¡Adiós, pañal!

Orinal u adaptador para el WC: ventajas y desventajas para que aprendan a quitarse el pañal

Hemos elaborado una pequeña lista de pros y contras, aunque no hay una regla escrita al respecto; lo idea es probar y que sea el pequeño el que dé señales de preferir una u otra opción.

Orinal
Orinal (Foto: depositphotos)

Hacia los 18 meses de vida, puede ser un poquito antes, es un buen momento para empezar a introducir al niño en lo que es el control de esfínteres, para lo cual no estará preparado seguramente hasta que cumpla dos años -los más precoces pueden estarlo a partir de los 22 meses-.

El objetivo, más que cuándo empezar a hacerlo, debe ser la fecha tope de los tres años, o en su defecto el comienzo del primer curso del segundo ciclo de educación infantil, en el que la mayoría de centros exigen a los padres que sus alumnos ya no utilicen pañal.

Pero para cumplir dicho objetivo, habrá que recorrer un camino previo que es largo. Primero, preparando al pequeño a nivel emocional y psicológico a través de la narrativa -contándole lo que va a pasar, en qué consiste, etcétera-, aprovechando ejemplos cercanos en caso de tener hermanos mayores, y recurriendo también a juegos y ejercicios, incluso también a los cuentos, puesto que hay muchos que tratan el control de los esfínteres con muchísimo ingenio. 

La preparación correcta

Una vez que mentalmente el crío parece preparado para dar el salto, algo que tendréis que responderos vosotros mismos porque él no os lo va a decir, lógicamente, es hora de marcar una estrategia. Podéis guiaros, si va a la escuela infantil, por lo que os diga su educador, que sabe mejor que nadie si en clase da muestras de estar listo para afrontar el cambio del pañal a la ropa interior. 

Tendréis que decidir varios detalles cuando estéis convencidos, y uno de los más importantes es el del uso del orinal o del reductor del WC para las horas que el niño esté en casa. Te contamos, en nuestra opinión, cuáles son las ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos, dejando claro que las dos opciones son correctas. 

Orinal: más seguridad y autonomía

El orinal tiene ventajas irrebatibles desde el punto de vista del pequeño. De entrada, está familiarizado con él en caso de acudir a la escuela infantil y les suele gustar más si su diseño es de algún color, dibujo o animal que les llame la atención. Además, fomenta su autonomía porque es muy manejable para él y lo puede transportar allí dónde se encuentre más cómodo -las primeras veces, podéis llevarlo los adultos a otras estancias de la casa, para que la espera en el baño no sea eterna-, y les aporta más seguridad que el adaptador del retrete porque pueden tener sus pies fijos en el suelo. 

En la columna de contras, la más evidente es que tendréis que limpiarlo cada vez que el niño lo utilice y es, en líneas generales, menos higiénico que el reductor porque en muchas ocasiones las necesidades de los niños acaban dando guerra por partida doble cuando son muy inquietos o no apuntan bien… Por otro lado, el proceso será más lento porque después habrá que acostumbrar al pequeño a que utilice el reductor del retrete, mientras que si se usa este directamente, el aprendizaje cuenta con un paso intermedio menos.

Adaptador de WC: mayor preparación

Esta última es de hecho la primera ventaja del adaptador del retrete, que como ya hemos mencionado también anteriormente es más higiénico; no hace falta limpiarlo después de cada uso -pero sí una vez al día, al menos, ¡cuidado!-. Otra ventaja es que los niños que lo usan están mejor preparados para hacer sus necesidades fuera de casa, ya sea en un baño público o en una casa ajena donde casi nunca hay orinales. 

En cambio, hay un inconveniente que dificulta mucho su uso en los niños más pequeños: su inestabilidad. Los peques no se sienten seguros con las piernas en el aire y sin la autonomía que les da el orinal, de modo que es posible que no se adapten a él sin antes haber pasado por la fase del orinal, que es más fácil de saltar cuando en casa hay un hermano o hermana mayor que ya hace sus necesidades en el retrete, especialmente si todavía usa el reductor. En esos casos, los pequeños suelen querer imitar a los mayores, pudiendo rechazar el orinal o al menos alternando su uso con el retrete. 

En cualquier caso, no hay una regla escrita al respecto. Lo mejor, como en tantas otras ocasiones, es probar y estar atentos a su reacción. 

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