Castigos en la educación

Los castigos no funcionan ni a corto ni a largo plazo: esta es la razón

“Como has hecho esto, ahora estarás dos días castigado en casa”. Te suena, ¿verdad? Pues te diremos una cosa: si quieres que tus hijos tengan una buena educación, la Disciplina Positiva dice que lo mejor sería que apartases los castigos de vuestras vidas.

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Fuente: iStock

“Si los castigos cumpliesen su objetivo, los niños más castigados se portarían a las mil maravillas”. Esto no lo decimos nosotros; es una frase de Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y educador.

Y, como él, la Disciplina Positiva aboga por eliminar completamente los castigos de la educación. De hecho, expertos en este tipo de crianza como Isabel Cuesta, creen que los castigos no son más que una muestra de que a los padres les faltan herramientas efectivas para educar a sus hijos.

Por eso, aboga por eliminarlos de raíz y aquí te mostramos la razón definitiva por la cual deberías hacerlo si sigues este tipo de crianza. La hemos encontrado en el libro ‘Castigar no es educar’ (Editorial La Esfera de los Libros), escrito por Lorena García Vega, educadora infantil y pedagoga, con base en la Disciplina Positiva. Ya el propio título nos pone el preámbulo de lo que los padres podremos encontrar dentro de sus hojas pero, en concreto, hemos encontrado algo que nos ha llamado la atención.

La obediencia por temor no es aprendizaje, lo único que podemos fomentar tratando de lograr el acatamiento desde el miedo a ser castigado es educar a niños sin criterio ni juicio”, afirma la autora en el libro. Por lo tanto, prosigue, en un futuro será complicado que sean capaces de tomar sus propias decisiones desde la responsabilidad si su conducta está controlada desde el exterior. “No lo necesitan, pues saben que hay una voz externa que le va indicando aquello que considera que está bien o está mal”.

Y es que, la Disciplina Positiva cree que los castigos son una respuesta emocional e impulsiva que ofrecemos los padres desde nuestro cerebro más primitivo. Por lo tanto, pasados unos instantes, muy probablemente, nos arrepentiremos de haber castigado al pequeño para que abandone de forma repentina una conducta que no nos gusta. “Está muy extendida la creencia que considera que para que un niño ‘aprenda la lección’, escarmiente u obedezca, necesita vivir una experiencia negativa, dolorosa o desagradable”, puntualiza Lorena en el libro.

El castigo como sinónimo de poder

“Los padres que castigan están dejando claro que no tienen más herramientas para educar”, comentaba Isabel Cuesta en nuestro directo de rabietas. Y es que, según ella, los castigos, a efectos prácticos, solo demuestran a los niños que los padres estamos por encima de ellos y que deben guardarnos respeto. Demuestran, por tanto, nuestro poder sobre ello. Y, según la Disciplina Positiva, si queremos niños sanos emocional y psicológicamente, deberemos dirigirnos a ellos de manera horizontal y no vertical. Es decir, a su mismo nivel.

Castigos no, soluciones sí

Aunque pueda parecer duro, lo cierto es que venimos aplicando castigos desde hace siglos, como muestra de paso de generación en generación.

Pero, si nos guiamos por lo que dice una de las figuras más representativas de la Disciplina Positiva, no es beneficioso para el desarrollo de nuestra infancia hacerla sentir mal para que se porte bien en un futuro.

Por lo tanto, la autora, basándose en este modelo de crianza, aboga por aprovechar el conflicto para buscar soluciones y no para imponer poder. “La dificultad en este momento reside en instaurar el equilibrio entre la firmeza del establecimiento de normas y el respeto para hacérselo entender al niño de una forma amable y cariñosa, de modo que alcance el nivel de comprensión suficiente para responsabilizarse de sus actos y asumir las consecuencias que su conducta puede tener sobre los demás”, argumenta.

Para conseguirlo: mucha paciencia, confianza y no desesperar. Una tarea así no se logra de un día para otro.

Marta Moreno

Marta Moreno

Como dijo Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que existe para salvar el mundo”. ¿Qué tal si educamos desde el respeto, el amor y en familia?

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