Música y aprendizaje

Si quieres que tu hijo sea feliz, introduce la música en su aprendizaje

Son muchos los estudios científicos que avalan los beneficios de la música en los niños. De hecho, el oído es el primer sentido que comienzan a usar (ya desde el embarazo). Te contamos la importancia del arte de la música en la infancia.

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Fuente: iStock

El oído es el primer canal por el que los bebés empiezan a descubrir el mundo y el primer sentido que utilizan (la vista o el olfato no son funcionales hasta después del nacimiento). Ya a partir de la semana 20 de gestación ‘oyen’ la voz de la madre, y a partir del segundo trimestre son capaces de ‘interpretar’ variaciones de sonidos y empiezan poco a poco a responder con movimiento a determinados estímulos auditivos. El oído será fundamental a lo largo de toda su vida para su desarrollo educativo, ya que tanto la palabra hablada como la música u otro tipo de sonidos les ayudarán a interiorizar conocimientos. Mucho más si hablamos de idiomas, en los que el aprendizaje pasa no solo por entender, sino también por vocalizar y pronunciar.

Si queremos estimular este sentido en nuestros hijos desde bien temprano es recomendable hablarles, hablarles mucho, y siempre en nuestro idioma nativo. Aunque nos podamos sentir extraños o pueda parecernos poco natural, sus efectos son reales, y es muy sencillo integrarlo como parte de la rutina con nuestro bebé. Podemos hablar directamente con ellos o contarles lo que vamos haciendo:  “Voy a coger esta mantita y taparte con ella para que no tengas frío”, por ejemplo.

La importancia de la música en el aprendizaje

La música es también algo fundamental, TODO tipo de música, excepto, quizás, algo demasiado electrónico o demasiado heavy en las primeras etapas, ya que estos sonidos a veces son estridentes e incluso pueden darles un poco de miedo. Además de las conocidas nanas o canciones infantiles que podemos, incluso, cantarles nosotros mismos, podemos empezar por la música clásica y barroca, y en general melodías no demasiado rápidas. Se ha demostrado que la música de hasta 60 bpm (beats por minuto) ralentiza las ondas cerebrales y nos permite alcanzar un estado de relajación ideal para antes de ir a dormir (¡y esto aplica también a los adultos!).

En otros momentos del día, y en la franja de los 3 a 6 años, la música clásica también puede ser divertida y una magnífica excusa para hacerles bailar y moverse. Eso no significa que a partir de los 7 debamos abandonar a los clásicos, pues a esa edad ya podrán profundizar un poco más en ella y jugar a identificar los tempos, los cambios de ritmo, los instrumentos que suenan en cada momento o incluso los sentimientos que les provocan. La escucha consciente es una habilidad que ayuda al desarrollo del lenguaje, ya sea nativo o no y, por tanto, también al futuro éxito escolar y laboral.

Lo ideal, como decíamos, es no ceñirse a un único estilo de música. El jazz también suele gustarles desde muy temprano, porque transmite una sensación alegre. Y que no os dé miedo experimentar con sonidos tal vez menos habituales, como la bossa nova, las canciones tradicionales africanas, clásicos del pop como los Beatles, ¡o el flamenco! Hay tanto para elegir… Eso sí, tratad de evitar letras con palabras malsonantes o expresiones poco adecuadas para su edad (cosas que no queráis oír de la boca de vuestros hijos).

Paralelamente, y en la medida de sus posibilidades, la práctica de la música también es una magnífica herramienta de expresión y de comunicación. Tocar instrumentos con ellos (incluso ‘caseros’, como golpear una cacerola con una cuchara de madera), es muy estimulante para su desarrollo auditivo y personal, y refuerza el vínculo familiar.

¡Todos a cantar!

En esa práctica también entra cantar, que es tal vez lo más sencillo, porque no necesitamos nada más que nuestras cuerdas vocales y ganas de pasarlo bien. Pueden empezar, ya desde los 5 o 6 años, con canciones un poco más complejas que los clásicos infantiles, como el rock. He tenido el placer de oír a muchos no nativos cantando en inglés con entusiasmo canciones como ‘Rock Around the Clock’ o ‘Moonshadow’ y divertirse mucho con ello.

De hecho, la enseñanza de este idioma utiliza cada vez más las canciones y la música en general como herramienta de aprendizaje. Creo que se ha producido un positivo cambio desde el ‘inglés académico’ al ‘inglés funcional’, lo que supone, de facto, hablar inglés en un contexto laboral o social. Por eso, escuchar en inglés desde pequeños cualquier tipo de contenido, como podcasts, juegos, vídeos o música,  ayudará a desarrollar el oído del niño hacia los sonidos correctos, incluidos los idiomas.

Y puesto que no hay forma de mejorar nuestra pronunciación sin hablar, también es importante hacer énfasis, paralelamente, en la expresión oral, ya que mientras más vocalización realiza un niño en un idioma extranjero, menos vergüenza tendrá para hablarlo. Aquí volvemos a la música, pues las canciones son una de las formas más divertidas y eficaces de practicar la pronunciación.

Poner música en su vida será siempre una manera de hacer que se sientan más felices, y también una estrategia de éxito para ayudarles a aprender.

 

Artículo elaborado por Kate Regan, directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids

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