Educación y desarrollo

Para aprender hay que jugar más y hacer menos tareas

Se puede aprender jugando. Y, por ello, cada vez más psicólogos infantiles insisten en jugar más y hacer menos tareas de la escuela. ¿Por qué? Te lo explicamos.

Con el tema de las tareas escolares parece que hay posturas diferentes dependiendo del colegio al que lleves a tu hijo o hija o docente que le haya tocado, ya sabes, “cada maestrillo tiene su librillo”, algunos creen que las tareas simplemente son necesarias para generar el hábito de estudio y mandan muy pocas para que al alumno sólo le cuesta 15 minutos de su tiempo libre. Sin embargo, otros centros se manejan con otros criterios, consideran muy importante un estudio extra en el hogar y mandan tareas para apoyar todo lo trabajado en clase, quizás si sólo fuera de una asignatura no habría tanto problema, pero algunos no se coordinan y mandan tareas como si el niño no tuviera otras actividades que realizar en la tarde.

Jugar en lugar de hacer tareas escolares
Foto: Istock

Con el artículo de hoy quiero dejar constancia de lo importante que es el juego y si es libre mejor para aprender y cómo para disfrutar de ello hace falta tiempo y si es mucho mejor. Pero no sólo necesitan tiempo para jugar, un espacio adecuado para ello y recursos que no siempre tienen que ser juguetes porque todos hemos visto cómo los niños son capaces de crearse una nave espacial con una caja de cartón pues su imaginación no tiene límites, también necesitan estar libres de estrés y con las condiciones óptimas suficientes como para introducirse en un mundo mágico que los adultos ya hemos olvidado.

¿Qué frases no le ayudan que le digas?

  1. Si no estudias vas a suspender, tus amigos van a pasar de curso y tú te quedarás atrás solo, ¿a qué no quieres eso? pues… ¡ponte a estudiar ya!
  2. Si no haces la tarea a mí me da igual, mañana la profesora te regañará y si me vienes con una nota, este fin de semana olvídate de que vayamos al parque que te gusta…
  3. Si no haces la tarea ahora, luego no podrás ver tele, se nos hará tarde y te enfadarás porque tampoco nos dará tiempo a leer el cuento…
  4. Si no estudias te quedas sin ir al entrenamiento, tú decides qué es lo que prefieres si hacer lo que debes o quedarte sin lo que quieres….
  5. Si me sacas menos de un siete en este examen, este verano no podrás ir al pueblo a casa de los abuelos, tú decides qué verano quieres tener…

Estas frases son muy parecidas por muy diferentes que parezcan, todas parten de una creencia errónea, “el niño no quiere estudiar” y de una postura “yo como padre tengo que hacer algo para que estudie”.

Al no contar con motivación intrínseca en el niño, algo que no es fácil porque generalmente las tareas son más de lo mismo de lo que han visto en clase, no generan curiosidad ni permiten innovar, el padre muchas veces opta por tomar el camino conocido para generar motivación extrínseca haciéndole pensar en las consecuencias de una acción u otra, lo que puedes conseguir si estudias (ver la tele) o lo que puedes perder si no lo haces (no ir a pueblo). Cuando esta dinámica es la habitual, las tareas pierden su función inicial (generar hábitos de estudio o reforzar algunos conocimientos) y se convierten en el requisito para conseguir algo, estudiar ya no es un fin sino un medio para lograr algo y esto definitivamente es el problema.

Niños jugando con sus padres
Foto: Istock

No solamente el tiempo de la tarde se reduce limitando las opciones para el juego libre, sino que estudiar se convierte en una actividad estresante, que genera muchos conflictos entre padres e hijos en el hogar y que acaban realizando con desgana, frustración y rechazo, algo no estamos haciendo bien cuando estudiar se convierte en una fuente de estrés familiar.

El estrés es una reacción fisiológica del cuerpo y del cerebro que se desencadena ante una situación que se percibe como una posible amenaza. Davil Bueno en su libro “El cerebro del adolescente” habla de él como “el gran enemigo” cuando es agudo o se cronifica porque en dosis justa favorece la supervivencia. Cuando estudiar se convierte en una amenaza diaria para los niños, la amígdala es la primera parte del cerebro que se activa, liberando adrenalina, aumentan las pulsaciones y se dilatan los vasos sanguíneos de la musculatura.

Estos cambios predisponen al cuerpo para que reaccione ante el peligro, por eso algunos niños y preadolescentes lloran, se frustran, gritan incluso tiran cosas. No siempre lo que tenemos delante es un mal comportamiento que tenemos que reconducir con un castigo, es una reacción provocada por una situación estresante y lo que no podemos pretender es que en este momento las funciones ejecutivas del cerebro se muestren, ni la capacidad para reflexionar ni las competencias para gestionarse emocionalmente se pueden ver ,cuando el niño necesita calma, apoyo emocional y ayuda para aprovechar bien el tiempo de estudio y hacer en menos tiempo lo que solo le costaría más.

En definitiva, lo que necesitan es desconectar y descansar después del colegio, ayuda para pasar a una actividad de esfuerzo y concentración, supervisión mientras estudian no tanto para hacer las tareas sino para no distraerse durante el tiempo de estudio, presencia constante hasta adquirir el hábito de estudio y no perder ningún entrenamiento deportivo ni tiempo de juego en la calle para que el protagonismo de la tarde nunca se lo lleve un conflicto mal resuelto.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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