Rabietas infantiles

Los beneficios de atender bien una rabieta

Las rabietas infantiles son totalmente normales, especialmente a partir de los 2-3 años (o incluso un poco antes). ¿Qué podemos hacer para atenderlas correctamente?

Recuerdo perfectamente la primera rabieta de cada uno de mis hijos, con el mayor fue en unas vacaciones y con el pequeño en la cocina de casa; cuando recordamos algo con bastante claridad es porque lo hemos vivido con mucha intensidad y así fue. Las primeras rabietas me pillaron un poco desprevenida pero luego ya fui entendiendo mejor a mis hijos, con el tiempo me fui capacitando para vivir las rabietas del pequeño mejor sabiendo que lo importante no era modificar su comportamiento sino responder a sus necesidades afectivas de apego, de seguridad, de acompañamiento emocional y de cuidado.

Beneficios atender rabietas
Foto: Istock

Con el mayor lo pasé peor, pero no tanto por él, solo era un niño en desarrollo, sino por lo que descubrí en mí, me asusté mucho al ver mis reacciones totalmente desproporcionadas, no entendía nada, no sabía cómo actuar y si lo explicaron en la universidad se ve que ese día no fui a clase. Lo cierto es que me di cuenta que no tenía nada bueno para ofrecerle, ni calma, ni empatía, ni comprensión, me sentía totalmente perdida y frustrada, cuatro años de carrera para no ser capaz de aplicar ningún conocimiento práctico con mi hijo, ¡simplemente frustrante!

Sé que muchas madres, sobre todo, se sienten parecido, porque me lo cuentan y porque yo he pasado por ello, por eso creo firmemente que la clave está en “reciclarse”, si no tienes un conocimiento actualizado sobre el cerebro del niño, si no has leído sobre la importancia del apego seguro en los tres primeros años y sobre lo importante que es para que su personalidad se desarrolle bien que los padres seamos sensibles y respondamos de forma emocionalmente competente, es posible que algunas creencias sobre los comportamientos infantiles condicionen tu respuesta.

Por eso hago un llamamiento a todos los padres y madres con hijos e hijas menores de seis años sobre todo, no confundamos una rabieta con un mal comportamiento, porque los niños que tienen una rabieta ni quieren manipularte, ni lloran para salirse con la suya ni tienen el gran poder de sacarnos de quicio, a no ser que se lo demos.

Desde aquellos episodios explosivos he aprendido mucho y menos mal que así ha sido y que no dejamos de aprender porque mis hijos realmente necesitaban que yo cambiara. Como madre y profesional dedicada precisamente a la orientación familiar puedo decir que atender bien una rabieta tiene muchos beneficios, aquí os pongo algunos de ellos:

  1. La rabieta es la mejor situación por desagradable que sea, para transmitirle a tu hijo que puede calmarse contigo, porque realmente necesita calma y no sabe cómo obtenerla, si le damos algo de la nuestra le resultará más fácil tranquilizarse.
  2. La rabieta es una gran oportunidad para sentirse seguro contigo mientras experimenta emociones muy intensas. El berrinche puede durar unos minutos aunque te pueden parecer horas, pero el impacto que podemos generar en sus cerebros con nuestra respuesta afectiva puede durar toda la vida, por eso atenderla bien es necesario.
  3. La rabieta no es una mala conducta que hay que reconducir, sino un momento desagradable que si se atiende bien os puede vincular afectivamente de por vida. Es la expresión de una emoción muy intensa que necesita ser escuchada, calmada y atendida. No la ignores cuando surja, ignora más bien los comentarios que dicen que te está manipulando.
  4. El niño no necesita tanto que le calmes como poder calmarse, el abrazo le puede ayudar a tranquilizarse, pero antes necesita tener con quien llorar, sabiendo que no está haciendo nada malo ni que se está portando mal.
Rabietas infantiles
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He iniciado este artículo hablando de mi experiencia personal pero también quiero aportar algo de evidencia científica porque para llevar a cabo la recomendación de atender bien una rabieta con presencia, escucha activa, empatía y límites firmes que protegen y cuidan, hay que tener no solamente un conocimiento actualizado sobre el cerebro del niño, sino también contar con la competencia emocional suficiente para que la labor de educar no se convierta en algo tan frustrante que nos agote hasta el punto de llevarnos a vivir una parentalidad estresante.

Recientemente el Dr. Juan Carlos Pérez-González, que ha sido mi profesor y escribió un prólogo precioso para mi libro “Padres formados, hijos educados”, me hablaba de una investigación en la que ha participado Moira Mikolajczak que trata sobre “Apuntar a ser padres perfectos aumenta el riesgo de agotamiento de los padres, pero la competencia emocional lo mitiga” Juan Carlos me decía que “los padres más perfeccionistas tienen mayor riesgo de quemarse, de sufrir el síndrome de estar quemados como padres (burnout parental), pero si su nivel de competencia emocional es bueno, reducen este riesgo. Además, se confirma que a mayor competencia emocional, menor probabilidad de quemarse como padres (aunque no te salva del todo, claro, no es seguro, ni es para siempre, pero protege bastante).”

Como conclusión quiero añadir que es importante atender bien las rabietas y tiene muchos beneficios para la relación padre e hijo, favorece los vínculos afectivos, nos permite transmitir nuestra empatía y generar experiencias positivas para que se sientan seguros con nosotros. Pero para poder hacer este acompañamiento emocional, hay que intentar estar bien, con niveles bajos de estrés, procurar no ser “padres perfeccionistas” que con el tiempo se conviertan en “padres agotados” o por lo menos intentar mejorar las competencias emocionales para reducir riesgos.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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