Cuando los niños aprenden a hablar

Aún no habla, ¿es normal? El desarrollo del lenguaje de 0 a 3 años

Al igual que con otras habilidades e hitos evolutivos, la edad a la que los niños aprenden el lenguaje y empiezan a hablar varía. Muchos bebés balbucean alegremente "mamá" y "papá" mucho antes de su primer cumpleaños, y la mayoría de los niños pequeños pueden decir en torno a 20 palabras cuando tienen unos 18 meses de edad. ¿Pero y si tu hijo ya tiene 2 años y apenas habla o solo junta un par de palabras?

Conocer qué es "normal" y qué no lo es en el desarrollo del habla y del lenguaje puede ayudarle a saber si usted se debería preocupar o si su hijo está evolucionando según lo esperable. Lalu Gómez, psicóloga y psicoterapeuta en Psicofamilias y consultora y formadora en Salud, Liderazgo y Talentos nos ayuda. 

El desarrollo del lenguaje es uno de los temas que genera más dudas y consultas en la escuela infantil y en las consultas de pediatría. Sabemos que la capacidad de comunicarse y el interés por compartir y entender a otros, es uno de los rasgos que nos caracteriza a la especie humana. De hecho la ausencia total de deseo comunicativo es un signo de alarma en el desarrollo. Veamos algunas pistas sobre cómo actuar para favorecer un desarrollo sano, armónico y feliz en el bebé, y hablemos sobre algunos signos que nos deben alertar.

¿Por dónde empezar? Los requisitos previos para el desarrollo del lenguaje

Hay una serie de condiciones imprescindibles que deben darse para que el niño comience a balbucear, a tratar de comunicarse y finalmente desarrolle un lenguaje oral, es decir que empiece a hablar.

  1. Audición: el bebé no puede empezar a emitir sonidos y a imitar los fonemas de la lengua materna si no dispone de una audición intacta. Habitualmente se realizan pruebas de audición a los recién nacidos de forma rutinaria. En cualquier caso, si sospechamos que el bebé no escucha bien (no gira la cabeza si le llamamos la atención fuera de su campo de visión, no parece mostrar sobresalto o interés ante ruidos intensos o desconocidos), debemos consultar con el pediatra cuanto antes.
  1. Una boca libre: parece evidente, pero está bien recordar que si empleamos el chupete a la mínima muestra de queja o molestia, estamos impidiendo que el bebé pueda comunicarse y expresarse. Cuando es muy pequeño lo hará a través de balbuceos o gorjeos, y más adelante a través de palabras, pero en cualquier edad es muy recomendable que permitamos la vivencia y expresión de las emociones, también de las más desagradables o incómodas. Este es uno de los retos a los que nos enfrentamos al educar la inteligencia emocional: no hay emociones malas ni que se deban evitar, todas son necesarias e importantes. Lo que facilitamos es que el propio niño pueda ir desarrollando estrategias y recursos para cambiar su estado emocional y volver a la normalidad o tranquilidad por sí mismo. Claro que le ponemos el chupete si está muy descontrolado o nervioso, para eso sirve, y es maravilloso. Pero otra cosa es que siempre que emita un mínimo quejido, la reacción sea ponerle el chupete (sería algo así como transmitirle: “no se puede protestar, no está bien quejarse. Hay que buscar una forma de que cese la protesta”. Y todos sabemos que en la vida adulta hemos de aprender a expresarnos y defender nuestro bienestar de forma asertiva, y eso pasa por aprender a decir no, negociar y quejarse. La clave, como casi siempre, está en el término medio.
  1. Óptimas condiciones de las estructuras y órganos que permiten la fonación: como es lógico, hay varias estructuras implicadas y necesarias para la articulación de sonidos, y todas ellas han de estar sanas y funcionando adecuadamente. Si no hay ningún indicador que nos haga pensar que hay alguna dificultad, hemos de tener en cuenta que la lengua y la boca juegan un papel fundamental, y que a través de la alimentación y la incorporación de sólidos, la boca irá adquiriendo el tono muscular adecuado. De forma que cualquier retraso o dificultad en un área concreta, está también influyendo en otras áreas de desarrollo. Por eso siempre es importante que el desarrollo sea armónico, no nos interesa tanto que sea el primero en andar o hablar, sino que vaya desarrollándose y avanzando en todas las áreas (alimentación, hábitos de sueño, control de las emociones, lenguaje, autonomía, relación con los iguales…).
  1. Entorno que se interesa y recibe con agrado los intentos comunicativos del niño: cuando un niño descubre que su entorno recibe con atención y agrado lo que él dice y hace, se siente motivado a seguir haciéndolo, y constituye un estímulo en su desarrollo, es como si recibiera el mensaje de “hay algo interesante en lo que nos estás contando”, y eso hace que vuelva a intentarlo y perfeccione sus habilidades.  El deseo de agradar e impresionar a papá o mamá es uno de los impulsores, de hecho la investigación demuestra en estudios sistematizados, que desde los primeros meses de vida los bebés muestran mayor interés y preferencia por aquellos juguetes u objetos que el adulto de referencia había manipulado. Es decir que todas tus preferencias y desavenencias tienen un potente efecto sobre tu hijo, y en especial a la hora de animarle e impulsarle en pequeños o grandes retos.

