¡Ha cumplido un año!

Tu hijo aún es pequeño, ¿o no?

Cada día, desde los 12 meses hasta su segundo cumpleaños, tu hijo aprende algo nuevo. Se hace mayor muy deprisa y, al mismo tiempo, ¡es tan pequeño!

niño 1año

Alrededor del año tu pequeño comienza a dar sus primeros pasos. Pero desde ahí hasta que camine con soltura, suba escaleras sin ayuda y patee un balón, transcurre una etapa fundamental en su desarrollo.

Echemos un vistazo a los avances de tu hijo en este periodo, teniendo siempre en cuenta que no hay dos niños iguales y que las pautas que damos son solo aproximadas.

Pasos de gigante con pies diminutos

- Al cumplir un año, la mayoría de los niños ya ha alcanzado, en lo que a gatear se refiere, la habilidad y rapidez del rayo. Pero aunque ya empiezan a ponerse de pie, todavía tienen que apoyarse en algo o alguien para poder caminar.

- Hacia el año y medio, se mantienen de pie sin ningún esfuerzo y pueden andar sin apoyo, abandonando definitivamente el gateo.

- Trepan a las sillas, suben escaleras (una a una) y agarran los objetos con gran habilidad, aunque todavía tengan dificultades para soltarlos.

- Ya pueden pasar las páginas de un libro y arrojar una pelota.

- Alcanzan un notable sentido de la perspectiva y las distancias. Les gusta señalar animales y cosas en los libros de imágenes y apilar objetos o ponerlos en fila.

- Realizan actos completos: se sientan en una silla a propósito (no por puro ejercicio) y saben indicar cuándo han terminado de hacer algo.

- Se ven ya como individuos y desarrollan el sentido de posesión. Reclaman lo que es suyo (¡y cómo!).

- La primera palabra suele aparecer en torno al primer cumpleaños y, al llegar a los dos años, es fácil que pronuncien ya cuatro o cinco docenas de ellas y que comprendan muchas más aunque aún no las digan. Incluso algunas evolucionarán dentro de este año: “chicha” y “pupa”, por ejemplo, pueden dejar paso a “carne” y “daño”.

- Cerca del segundo cumpleaños, muchos niños empiezan a construir frases de dos palabras y nos deslumbran con parrafadas. Hasta pueden entender órdenes como: “Dale un beso a...” o “Come un trozo de...”, si les ayudamos con gestos.

¿Qué cosas bullen en sus cabecitas?

Aunque todavía no pueden apenas transmitirnos sus pensamientos y emociones, su conducta nos muestra sus inquietudes. Y es, sobre todo, un comportamiento exploratorio.

Los niños de un año están poseídos por una insaciable curiosidad. Todo interesa a estos pequeños excursionistas, que saben ya lo que es deambular a su antojo.

Y la exploración se hace a conciencia, ya que nos encontramos en pleno periodo sensomotor. Esto quiere decir que necesitan descubrir a fondo las cualidades físicas de los objetos. Se dedican incesantemente a tocar, arrastrar, golpear, sacudir o voltear; abrir y cerrar; meter y sacar; arrojar y recuperar; esconder y volver a encontrar.

Necesita conocer y experimentar los tamaños, formas, colores, sabores, olores, texturas, pesos, sonidos; todas las cualidades del mundo físico.

Hay que respetar su personalidad

A esta edad (e incluso cuando son bebés), los niños muestran ya personalidad propia. ¿Nace o se hace?, se preguntan muchos padres. No hay duda de que el trato que reciben influye poderosamente sobre su comportamiento y que unas pautas de crianza equilibradas y estables facilitan mucho las cosas. Pero ser muy dormilón o dormir poco, mostrarse más inquieto o muy tranquilo, adaptarse o no con facilidad a personas y situaciones desconocidas parece depender, al menos en parte, de una predisposición innata. Lo mismo ocurre con tener o no regularidad en las comidas, el sueño y las funciones fisiológicas.

Nuestro acierto estará en aceptar estas diferencias personales de cada niño , no de un modo fatalista, pero sí sin forzar demasiado su forma de ser, tratando de adaptarnos y de sacar el mejor partido al temperamento de cada uno de nuestros hijos.

Lo imitan todo

A esta edad, son unos grandes actores que copian cualquier actitud nuestra que les llame la atención: hablar por teléfono, bailar, leer... No es solo un juego, sino un modo de aprendizaje.

Pero nos imitan más de lo que creemos e incluso deseamos. Copian nuestras reacciones y estados de ánimo, nuestros miedos y aprensiones (de ahí nacen algunas fobias), nuestros tonos de voz y las palabrotas que se nos escapan.

Debemos ser conscientes de ello, pero sin olvidar que a través de la imitación y de nuestra guía adquieren también numerosos conocimientos útiles: relacionarse con los demás, evitar peligros, comer correctamente, afrontar problemas y muchos más.

Etiquetas: 1 año, 2 años, desarrollo infantil, primeros pasos, psicología infantil

Continúa leyendo...

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS