¿Es posible detectarlo?

Cómo saber si mi hijo tiene alergia a algo

Su variado origen y los múltiples síntomas que se pueden asociar a esta reacción anómala del sistema inmune complica mucho tanto la detección del problema como la causa que lo desencadena, pero se pueden tomar medidas de control que faciliten la tarea primero a los padres, y después a los médicos especialistas.

La alergia es uno de los apéndices de la salud que más preocupa a los adultos que tienen hijos. Hay mucha desinformación al respecto por distintos motivos: que sea una materia sobre cuya causa final no haya un consenso científico claro todavía; que existan antecedentes en la familia y se sepa que el componente hereditario tiene influencia en que pueda aparecer en generaciones posteriores; y también los nuevos descubrimientos que dejan obsoletos conocimientos anteriores que sin embargo en la calle permanecen vigentes, son algunos de ellos. Y a todos estos y algunos otros factores que no hemos citado, hay que sumar a la ecuación al menos otros dos que añaden una dosis enorme de incertidumbre: la dificultad para detectarlas debido a su diversidad de síntomas y orígenes posibles.

Sí se sabe  que, tal y como explica la pediatra Lucía Galán Bertran en esta entrada en su conocido blog -en las redes como ‘Lucía, mi pediatra’- “los niños no nacen alérgicos. Las reacciones de hipersensibilidad o las alergias se van desarrollando con el paso de los años, en ocasiones van sumando alergias”. Pero detectarlas no siempre es fácil porque pueden presentarse con síntomas muy diversos, tanto en forma como en nivel de gravedad e intensidad. De hecho, a veces sí es obvio que un niño padece alergia, pero puede costar encontrar la causa porque también son muy variados los estímulos que para la gran mayoría de la población son inocuos y que, sin embargo, pueden producir una reacción patológica del sistema inmune del organismo en algunas personas.

Alergias alimentarias

De entrada, conviene diferenciar las alergias entre las alimentarias y las que no lo son, porque el protocolo en niños pequeños, desde los seis meses en los que se introduce la alimentación complementaria, es claro. Ya hemos hablado en otras ocasiones de las recomendaciones sanitarias al respecto, reflejadas en protocolos de instituciones como la Asociación Española de Pediatría, que hablan de introducir los alimentos nuevos “de uno en uno y en intervalos de varios días para observar la tolerancia y la aceptación”. 

Los síntomas en los que deriva son de diversa naturaleza, ya que pueden según la American Academy of Pediatrics pueden aparecer “problemas en la piel - urticaria, lesiones rojizas que provocan picazón, o hinchazón-; de respiración -estornudos, sibilancias o estrechez de garganta-; estomacales - náuseas, vómitos o diarrea-; o circulatorios palidez, mareos e incluso pérdidas de conocimiento-”. Sin embargo, si se es responsable con las recomendaciones médicas a la hora de introducir nuevos alimentos y con un control de las reacciones del organismo del niño a ellos, las alergias alimentarias son mucho más sencillas de detectar para los padres, que pueden consultar al médico e incluso darle una pista excelente de a qué puede deberse en base a lo observado. 

Otras alergias

No es tan sencillo, en cambio, en las alergias a estímulos no alimentarios, que en muchos casos aparecen de forma súbita e inesperada, porque no siempre tienen por qué aparecer la primera vez que el menor se expone a dicho estímulo, ya sea la proteína de la caspa de algunos animales -perro, gato, caballo, etc.-; ácaros; medicamentos; moho; polen de hierbas, plantas y árboles; u otros productos concretos como el látex que también pueden producir alergias en los seres humanos. 

Algunas de estas alergias, como la del polen, son estacionales, y otras permanentes, algo que puede ser una primera pista para detectarlas, sobre todo en el caso de las primeras, que suelen aparecer en primavera. En cuanto a la sintomatología, en opinión generalizada de la comunidad médica y personalizada en boca de la American Academy of Pediatrics,  “Algunas alergias son fáciles de identificar por el patrón de síntomas que viene después de la exposición a alguna sustancia en particular. Pero otras son sutiles y se pueden hacer pasar por otras afecciones”. En el citado artículo se explica que los síntomas son muy similares  a los de un resfriado -goteo nasal, congestión nasal, estornudos, picazón de ojos, ojos llorosos o carraspeo de garganta entre otros- pero que, a diferencia de lo habitual en este tipo de enfermedades, se alarga de forma prolongada en el tiempo e incluso crónica. 

Además, como ocurre en las alergias alimentarias, también pueden aparecer síntomas en la piel y en el sistema respiratorio, como es el caso del asma. Esta enfermedad es otra pista de fiar en la detección de alergias porque como apunta la doctora Galán Bertrand, “no todas las personas con alergias padecen de asma, pero la mayoría de personas con asma padecen de alergias”.

Las pruebas decisivas

Como ya imaginas, salvo ejemplos muy concretos -exposición de un niño a caballos en una cuadra por primera vez en su vida horas antes de una reacción compatible con la alergia-, no serán tan fáciles de asociar los síntomas a una alergia para los padres, pero sí será más que suficiente como para acudir al médico, que con toda probabilidad derivará al niño al alergólogo si ve indicios de alergia. Este hará las pruebas que considere oportunas para diagnosticar o descartar si el paciente padece alergia, pero “para su correcto diagnóstico es fundamental una buena historia clínica. Uno no puede ir a la consulta del alergólogo a que le hagan las pruebas de la alergia a todo”, advierte la pediatra Lucía Galán. 

Por lo tanto, es fundamental que los padres entiendan la importancia de llevar un control y hacer memoria en caso de que se haya desencadenado un desorden del sistema inmune compatible con la alergia porque de lo contrario, sin contar con pistas -qué ha comido o dónde ha estado en las horas previas, por ejemplo- ni antecedentes clínicos -por ejemplo, que esté diagnosticado de asma-, encontrar el estímulo que ha podido provocar dicha reacción en el niño puede ser realmente complicado, incluso imposible, y entonces habría que esperar a que vuelva a suceder, con el consiguiente trastorno que ello supone para la salud del pequeño. 

Las pruebas, por cierto, se pueden hacer a cualquier edad, si bien sus resultados no garantizan que la alergia no aparezca en el futuro. No es esta una patología fija, como sí lo son los resultados de las pruebas, o que se desencadene en un tramo de edad concreto, por lo que nunca se puede descartar que un niño la sufra a lo largo de su vida. 

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