Rabietas

Las rabietas en tiempos de Covid-19: ¿la conciliación de la crianza y la vida laboral en tiempos de cuarentena puede aumentar las rabietas?

El teletrabajo y el cierre de las escuelas acarrea una situación que despierta muchas dudas, y es que no serán pocos ni fáciles los obstáculos que sortear por el camino. ¿El intento por conciliar en esta etapa que estamos viviendo puede aumentar las rabietas de los niños? Aclaramos dudas.

rabieta covid
Foto Istock

La realidad que vemos en consulta está siendo la de madres y padres agotados y desquiciados. Son, sin duda, héroes de esta pandemia. Pero más que aplausos, lo que reciben son consejos, opiniones y críticas cuando describen sus situaciones.

Conciliar el trabajo y la parentalidad, ha supuesto tener que ser más permisivos y levantar muchas restricciones que buscaban cuidar a los niños de malos hábitos. Un buen ejemplo de ello son las tablet y todas las nuevas tecnologías. - ¿Cómo voy a trabajar si a mi lado tengo un crío de 4 años que reclama lo que necesita, entre otras cosas, atención? – Esta es la situación de muchos padres.

La respuesta cae por su propio peso, y sin duda ser permisivo ha sido una necesidad. El camino a la nueva normalidad, para los padres, puede convertirse en un camino más complicado que para el resto. Resumiendo, los pequeños tendrán que reaprender, o aprender, a tolerar la frustración. Y en este camino, las rabietas pueden reaparecer o aparecer con fuerza, ya que son muchas las situaciones que despiertan la frustración:

- No diferenciar los tiempos de trabajo y de descanso de papá y mamá les lleva a no saber cuándo ni cómo acudir a ellos.
- No poder salir a la calle sin una explicación clara del motivo.
- Con el confinamiento, la acumulación de energía, más si el espacio es pequeño, les alterará.
- Papá y mamá ya no están siempre en casa con la desescalada.
- Echar de menos a algún familiar que vean a diario.
- Compartir todos los espacios con los hermanos.

“El Principito” decía: "He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos".

Las rabietas no son solo lo que vemos y lo que comúnmente se opina de ellas. Es mucho más que una conducta irracional, desbordante y caprichosa. Las rabietas son un hito evolutivo que debe ser integrado y superado por el niño, para que así su autonomía le permita mostrar una autoafirmación ante el mundo sana y comprensible para los demás, y una una conducta desbordante y desquiciante.

¿Cómo actuar y acompañar a los más pequeños en sus rabietas para alcanzar dicha autoafirmación comprensible y sana?

1. Reconociendo nuestra propia frustración ante la conducta del niño

Debemos recordar siempre que, como adultos, somos el modelo a seguir para los más pequeños.
Si lo que queremos es que alcance su autonomía, primero tendremos que hacernos cargo de la nuestra, ya que no hay autonomía si uno no se hace responsable de sus propios actos y sentimientos. Hacer responsable al niño de mi propio malestar, frustración o desesperación sería injusto para él.

Como adultos, debemos buscar la manera de descargar esa energía que nos intoxica y nos dificulta mantener la calma. Si nosotros no somos capaces de autorregularnos, nuestros hijos solo dejarán de hacer aquello que nos molesta por miedo.

- ¿Cómo descargar esa energía?

a. Pedir el relevo al otro progenitor.
b. Buscar un espacio donde poder aislarnos y tener un rato para uno mismo.
c. Aceptar nuestra reacción como normal, y darse el tiempo necesario para volver a la calma.
d. Cualquier cosa que ayude a no mostrar la peor cara de uno mismo.

2. Comprendiendo parte del momento evolutivo y la inocencia del niño

El ser humano es el animal que al nacer lo hace con mayor vulnerabilidad. Desprovistos de un desarrollo completo tras su nacimiento, a diferencia de la mayoría de los mamíferos, surge en nosotros el instinto de apegarnos a las figuras de referencia. Se crea así un vínculo fusional en el que los cuidados deben ser sistemáticos, permanentes y con rutinas claras.

A medida que las capacidades cognitivas, físicas y emocionales van desarrollándose, también lo hace el instinto que todos tenemos hacia la autonomía. Descubrir con asombro nuestras propias capacidades y destrezas que interactúan y manipulan el entorno son fuente de autoestima (entre otras cosas). El asombro ante sus nuevos descubrimientos es como la luz que le guía hacia el crecimiento.

Son dos instintos opuestos, y por ello, llegará un momento que necesitarán integrar todo el conflicto interno que surge. A medida que alcanzamos más autonomía, también vamos perdiendo ese espacio relacional privilegiado en el que la mirada de papá y mamá es atenta y sensible. Poco a poco se espera de ellos que se hagan cargo de una parte de su mundo emocional. Y este conflicto interno está cargado de ansiedad y ambivalencia. Puede parecer que alcanzan autonomía y al día siguiente dan pasos atrás, por lo que son momentos de paciencia y tiempo para poder ir integrando las nuevas exigencias junto al duelo por la pérdida del lugar privilegiado.

La naturaleza de la rabieta esconde esta encrucijada, donde el niño quiere que se atienda su necesidad a toda costa, como si de un bebé se tratase, y a la vez exige que su autonomía se mantenga intacta y no se invada su terreno. Dura tarea tanto para los padres, como para el propio niño. Un caos que necesita orden, pero ¿cómo? De la siguiente manera: 

  • Controlar nuestra reacción. Estar presente sin mostrarnos alterados ante su conducta. Incluso no mostrar mucha expresividad, ni buena ni mala.
    Si su conducta es desbordante y puede generar daño a si mismo o alguien, será necesario contener físicamente con cuidado y cariño.
  • Cuando su energía descienda, y la rabieta pierda fuerza, es buen momento para mostrarnos acogedores. Un abrazo no es un premio, es un sostener toda una energía emocional que le desborda y no sabe explicar mejor. Recordemos su conflicto interno.
  •  Cuando todos estén calmados, tanto ellos como nosotros, es buen momento para mirar desde el corazón, e intentar intuir qué podría esconder su rabieta:

- Necesidades fisiológicas u orgánicas (hambre, sed, cansancio, dolor físico …)
- Necesidades emocionales (miedo, tristeza, …)
- Necesidades relacionales (sentimiento de pertenencia, exclusión, miedo al abandono, …)

  • Toca poner palabra, e intentar reflejarle qué puede estar escondiendo su rabieta. Puede que este momento llegue pasado un buen rato, ya que si se hace pronto puede reactivarse su energía hacia la rabieta. No solo nosotros necesitamos entenderlo, ellos también, pues la rabieta solo es la manera que tienen para poder expresar alguna descompensación emocional.

Los niños esconden una inocencia que no debemos olvidar. Cuando hacen algo que no nos gusta, debemos recordar que no han alcanzado su capacidad cognitiva necesaria para reflexionar como lo hace un adulto, ya que su cerebro aun está en crecimiento y formación. Por ello invito a no perder de vista la ya mencionada frase de El Principito, y mirar más allá de dónde nuestros sentidos perciben, pues la rabieta no es una mera conducta desafiante.

Artículo ofrecido por Jaime Picatoste Legazpi, Psicoterapeuta Infantojuvenil y de Familia de Psicólogos Pozuelo

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