Escucha activa

Por qué deberías ponerte a su altura siempre que hables con tu hijo

Desde que Kate Middleton, duquesa de Cambridge, ayudó a que se viralizase este gesto, son cada vez más las madres y los padres que se preguntan cuáles son sus beneficios.

Foto: iStock
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La recomendación de psicólogos, pedagogos y demás expertos en educación a los padres para que estos se pongan a la altura de sus hijos cuando se comuniquen con ellos no es un concepto nuevo por mucho que se haya extendido en el último lustro, sobre todo desde que Kate Middleton, duquesa de Cambridge e icono mundial, lo aplica con sus tres hijos. 

Fueron Carl Rogers y Richard E. Farson, psicólogos estadounidenses, quienes lo desarrollaron a finales de los años 50 del siglo pasado, si bien fue Thomas Gordon, también psicólogo, quien popularizó la escucha activa, que así se llama este método al que se adaptan mucho mejor las palabras de hábito o costumbre, más amables además, También psicólogo, a través del programa Técnicas Eficaces para Padres. Sin embargo, la escucha activa en el ámbito de la crianza -se puede aplicar en otras circunstancias, donde además entran en juego más claves aparte del contacto visual directo- no ha tenido mejor embajadora, al menos más efectiva en darla a conocer, que la esposa del príncipe Guillermo de Inglaterra, como decíamos anteriormente.

Ella ha sido una de las grandes razones por las que muchas madres y padres de todo el mundo se han preguntado en los últimos años por qué es bueno agacharse para comunicarse con sus hijos pequeños. Y lo cierto es que es un hábito que no cuesta nada asimilar y que suele generar réditos muy positivos.

Beneficios en su desarrollo

En primer lugar, el más obvio: la mejora en la fluidez de la conversación entre el pequeño y su progenitor. Nada como acortar las distancias para que el sonido viaje de forma nítida de emisor a receptor, la mejor manera de que la comunicación verbal sea efectiva. Pero, por encima incluso de este beneficio evidente, hay que destacar lo positivo que resulta para el niño recibir “en su mundo” a su madre o su padre. 

Cuando estos se agachan o se sientan para colocar sus ojos a la altura de los de su hijo, la comunicación cambia completamente de contexto. De entrada, el contacto visual permite que la comunicación no verbal entre en juego de forma mucho más efectiva. Además, el plano de la conversación pasa a ser más de igual a igual, sin la barrera y la jerarquización que supone hablar hacia arriba para los peques, buscando la altura con la mirada y la cabeza en la que viven sus padres. 

Escucha activa

Esto que puede parecer una tontería supone que el menor, como norma general, afronte de otro modo la conversación ya que, mediante la escucha activa, sus progenitores se están adentrando en su territorio a nivel sensorial y perceptual, y no al revés. Al mismo tiempo, los padres pueden detectar también en el niño detalles emocionales que no pueden percibir a distancia ni prestando atención únicamente al lenguaje verbal. Por lo tanto, al acortar la distancia, la relación afectiva se fortalece, o al menos se facilita que así sea.  

Y es que no se puede hablar de que sea eficaz en el 100% de los casos porque solamente es uno de los hábitos que ayuda a potenciar la comunicación y el vínculo entre padres e hijos. También entran en juego cuestiones como la legitimación de los sentimientos y emociones del menor, el tono en el que los adultos se dirigen a ellos, la empatía y la narrativa para tratar de hacerles entender y no tener que imponer un mensaje, entre otros muchos aspectos. 

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