario que la respuesta la de a quien se le haya preguntado, si no, quien mejor pueda ayudarle. Puede que la pregunta la realice al padre y que la madre tenga mayor capacidad para explicar ciertos temas, o al revés. O incluso otro hermano, un primo o cualquier otro familiar.
  • El modo en el que se de la explicación debe ser siempre con un lenguaje muy adaptado a su edad. Los niños pequeños no mantienen demasiado tiempo la atención, por lo que, no se les puede dar explicaciones muy largas. Tampoco poseen un vocabulario muy extenso, con lo que, hay que tratar de utilizar palabras sencillas.
  • Con los niños más mayores, especialmente en la adolescencia, no sólo es  importante transmitir la información sino, además, deben ser conscientes de cómo deben actuar, las consecuencias que esa situación a tratar puede tener, etc. En definitiva, tratar la responsabilidad hacia el tema tratado.
  • Es importante, ser conscientes de que no todo tiene una respuesta comprensible. Es decir, hay temas, como puede ser la muerte, que por mucho que se explique no se llega a entender, ni siquiera los adultos. Es bueno hacerles conscientes de ello y también que sepan que ni el adulto lo puede llegar a entender. Por lo tanto, habrá que ayudarles, no tanto, a entenderlos sino a aceptarlo.
  • Una vez hablado y explicado un tema, es importante tratarlo con naturalidad. Esto servirá para ver si realmente se ha llegado a comprender y continuar resolviendo pequeñas o nuevas dudas que puedan surgir sobre el mismo.

En conclusión, es importante enfrentarse a esas posibles preguntas comprometidas que pueden llegar a hacer los hijos y, para ello, hay que anticiparse preparando las respuestas a los mismos para llegar a transmitirlas en el momento y lugar propicio.

 

María Campo es asesora pedagógica en Eduka&Nature

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