Salud

Le duele la tripa: ¿cuándo debo preocuparme y cuándo es cuento?

No debemos restar importancia a las señales del niño pero tampoco generar alarma, pues esto puede, incluso, crear más preocupación en el pequeño y aumentar su dolor.

Cómo actuar

A Fran le duele la tripa, dice que le duele mucho, así que en el último minuto su madre llama al trabajo, y se queda en casa con él. Su sorpresa es mayúscula cuando diez minutos más tarde lo encuentra jugando feliz, sin síntoma alguno. «Me has engañado, tú no estás malo», le dice a Fran enfadada. El niño la mira consternado. Y es que a Fran sí le ocurría algo, pero ya no, o al menos ya no tanto. Quedarse en casa con su madre le ha hecho sentir seguro y su dolor de barriga ha desaparecido. ¿Qué puede estar pasándole?

La neurocientífica Sonia Lupien, investigadora del estrés en el Instituto Universitario de Salud Mental de Montreal, afirma que en los niños el dolor abdominal es la primera señal de estrés. Cuando el estrés empieza a cronificarse la digestión cambia y lo que en los adultos se manifiesta como problemas de digestión, en los niños aparece como «dolor de barriga».

La situación en la que se presenta el dolor de tripa y la forma en que se va nos dan pistas. Si el niño se queja cuando nos preparamos para llevarle al cole, lo que le pasa puede estar relacionado con el centro escolar. Tal vez tiene algún problema, le han pegado en el recreo, le ha regañado la «seño», su mejor amigo le ha dicho que ya no es su amigo o tiene un examen.

También puede tener que ver con nosotras: a lo mejor no quiere separarse de mamá, por cualquier motivo. Perderla de vista le provoca estrés.

«Los niños suelen representar sus conflictos psíquicos a través del cuerpo o del comportamiento», recuerda el psicólogo Pablo García Túnez. Hemos de atender sus señales con sensibilidad. También con cuidado, porque si cada vez que le duele la barriga lo dejamos en casa en lugar de ayudarle a afrontar sus dificultades, es posible que diga que le duele la barriga cada vez que no quiera ir al cole. Debemos ayudarle a afrontar la situación que le causa estrés, en lugar de reforzar que la evite, siempre, con flexibilidad.

Cuando un niño se queja a menudo de dolor de barriga la primera medida será visitar al pediatra: él descartará o confirmará algunas de las causas más comunes del dolor de barriga de origen físico, como el estreñimiento, las intolerancias alimentarias o los parásitos intestinales, entre otros. Si el médico concluye que el origen no es físico, tendremos que afrontar el asunto de otra manera.

¿Puede el niño tener dolor de barriga sin que haya una causa física? Sí. Se llama dolor de barriga funcional. Lo llamamos «cuento», pero de cuento no tiene nada.

Este dolor funcional suele ser difuso, en torno al ombligo. Si le pides al niño que señale dónde le duele, no concretará dónde es. Y puede aparecer coincidiendo con ciertas situaciones. Sin embargo, el dolor suele tener un origen físico, si va acompañado de otros síntomas, si despierta al niño por la noche, si se localiza en un punto concreto, si va acompañado de dolor de espalda o si el pequeño ha perdido peso o ha dejado de crecer.

De los dos dolores, el más común, con diferencia, es el funcional. Entre el 15% y el 20% de niños y adolescentes en edad escolar sufre alguna vez este problema. Sin embargo, cuando el pediatra descarta la causa física, a veces respiramos tranquilos y concluimos: «Pues ya está, no le pasa nada». No es cierto. Le pasa, y hemos de buscar soluciones, igual que lo haríamos ante unos parásitos intestinales.

Cómo actuar

«Cuando un conflicto psíquico se expresa a través del cuerpo es normalmente por falta de recursos: cuando las cosas se pueden hablar, el malestar corporal disminuye», afirma Pablo García Túnez. A veces ni siquiera es necesario encontrar una solución: basta con decir lo que pasa para que desaparezca el dolor físico y emocional.

Hay muchas cosas que los padres pueden hacer para ayudar a su hijo, y esta es quizá la más importante: mirar al niño, escucharlo, crear un clima en el que pueda expresarse. Observar, de forma indirecta, su vida para localizar eso que le resulta tan estresante: ¿sufre acoso en el cole, asiste a menudo a discusiones fuertes entre nosotros, se ha muerto su mascota, se ha mudado de casa su mejor amigo? Hay asuntos a los que los adultos no damos importancia pero que generan un gran conflicto en el niño.

La palabra no es la única forma de expresión. Cuanto más pequeños son los niños, más importancia cobran otras vías, como el dibujo y, sobre todo, el juego. Los niños resuelven sus problemas jugando. Entre el 30 y el 50% de los dolores de barriga recurrentes de origen funcional desaparecen de forma espontánea; y es que los niños siempre buscan la manera de solucionar sus conflictos, si les dejamos mucho tiempo de juego.

También podemos favorecer que nuestro hijo haga deporte, porque le ayudará a liberar estrés, y dar prioridad a las actividades en las que se siente bien: ir al cine juntos, hacer excursiones, etc.

Es suficiente con localizar el conflicto, prestarle atención, escucharlo. «Es como cuando se cae, le acariciamos y se le va el dolor», recuerda Pablo García Túnez. Si lo escuchamos, lo mimamos, lo acariciamos, jugamos más con él, sin por eso dejar de mantener los límites necesarios y las normas básicas que rigen la convivencia, puede que vaya resolviendo su conflicto.

Si el dolor de barriga persiste y además va acompañado de ansiedad, agresividad o timidez, ha llegado el momento de buscar un especialista, alguien que le ayude a desarrollar herramientas para afrontar sus dificultades.

 

Asesor: Pablo García Túnez, psicólogo clínico infantil, vocal del Consejo Andaluz para Asuntos de Menores.

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