El descanso, después de comer

Claves para que duerma la siesta

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Cuando el niño cumple 2 años ya no necesita dormir tantas horas como de bebé, pero la siesta diurna sigue siendo fundamental para reponer fuerzas y relajarse.

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Los expertos lo tienen claro: los niños de dos años deben seguir durmiendo una media de 10 o 12 horas de sueño nocturno y una hora y media o dos de siesta, según la actividad física y el carácter del niño.

Múltiples ventajas

  • Durante el sueño se producen cambios fisiológicos que ayudan al cuerpo a recuperar la energía que han gastado por la mañana y coger fuerzas para el resto de la jornada. 

  • Además, la siesta es muy útil para combatir el nerviosismo. Para saber como se siente un pequeño que ha descansado poco solo tenemos que recordar cómo estábamos al final de la jornada tras una noche de insomnio: estresados, irritados, malhumorados y agotados.  Los niños además se alteran mucho. Sin la siesta el día puede resultar demasiado largo y agotador para un terremoto de dos años. 

  • Y mejor dormir después de comer, aunque algunos niños prefieren descansar a media mañana. Después del almuerzo se asimilan mejor los alimentos y se favorece el crecimiento

Claves para favorecer la siesta

El calor y el alargamiento de los días pueden alterar su ritmo de vida y hacer que se opongan a la cabezadita vespertina. No pasa nada porque un día o dos no quieran dormir, pero si la negativa continúa durante varios días, habrá que tomar algunas medidas para ayudar al pequeño. Los expertos consultados ofrecen los siguientes consejos para favorecer la siesta:

  • Horarios fijos. La rutina es primordial. Conviene que se acuesten todos los días a la misma hora, y procurar que no  empiecen el sueño muy tarde porque luego les costará irse a dormir a su hora por la noche. 

  • Un máximo de dos horas. Salvo situaciones excepcionales (esta malito o ha dormido poco la noche anterior). Si se pasan luego les costará conciliar el sueño por la noche.
     
  • Un ambiente propicio. La habitación debe estar fresca, y el cuarto a media luz para ayudarle a diferenciar el sueño diurno del nocturno. 

  • Ropa cómoda. No hace falta ponerles un pijama, pero si conviene quitarle los zapatos y liberarles de prendas que puedan oprimirle (una camiseta de manga larga está bien). 

  • Un  placer, en lugar de un castigo. Debemos esforzarnos porque sienta la siesta como un acto placentero y necesario para recuperar fuerzas y seguir jugando cuando se despierte. Es sumamente importante que no lo vean como un castigo o una forma de quitarles de en medio para que no den la lata.

  • Un ritual agradable. Aunque es fundamental que aprendan a conciliar el sueño por si solos, cuando están muy nerviosos podemos acompañarles durante un rato o seguir el ritual de la noche de forma más breve: leer un cuento, cantar una canción tranquila... Cuando  empiecen sentirse relajados podemos retirarnos lentamente  y dejar la puerta abierta para que sientan que seguimos cerca.
     
  • Cuidado con las recompensas. Pueden sacarnos del apuro un día, pero no deben utilizarse como argumento general. El  nunca es bueno. 

  • Algo familiar. Algunos niños se adaptan sin problemas a los cambios y pueden echar la siesta en cualquier lugar pero otros se descentran en cuanto se alteran sus hábitos. Cuando duermen fuera conviene que lleven consigo algo que le resulte familiar como su almohadita. 

  • Control del sueño nocturno. En algunos casos el rechazo al descanso diurno puede venir motivado por un exceso de sueño nocturno. Se aconseja procurar que el niño duerma algo menos por la noche y evitar que lo haga en otros momentos del día ajenos a la hora de la siesta y acudir a un profesional cualificado cuando se sospecha que un pequeño tiene un trastorno del sueño.

 

 

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