Caminar descalzos

Caminar con pies descalzos: ¿sí o no?

¿Debemos dejar que nuestros hijos caminen descalzos? ¿Tiene esto beneficios o puede ser contraproducente? Existe polémica sobre este tema, pero los expertos nos aclaran las dudas. ¡Toma nota!

Las actividades y tareas del día a día obligan a calzar los pies para protegerlos de las posibles agresiones del exterior. No obstante, realizar el ejercicio de andar descalzo en la medida de lo posible, cuando estemos en casa, etc., será beneficioso para nuestro cuerpo por diversas razones pues la gran cantidad de terminaciones nerviosas que poseen nuestros pies nos va a permitir una mejor tonificación y propiocepción, descansar del uso del calzado, liberar movimientos, mejorar la circulación, relajar músculos, e incluso optimizar la estructura anatómica y los procesos mecánicos del cuerpo, entre otras cuestiones.

En la medida en que vamos creciendo, la posibilidad y el tiempo posible para andar con los pies descalzos disminuye. Por ello, debemos dejar que los niños lo hagan siempre que sea posible. Sobre todo cuando se encuentren en las primeras etapas. De hecho, hay estudios que sugieren un mejor desarrollo en el pie de aquellos niños que han tenido más momentos de estar descalzos en comparación a niños que han ido todo el tiempo calzados.

Isabel Gentil García, profesora de la Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la Universidad Complutense de Madrid, elaboró hace unos años un interesante estudio titulado "Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes", donde analiza la importancia de los pies en los niños para su desarrollo. Algunas de las interesantes conclusiones de este estudio, siguiendo las teorías de Piaget, creador de una Teoría sobre la Inteligencia, aseguran la importancia del movimiento en la primera  infancia para el desarrollo intelectual, y por tanto, los pies descalzos como motor para la percepción e información táctil, además de la relación con el espacio.
De este modo, desde el nacimiento a los dos años, la manipulación del propio cuerpo, así como la dicha percepción de los movimientos, juegan papeles fundamentales para que los pequeños aprendan a organizar la información sensorial. Tener los pies libres les ayudará a gestionar el entorno y la noción de su propio cuerpo en el espacio. Es decir, los pies descalzos actúan a modo de receptor para el mejor desarrollo de la inteligencia. Por ello, sobre todo en la primera etapa de la vida, la pre-andante, no es aconsejable calzar a los niños, excepto para proteger del frío

Siguiendo de nuevo este estudio, son numerosos los autores que coinciden con Piaget para asegurar la importancia del desarrollo como compleja interacción entre el entorno y el organismo, y en este sentido, una de las pautas que más influyen es el autoconocimiento del propio cuerpo.

Una vez que nuestros hijos comiencen a andar e intensifiquen sus actividades, la necesidad de proteger los pies limitará la posibilidad de que anden descalzos. No obstante, es importante tener en cuenta que, siempre que el entorno lo permita, andar descalzo será beneficioso a cualquier edad de la vida. Por ello, tanto en niños más mayores como en adultos, se recomienda andar descalzo en casa, aunque sea por unos minutos al día, para favorecer la musculatura y la movilidad del pie. Lo ideal sería hacerlo sobre una alfombra, aunque si podemos hacerlo en un entorno natural, como de arena o césped, muchísimo mejor.

Artículo elaborado por Juan Carlos Montero, Vocal de Publicidad, Comunicación y Redes de COPOMA

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