Respiración consciente

La respiración consciente puede ayudar a evitar rabietas

Sabemos que son un proceso madurativo normal pero, las rabietas ponen en vilo a cualquier padre. Ayudar a tu hijo a respirar conscientemente puede ayudar a prevenirlas.

rabieta
Fuente: iStock

Un investigación publicada en 2019 en la revista Journal neurophysiology afirma que el cerebro reacciona de manera distinta cuando cambiamos voluntariamente nuestra respiración porque la actividad cerebral no es la misma si respiramos de manera consciente y profunda a si lo hacemos más, de manera automática. Además, otras investigaciones (como esta) han puesto de manifiesto que a través de la respiración es posible trabajar la atención, la memoria o el control emocional.

Vamos a pararnos en este último; en el control emocional. La etapa de rabietas, que suele empezar a los dos o tres años de vida, es, precisamente, la clara demostración de que los niños asisten a lo que será su proceso madurativo emocional. Aprenden a convivir con emociones que nunca antes habían sentido y su cerebro no está lo suficientemente desarrollado como para saber qué está pasando. Ahí aparecen las temidas rabietas; momentos en los que los niños se desestabilizan emocionalmente, no entienden nada y utilizan la única arma que tienen para enfrentarse a ese sentimiento de frustración: llorar, gritar y patalear.

En ese momento, la reacción de los padres será muy importante para ellos. Y ante esto hemos de deciros algo: no perdáis la calma, no os lo toméis como algo personal y no os rebajéis a su nivel. Habéis de guardar la compostura y la firmeza, siempre con cariño y entendimiento.

Me relajo, me relajo…

Pero, ¿existe alguna manera de acabar con las rabietas o evitar que se produzcan? Lamentablemente no. Las rabietas son un proceso madurativo normal, pero sí podemos ayudar a nuestros hijos a manejar la frustración que sienten y a aprender a autoregularse antes de que lleguen. ¿Cómo? Efectivamente, a través de la respiración consciente.

Antes hemos visto que la ciencia avala los beneficios emocionales y mentales de respirar de manera consciente, así que no estará de más practicarla durante la infancia.

Sin ir más lejos, hace unas semanas os contábamos el caso de un niño que ayudaba a su hermanito pequeño a volver a la calma cuando este estaba teniendo una rabieta. El pequeño de seis años ayudaba a su hermano de cuatro a respirar profundamente, mientras acompaña sus indicaciones de un movimiento de manos y la palabra ‘Respira’ de vez en cuando. El niño peque, al que al principio se ve alterado, acaba poniendo su atención en su hermano y, por su expresión corporal, podemos adivinar que acaba tranquilizándose. Es un ejemplo práctico de cómo puede ayudar la respiración consciente a tu hijo.

¿Cómo ayudar a tu hijo a controlar su respiración?

Hemos de decir que no existe una sola manera de hacerlo. El niño del que hablamos antes muestra solo una de ella: inhalando y expirando conscientemente por la nariz.

Algunas de las formas más famosas de respiración consciente para niños vienen descritas en el libro Pequeño Yogi, de Jennifer Cohen Harper:

  • Respiración del globo: en este artículo os hablábamos largo y tendido sobre ella y os contábamos la manera de ponerla en práctica
  • Respiración del corazón y el abdomen: Inspirar y espirar por la nariz con una mano en el abdomen, sintiendo como crece y decrece cada vez que hacemos los movimientos. Al espirar, hay que meter el ombligo hacia dentro, expulsando el aire.
  • Respiración Langhana: consiste en respirar contando las inspiraciones y espiraciones. “Inhalar uno, dos; exhalar, uno, dos…”. Después, ir modificando el patrón para que la inspiración sea más corta que la exhalación: “Inhalación uno, dos; exhalación, uno, dos, tres…” y así continuamente.

“Recuerda a tu hijo que su respiración está bajo su control. Él tiene el poder de aumentar o disminuir la energía, relajarse o incluso enfadarse más”, afirma la autora del libro.

Marta Moreno

Marta Moreno

Como dijo Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que existe para salvar el mundo”. ¿Qué tal si educamos desde el respeto, el amor y en familia?

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