Cuentos infantiles

Por qué triunfan los cuentos clásicos

Hadas, brujas, príncipes, ogros… Los cuentos de toda la vida siguen triunfando. A día de hoy pueden parecer crueles o desfasados, pero Caperucita o Pulgarcito son los preferidos de los niños. ¿Por qué?

Por qué triunfan los cuentos clásicos

Los cuentos de hadas son como los castillos viejos: están llenos de pasadizos secretos y tesoros ocultos. A veces lo que no vemos de ellos es más valioso que lo que podemos ver. Tienen defensores y detractores, pero han soportado el paso de los siglos y los seguimos contando. ¿Por qué son importantes en la vida de los niños? En su libro “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, editorial Crítica, el psicólogo Bruno Bettelheim ofrece algunas claves:

  • Los cuentos de hadas plantean problemas existenciales. Haciendo alarde de una incomprensible amnesia (¿acaso no fuimos niños?), a veces nos empeñamos en afirmar que la vida de los niños es pura felicidad. Y sí, aunque el niño sea feliz, también se enfrenta cada día a complejos problemas existenciales.
    La mayoría de los cuentos de hadas comienza planteando un problema existencial, por ejemplo la terrible separación de la madre y el tener que enfrentarse solo al mundo o el abandono de los padres, como ocurre en Hansel y Gretel. Este es un sentimiento que se parece más al que tienen los niños al quedarse solos en el cole por primera vez que lo que muestra cualquier personaje al pasearse por el cole saludando a los amigos. Los cuentos de hadas van al meollo, reflejando a través de símbolos auténticos miedos infantiles.
  • Hablan el lenguaje emocional de los niños (o sea, el lenguaje emocional y de los símbolos, vía directa al inconsciente). A un niño pequeño que se siente excluido no le sirve escuchar que todo cambiará. Sin embargo, “El Patito Feo” puede ofrecerle el consuelo que necesita y una comprensión profunda del sentido de la diferencia. Porque con toda seguridad ese niño se siente diferente y está interpretándolo como una tara. El lenguaje racional tiene sus límites (incluso de adultos, El Patito Feo nos consuela más que una estadística de éxito cuando nos sentimos fuera de lugar).
  • En los cuentos de hadas salen buenos… y malos. Según Bettelheim, nos equivocamos al negar la existencia de las emociones humanas menos deseables: los celos, la envidia, el odio... Queremos evitar a los niños el contacto con historias donde aparezca la maldad o se planteen dificultades. Pero todos, recuerda, tenemos emociones que hemos de aprender a manejar, también los más pequeños, tan esclavos a veces de sus pulsiones. Al negar su expresión, quitamos al niño la oportunidad de verse reflejado. “Los niños saben que ellos no son siempre buenos; y a menudo cuando lo son, preferirían no serlo. Esto contradice lo que sus padres afirman, y por esa razón el niño se ve a sí mismo como un monstruo”, afirma Bettelheim. Lo que ocurre en la mente de un niño ha de tener un reflejo y vía de escape exterior, con explicación y final feliz.
  • Como hemos dicho, los cuentos de hadas exploran lo más complejo de la existencia humana. Para ello se sirven de estructuras fijas que nos dan seguridad: un comienzo que se repite, un nudo cargado de acción y un final (feliz).

 

 

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