Comportamiento infantil

¿Qué hacer cuando nuestros hijos muerden?

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Que los niños muerdan a algún amiguito una vez es relativamente normal ya que la boca es el primer instrumento que tienen para conocer. Eso sí, hay que regañarles cuando suceda.

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¿Qué hacer cuando nuestros hijos muerden?

Todos los padres nos hemos encontrado en alguna situación embarazosa en el que nuestros hijos pequeños muerden a algún amiguito en el parque o, al llegar al colegio, la maestra nos avisa que ha mordido a algún compañero. Y, seguramente, en esos momentos os habréis sentido fatal ante la impotencia de no saber cómo enfocar el problema.

En estas situaciones, lo primero que hemos de tener en cuenta es que hay que mantener la calma. Es importante conocer que el primer elemento que pone en contacto a los niños con el mundo que les rodea es, precisamente, la boca.

Es el instrumento que utilizan para conocer, explorar y, por lo tanto aprender, ya que es una de las partes de su cuerpo que desarrollan antes. Hacia los dos años, aunque aún no hayan adquirido bien la capacidad del lenguaje ni disponen de las suficientes habilidades para comunicarse, aparece el inicio de la socialización, y por lo tanto la interacción con sus iguales.

Debido a estas carencias comunicativas propias de la edad, expresarse a través de la mordida se convierte en una manera de comunicar sus emociones más negativas. Así pues, cuando un pequeño se enfada por que otro le coge su juguete, no es extraño que reaccione de la única manera que en ese momento es capaz de expresar su enfado... Y antes de que podamos hacer nada, ¡zas! El mordisco ya está servido.

Hasta ahí, podemos decir que todo entra dentro de una normalidad, hecho que no implica que no debamos reprobar ese comportamiento. Hemos de hacerles saber, hablando con ellos con paciencia, que morder no está bien. Poco a poco irán comprendiendo que hay otras maneras de expresar sus emociones.

¿Y si no aprende a expresarse sin mordiscos?

El problema surge cuando hay niños que muestran una tendencia a expresarse siempre a través de mordiscos, muchos de ellos lo hacen por imitación, y prácticamente en la mayoría de los casos, el único objetivo que tienen con esta actitud es llamar la atención.

Así que, para que entiendan que su actitud no logrará el efecto deseado, no tendrá una respuesta inmediata llamando nuestra atención, sino que lo primero que haremos será atender al niño que ha sido mordido. De esta manera, además de no conseguir su objetivo, se le mostrará cómo hay que cuidar y aliviar el daño que él mismo ha provocado.

Una vez atendido el niño agredido, con calma, se les explicará que su conducta no es la correcta y que eso hace daño a los demás. Conversaremos con ellos, y les explicaremos qué deben hacer cuando quieren algo, o cuando se enojan o cuando se ponen nerviosos...

Y, finalmente, les enseñaremos conductas positivas y reparadoras, como disculparse por lo que ha hecho. Es ideal pedir a los niños que abracen y den un beso al niño al que ha mordido, al tiempo que le piden perdón.

Os aconsejamos armaros de paciencia, ya que es más que probable que no os hagan caso a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera... Incluso, serán algunas más las veces que paséis por este proceso y seguirán mordiendo, hasta que un día, entenderán y dejarán de hacerlo.

Y, para finalizar, os recordamos que no olvidéis que el mejor ejemplo para un comportamiento positivo empieza en vosotros mismos, así que, aunque en ocasiones os enojéis, es muy beneficioso para vuestros hijos que os comportéis de manera adecuada, conversando e intentando solucionar el problema.

 

Olalla Haro, docente y creadora de la web ActividadesInfantil.com

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