Culpa

Las 5 claves para acallar la culpa en la maternidad

La culpa es un sentimiento muy frecuente entre los padres y las madres en muchos momentos de su vida, sobre todo en las madres. Maternidad y sentimiento de culpa parecen ser compañeros de viaje inseparables, sin embargo, hay consejos y hábitos que podemos adoptar para combatirla.

madre abarazando a su hija
Foto: Deposit Photo

“La culpa no existe” me dijo hace un par de semanas un padre en uno de mis talleres. Sin embargo, quienes somos madres sabemos que sí existe y que, además, es una carga emocional que parece acompañarnos a todas partes.

Cuando nos convertimos en madres nos encontramos de golpe con muchos miedos e inseguridades y tratamos por todos los medios de ser la mejor madre posible. Y aquí es cuando entran en juego los estereotipos de buenamadre y malamadre que hacen que a cada paso nos estemos preguntando si estamos haciendo lo correcto (¡como si hubiera una manera correcta de ser madre!).

Además parece que todo el mundo tuviera una opinión sobre cómo deberíamos estar criando a nuestros hijos, lo cual solo contribuye a aumentar la confusión y el malestar.

Así, poco a poco, vamos normalizando este sentimiento de culpa en nuestro día a día.

Nos sentimos culpables si se ponen enfermos, si trabajamos demasiadas horas o si, presas del cansancio, les damos un grito. Nos sentimos culpables de no darles todo lo que nos gustaría o incluso, si nos apetece desconectar un rato e irnos a tomar algo con unas amigas. De hecho, dedicar un tiempo a cuidarnos a nosotras mismas es una de las mayores fuentes de este sentimiento que tanto nos bloquea.

Es más, no solo nos juzgamos por aquello que hacemos o dejamos de hacer, sino también por aquello que sentimos. No hace falta irnos de viaje solas para sentirnos culpables, basta con que lo deseemos.

En definitiva, nos impregnamos de esta culpa cada vez que hacemos algo diferente a lo que creemos que deberíamos estar haciendo.

¿Cómo podemos acallar ese sentimiento de culpa?

Aquí te dejo 5 claves que te ayudarán a bajarle el volumen a esa voz acusadora.


1) Comprender que la culpa es tan solo un hábito de pensamiento

Y como todo hábito, podemos sustituirlo por otros. Esta parte es fundamental ya que el primer paso para liberarnos de la culpa es creer que realmente podemos hacerlo.

La culpa no tiene tanto que ver con lo que está sucediendo como con la manera en que nos hablamos a nosotras mismas en esas situaciones. En nuestra mano está cambiar ese discurso que nos damos por otro más amable y empático.

2) Aceptar lo que ya ha pasado

A lo largo de nuestra vida gastamos un sinfín de energía y tiempo en culparnos por hechos que ya pasaron y que, por tanto, ya no podemos cambiar.

Aceptar no es resignarnos a ello ni tampoco es obviar nuestra responsabilidad. Aceptar es la manera de liberarnos de ese pasado para poder enfocar toda nuestra energía en el momento presente, y buscar una solución si fuera necesario.

3) Descifrar el aprendizaje que nos ha traído esa experiencia

Vivimos con miedo y rechazo a la culpa. Está claro que no es cómoda, eso es verdad, pero si prestamos atención puede enseñarnos mucho sobre nosotras mismas. El motivo por el cual nos sentimos culpables nos dice mucho de lo que necesitamos en nuestra vida: seguridad en nosotras mismas, tiempo para nosotras, apoyo… ¿Qué hubiéramos necesitado para afrontar la misma situación de otra manera?

En muchas ocasiones este aprendizaje nos habla del molde en el que estamos intentando encajar, de las expectativas ajenas que estamos tratando de cumplir y de un sentimiento de desconexión con nosotras mismas que nos lleva a no sentirnos merecedoras.

Dado que la culpa tiene que ver con que los hechos no concuerden con nuestras expectativas, hemos de analizar qué es lo que hemos de cambiar en verdad. Comprobaremos con sorpresa que en un gran número de ocasiones el problema no está en lo que hacemos y sentimos sino en lo que esperamos que suceda.

4) Actuar y anticiparnos

Cuando sentimos culpa repetidamente por una misma situación, no solo está la culpa por lo que está pasando sino también la culpa porque ese problema se esté manteniendo en el tiempo.

En cambio, si hemos hecho el paso anterior y hemos aprendido la lección, tan solo se trata de aplicarla: tomemos las medidas necesarias para que la siguiente vez que nos veamos en las mismas circunstancias haya menos probabilidades de repetir la misma situación.

5) Relativizar lo sucedido

Vivimos en una sociedad que, a fuerza de repetición, ha integrado que sentirse culpable es una consecuencia natural para nuestros errores, el castigo que merecemos por pecadoras.

En cambio, si entendemos que a cada momento somos la mejor madre que podemos ser y que ser madre es un proceso continuo de aprendizaje y crecimiento, podremos dejar ir el alto nivel de autoexigencia que nos asfixia.

Aplicando estas 5 claves, los mensajes de culpa van a seguir llegando, pero ahora está en tu mano decidir qué quieres hacer con ellos. Busca qué miedo o juicio hay debajo de ese sentimiento y sé amable contigo, como lo serías con una amiga que se ha equivocado.

Artículo ofrecido por Mada Guzmán, autora de ‘Gozar la maternidad’ y co-directora de Desaprendiendo Para Aprender

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