“Todo el mundo sonríe en el mismo idioma”

Por tanto cuando hablamos de lenguaje, no solo hablamos de lenguaje oral, es decir de las palabras que se emiten. A todos nos ha sucedido en alguna ocasión no ser capaces de entendernos con una persona a pesar de compartir y manejar el mismo idioma, o al revés, llegar a entenderte perfectamente con alguien que habla otro idioma desconocido para ti, a través de gestos, y con muchas ganas.

La comunicación y el lenguaje tiene detrás todas las emociones y la comunicación no verbal que se transmite a través de la cultura y la pertenencia a un grupo. De hecho, cuando alguien nos está hablando y su mensaje a nivel verbal no coincide con el mensaje no verbal (gestos, entonación, mirada, etc.), ¿sabes cuál es el mensaje que prevalece? El que transmite lo no verbal. Es decir que si tú me dices que no te pasa nada y que no hay ningún problema, pero tus gestos me transmiten lo contrario, daré más crédito a lo segundo. Primero aprendemos a leer e interpretar emociones y sentimientos, los bebés muestran una clara preferencia por el rostro humano, y se interesan por los cambios y variaciones en la expresión gestual del adulto. Y eso va configurando su inteligencia emocional.

Cuáles son las señales de alarma

Tal y como ya sabes ahora, el desarrollo del lenguaje empieza mucho antes de que el bebé emita su primera palabra inteligible. De forma que las señales de alarma también se pueden observar de forma temprana:

- Antes de los 24 meses ha de existir un amplio repertorio de palabras con funcionalidad, es decir palabras que se usan con el deseo de referirse a algo, no de forma aleatoria. La mayor parte de los niños a los 18 meses hablan bastante, algunos lo hacen de forma mucho más precoz, de hecho es muy habitual observar que las niñas acumulan un mayor repertorio de palabras y empiezan a construir frases más pronto en la etapa 1-2 años.

- Regresiones: sería llamativo también que el niño pierda o deje de utilizar vocablos que ya había incorporado y utilizado (y que son representativos de su vida diaria, es decir palabras que designan objetos comunes: pan, agua, papá, mamá…).

- Contacto visual: de manera muy precoz, a los pocos meses de vida, el bebé empieza a establecer contacto ocular con su figura de apego, es decir que busca y conecta preferentemente con la mirada de la persona que tiene delante frente a cualquier otro estímulo en el campo visual. Si no es así, debemos consultar con el pediatra este hecho.

- Ausencia de deseo comunicativo: el bebé y el niño trata de llamar la atención del adulto y demandar lo que necesita de muchas formas, y lo podemos observar desde los primeros meses (señala algo que quiere, niega o sacude la cabeza si algo no le gusta). Hemos de atender que los intentos comunicativos van en aumento y cada vez son más sofisticados.

- Apego indiscriminado a la hora de recurrir al adulto: a partir de los 7 u 8 meses los bebés empiezan a mostrar malestar o rechazo hacia las figuras que no le son conocidas, si bien hasta ese momento no mostraba mucha preferencia. Se llama ansiedad ante los extraños, y es un proceso natural y normal que cada bebé exterioriza de una forma. Hay niños que se adaptan fácilmente a los desconocidos, pero cuando se asustan o necesitan algo recurren preferentemente a la figura conocida, es decir que están confortables con otros, pero de alguna forma sabe quién es la figura responsable de su bienestar, y es la primera a la que va a buscar. Asegurarnos de que esto es así garantiza que el bebé está desarrollando un apego seguro y estable.

- Bebé que no interacciona (mirada, balbuceos, gestos, reacciones ante sucesos): esto sería una señal llamativa para cualquier padre o madre, a partir de los primeros meses los bebés tratan de establecer contacto con nosotros, y reaccionan ante los ruidos o los estímulos externos. La reacción al mundo exterior evidencia que es un niño que está conectado y sano. Si nos da la sensación de que hay momentos de desconexión o apatía debemos indagar un poco más.

¿Qué podemos hacer para ayudarle a hablar?

La música y el ritmo son elementos que forman parte del desarrollo del lenguaje: está muy bien que pongamos en contacto al bebé con distintos tipos de músicas, ritmos e intensidades. Y algo muy importante es que no perdamos de vista que el silencio y la quietud también forman parte de la música y de la comunicación. Es decir que no nos tenemos que preocupar de estimular todo el tiempo a los bebés, también los momentos de tranquilidad y de estímulos de baja intensidad forman parte del escenario que permite su mejor desarrollo y sus máximas posibilidades.

Poner palabras a todo es lo mejor que podemos hacer para facilitar el desarrollo del lenguaje y de todas las capacidades mentales. Es especialmente importante hablar sobre aquello que impacta al niño, ya sea porque le gusta y le atrae o bien porque le asusta o le genera rechazo. Por ejemplo si se asusta mucho con un ruido le explicamos que ha sido una moto que ha pasado, o incluso le avisamos antes de que se produzca ese susto. Estamos hechos de palabras, de modo que a más sofisticado sea nuestro discurso interno, nos sentiremos más seguros y completos. Ellos y nosotros.

Cantar canciones, inventar historias y contar cuentos son fórmulas óptimas para estimular el deseo comunicativo y el lenguaje en los más pequeños. Si te interesa el desarrollo de la creatividad y del talento de tus hijos, puedes saber más aquí: www.lalugomez.es

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Producción del vídeo: Jesús Nicolás y Pablo Cantudo

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