Rabietas infantiles

Razones por las que no deberías ignorar las rabietas de tu hijo

Nunca deberías ignorar las rabietas de tus hijos. Cuando leas las razones, no volverás a hacerlo jamás.

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Ignorar las rabietas de un niño no debería estar permitido. Imaginad: estáis en el supermercado y todo va viento en popa. Antes de entrar habéis advertido al niño que esta vez solo vais a por pan, un poco de carne y unos yogures. Que no hay dinero para imprevistos, ni para comprar nada que no sea eso.

Está calmado, pero para llegar a los yogures tenéis que pasar por el pasillo del chocolate y ve su perdición: los huevos de chocolate. Te pregunta si le compras uno y le recuerdas lo que hablasteis en la puerta. Así que frunce el ceño e insiste. Tú también insistes con respeto y ahí comienza el acabose: acaba estallando una rabieta con vosotros muertos de la vergüenza porque todo el mundo os mira.

Y acabáis pronunciando las palabras mágicas: “A mí no te dirijas hasta que no se te pase la rabieta esa tonta que estás teniendo”. Llega entonces a tu cabeza esa frase que tanto te ha repetido una amiga que ya es madre, o un familiar: “Ignórale, lo único que quiere es manipularte” o “ignórale porque lo único que quiere es que pases vergüenza para que al final le compres lo que te está pidiendo por no pasarla más”.

¿Por qué no deberías ignorar las rabietas de tu hijo?

Por suerte, la neurociencia nos ha enseñado que cuando un niño tiene una rabieta no lo hace como parte de un plan maquiavélico para hacernos quedar mal delante de nuestros amigos, o delante de la gente por la calle. Los niños no tienen la capacidad para entender si eso está bien o está mal, pero sí tienen la necesidad de tener esa rabieta, de patalear y de gritar debido a su falta de gestión emocional.

Las emociones primarias que siente un bebé, alegría, tristeza, ira o miedo, van dando paso a otras más complejas alrededor de los dos años de edad (aunque cada niño va a su ritmo): frustración, enfado… Se ven entonces inmersos en medio de un sentimiento que nunca antes habían experimentado y se enfrentan a él con las herramientas que tienen: el llanto, los gritos o las pataletas físicas. A medida que crezcan, irán controlándose más.

Pero, ¿por qué no debemos ignorar esas rabietas?

  • El niño está intentando regular sus emociones y necesita mucho cariño: “Si le dejas solo para que se calme haces que se sienta abandonado”, asegura Álvaro Bilbao. “Espérale, dale el tiempo que necesite y si no tienes tiempo, cógelo en brazos para intentar calmarlo”.
  • El niño puede sentirse poco querido: si le ignoramos en medio de esa rabieta que le está haciendo sentir tan mal y tan desorientado, estamos mostrando indiferencia hacia él y, por tanto, puede sentirse poco querido por nosotros. Mejor intenta calmarlo, ofrécele un abrazo, pregúntale si necesita estar solito…
  • Puede sentirse frustrado, triste y poco comprendido: Imagina que has discutido con un amigo y, cuando llegas a casa y lo cuentas, o lo expresas, nadie te hace caso. Todo el mundo sigue a lo suyo. ¿Cómo te sentirías? Efectivamente, sentirías tristeza porque creerías que no eres lo suficientemente importante para nadie. Pues así se siente tu hijo cuando está enfadado por algo y tú le ignoras. “Veo que estás enfadado, si quieres te dejo un ratito para que te calmes y luego hablamos de eso que te tiene así si te apetece”. Algo así estará mejor.

Ignora su comportamiento, pero nunca su rabieta

Ya te hemos explicado que el hecho de que los niños tengan rabietas es sinónimo de que su desarrollo va viento en popa. Que son parte de esa falta de control emocional y que se forman en el cerebro. “La regulación de emociones es un proceso imprescindible para conseguir la maduración emocional y la validación de las emociones debería ser uno de los pilares básicos de todo modelo de crianza”, nos contaba el psicólogo experto en emociones Rafa Guerrero. De acuerdo a él, las rabietas son totalmente normales y forman parte del aprendizaje infantil, pero necesitan mucha empatía. “El problema está cuando los padres no entienden que su hijo pueda sentirse mal si le decimos que nos tenemos que marchar”.

Por eso, los expertos aseguran que podemos ignorar su comportamiento, pero no su rabieta. Es decir, la rabieta hemos de intentar controlarla con alguna de las estrategias que sí son válidas, pero una vez que pase, no hemos de darle mayor importancia. Quizás, sí, hablar con el peque sobre lo que le ha pasado para que poco a poco vaya normalizándolo, pero no dejarle de hablar por completo durante dos horas por ese comportamiento que ha tenido. De hecho, si hacemos eso, podemos conseguir que el niño no se sienta entendido, ni querido y que, la próxima vez, intente reprimir sus emociones por miedo a hacer sentir mal a sus padres. Y eso conlleva muchas consecuencias, incluso, a largo plazo.

Marta Moreno

Marta Moreno

Como dijo Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que existe para salvar el mundo”. ¿Qué tal si educamos desde el respeto, el amor y en familia?

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