Testarudo y cabezón

¿Por qué contesta 'NO' a todo?

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¿Por qué se comporta de forma testaruda? Descubre por qué es necesaria esta etapa en el desarrollo evolutivo del niño. Claves para saber actuar cuando nuestro hijo se comporta de forma testaruda y cabezón.

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¿Por qué contesta 'NO' a todo?

La testarudez es una etapa dentro del desarrollo evolutivo de cualquier niño. Durante los primeros tres años, los pequeños son tan egocéntricos como obstinados y nuestra posición basada en el apoyo permitirá ir superando los contratiempos que se presenten. Es conveniente tener en cuenta que intentar erradicar conductas testarudas puede resultar agotador, es preferible hacerle entender que lo que hace “no está bien”, poco a poco el pequeño irá tomando conciencia y dándose cuenta.

¿Pasará esta etapa de “tanta cabezonería”?

En estos primeros años está inmerso en el universo lingüístico, pero aún no lo domina, sólo puede comenzar a expresarse con palabras sencillas y muy breves entre las que encontramos el temido ¡no! “NO” es un monosílabo fácil de pronunciar y el pequeño se siente seguro cuando lo dice. Detrás de los comportamientos obstinados suele existir una razón de peso que los fundamenta muy relacionada con el desarrollo de sus habilidades. Es importante tener en cuenta que este periodo será breve y nuestra actitud no debe ser ni demasiado rígida ni, por el contrario, excesivamente complaciente.

Tener paciencia

Una vez que nosotros nos sentimos con autocontrol, es importante no hacerle razonar y discutir como si fuera un conflicto entre adultos, pero, tampoco ceder ante sus peticiones como una costumbre. A veces se intentará quitar la ropa una vez puesta, otras se colocará las manos encima de la boca par no comer, más tarde no querrá sentarse en el cochecito y se mostrará rígido totalmente…, en todos estos casos resulta muy útil desviar su atención hacia otros objetos o conversaciones diferentes para intentar conseguir nuestro objetivo, siempre en conexión con su cerebro emocional.

¿Qué hacemos?

-Darnos cuenta de aquellas situaciones que le provocan mayor grado de testarudez. Por ejemplo, cuando ya es la hora de cenar y debe guardar los juguetes,  avisarle con cierto margen para que  se vaya haciendo a la idea de la siguiente actividad. Se crea así  un espacio de transición que facilita el cambio.

-Aumentar el umbral de la paciencia. El “no” del niño no tiene que ser necesariamente una falta respeto, sino una forma de autoafirmar su propia identidad. Se trata pues de una fase normal en el desarrollo del ser humano que conviene contemplarla tal y como es, desdramatizando ciertas situaciones.

-Ser flexibles e identificar aquellas conductas que resultan peligrosas o inseguras para priorizar y actuar con rapidez sobre ellas. Hay ocasiones en las que no es posible ninguna alterativa (dar la mano para cruzar la calle, por ejemplo) no conviene dar opciones aunque sí es positivo comentar las causas que aconsejan hacer las cosas de una determinada manera.

-Hablar de manera clara y concreta. Las órdenes y explicaciones serán breves y adaptadas a su desarrollo lingüístico madurativo.

-Eliminar el exceso de normas, procurando que las situaciones positivas superen a las negativas. Si una actividad le cuesta mejor hablar con él para saber en qué podemos ayudarlo.

-Desviar su atención hacia otros temas cuando la situación se presenta con dificultad. Una vez que haya pasado “la tormenta”, trabajaremos sobre el conflicto con calma, actuando sobre las acciones y no sobre el “no” que ha dicho el niño.

 

Ana Roa es pedagoga, psicopedagoga, coach educacional y fundadora de Roaeducación

Etiquetas: cómo educar hijos

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