Extrema las precauciones

Peligros en la playa con niños que puedes evitar

Estos son ocho de los detalles a los que más atención hay que prestar en una jornada de playa con peques para garantizar su seguridad y que solo queden buenos recuerdos de un día de verano en familia.

La playa es, seguramente, el lugar en el que más felices son los niños en verano. Se sienten libres y muy estimulados ante lo que este lugar poco habitual durante el resto del año para muchos de ellos -afortunados son los que la  tienen cerca de casa-, y también la disfrutan ajenos a los peligros que entraña. Para limitar dicho riesgo es fundamental la labor de los adultos. 

Siempre habrá un pequeño porcentaje del riesgo que no se pueda controlar, pero es absolutamente imprescindible trabajar para que dicho porcentaje sea lo más pequeño posible. Por eso, hay que preparar bien cada ratito de playa con niños y permanecer muy atentos una vez piséis la arena en familia. Sí, el día acaba siendo agotador, pero habrá merecido la pena para ellos que lo habrán disfrutado al máximo y tranquilizador para vosotros porque no quedarán más que buenos recuerdos de la jornada. 

Hay al menos ocho detalles en los que debemos mucha atención cuando hablamos de niños y playa. Son estos: 

Riesgo de perderse

En la playa, nunca hay que perder de vista a los niños. Nunca. Y esto vale para dentro del agua, por supuesto, pero también para el resto del tiempo. Ya pueden estar sentados jugando en la arena tranquilos delante vuestro con otros niños o en la orilla del agua o jugando en los columpios cerca de la toalla si la playa donde estáis los tiene: nunca les quitéis los ojos de encima. Y si necesitáis hacerlo, como es normal, pedid a otro adulto que os dé el relevo en la tarea. 

Corrientes internas de agua

Las playas más adecuadas para peques son aquellas que incluyen servicio de salvamento y vigilancia. Estas, además, cuentan con información en tiempo real sobre el estado del mar. Las banderas conocidas por todos son el mejor ejemplo de ello. Sin embargo, sigue siendo habitual ver a gente que no hace caso de lo que estas indican. Y ocurre sobre todo cuando el mar está aparentemente tranquilo. Nunca dejéis a un niño o niña bañarse si la bandera está roja o amarilla y veis que no hay ni siquiera olas. Seguramente, las corrientes internas del mar en ese momento son fuertes y, por ende, peligrosas para vuestra seguridad y la de los peques. Las banderas, en definitiva, son marcadores informativos muy fiables.

Arena excesivamente caliente

Parece una tontería pero no lo es, especialmente en peques con pieles atópicas o sensibles al calor. La arena muy caliente, habitual en las horas centrales del día de los meses de verano, puede provocarles quemaduras en las plantas de los pies. Y estas nunca son agradables. Explicadles que la arena quema y recomendadles entonces que no se quiten las zapatillas hasta llegar a la zona donde esté húmeda o a la sombra.

Exposición prolongada al sol

En la look playero de los peques no puede faltar la gorro o gorro de verano. Y además, es fundamental proteger su piel con un fotoprotector alto, FP 50+. Recuerda que es aconsejable ponerla por primera vez unos minutos antes de la exposición, que hay que volver a proteger la piel cada 1-2 horas dependiendo de la edad del peque y de lo que se haya bañado, y que es aconsejable también utilizar un producto exclusivo para la cara, distinto del protector corporal.

El estado de la arena

Las playas, por lo general, están muy limpias en verano, pero eso no quita para que la arena esconda pequeños restos marinos resquebrajados, sobre todo cerca de la orilla, restos de basura, o para que puedas encontrar irregularidades peligrosas en ellas, como es el caso de los hoyos. Es aconsejable explicárselo a los niños para que siempre que caminen por ella miren, en la medida de lo posible, a la arena en cada paso que dan. Sus pies y tobillos se lo agradecerán.

Las zonas rocosas

Es muy divertido ir a las zonas de rocas con niños y adolescentes, ya sea a explorarlas en busca de animales, por ejemplo, o a ver como pescan. En este caso, si el mar está tranquilo, las rocas no tienen por qué ser peligrosas, pero sí es necesario acudir a ellas bien calzados con zapatillas de agua (tipo cangrejeras, por ejemplo) para evitar los cortes en los pies y también protegidos contra el sol. 

No es recomendable en ningún caso otra actividad habitual en zonas rocosas de las playas: saltar al mar desde puntos elevados. Entendemos que puede resultar atractivo pero el riesgo de ello es elevadísimo por lo que es una actividad que deberíamos eliminar de la ecuación, tanto con menores como sin ellos.

Acceso al agua

Con niños pequeños, especialmente con aquellos que no naden todavía bien, hay que estar muy atentos a la hora de los baños. Primero, en la entrada al mar, porque algunos tienen cambios de nivel bruscos que pueden provocar un susto importante. Y segundo, una vez dentro del agua, evitar entrar mar adentro a zonas donde no hagáis pie ni estéis 100% seguros si estáis supervisando a uno o varios peques. 

Si en las piscinas no hay que olvidarse de la llamada norma 10/20 -mirar cada 10 segundos al agua desde una distancia inferior a 20 segundos para alcanzar al niño con el brazo-, en el mar es absolutamente imprescindible no perderles de vista y estar junto a ellos si son pequeños o muy cerca si nadan bien y son más mayores. 

Los inflables

Es difícil resistirse a utilizarlos porque a los niños les encantan (y a los adultos) pero hay que ser muy conscientes del peligro que engloban. Con los que son tipo colchoneta se puede jugar siempre que un adulto esté supervisando la acción y no se lleve a cabo mar adentro, pero no se deben utilizar en ningún caso aquellos que tengan aberturas centrales; es decir, que sean tipo flotador. Ni siquiera los donuts que tanto se ven en las playas. Son muy peligrosos con niños de por medio porque se pueden colar en un despiste.

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