Fiebre en niños

Convulsiones febriles: qué debes saber y qué hacer

Cuando el bebé o el niño tiene mucha fiebre, es posible que surjan las temidas convulsiones febriles. Saber por qué ocurre y qué hacer al respecto es muy útil para los padres, especialmente a la hora de mantener la calma.

“Javier está jugando con su tren. Tiene dos años y lleva unos días acatarrado. De repente se siente peor, más decaído y deja de jugar. Su madre le toca la frente y lo nota más caliente, así que va a buscar el termómetro, pero no lo encuentra en el botiquín. Se pone a revolver los cajones, el baño, va a la cocina, vuelve…y al entrar en el salón se encuentra a Javier pálido, con la mirada perdida, los labios morados y rígido. Su madre intenta que vuelva en sí pero no lo consigue, decide llamar a una ambulancia, con los nervios casi no puede desbloquear el móvil y marcar… para cuando consigue hablar con la operadora de urgencias Javier está volviendo a recuperarse…”.

Convulsiones febriles
Foto: Istock

Os cuento este caso al principio para poneros en situación. Una convulsión febril puede aparecer en cualquier momento, ya que la mayoría de las veces ocurre con los primeros picos de fiebre, y ni siquiera ha dado tiempo a llevar al niño al pediatra.

Es importante que entendamos que, pese a ser una situación especialmente angustiosa, la gran mayoría de las veces no tiene repercusiones ni secuelas y se resolverá en pocos minutos.

¿Qué son las convulsiones?

Una convulsión es aquella situación en la que, de forma brusca, el niño empieza con movimientos musculares repetidos, anormales, o rigidez acompañados, habitualmente, de pérdida de conciencia por lo que el niño no responde a la llamada o a estímulos.

En los niños, la mayoría de las veces las convulsiones están desencadenadas por fiebre.

¿Y qué es una convulsión febril?

Es una respuesta del cerebro ante la fiebre que se produce en algunos niños sanos entre los 6 meses y los 5 años de edad. Casi siempre ocurren en los dos primeros días de fiebre o incluso con el primer pico febril. Son frecuentes: de 3 a 5 niños de cada 100 las padecen, lo que equivale a 1 ó 2 niños de una guardería. Además, después del primer episodio, 1 de cada 3 niños tiene otra convulsión. Algunos niños tienen más predisposición a tener convulsiones cuando tienen fiebre, incluso cuando la fiebre no es alta.

Cualquier infección banal (catarro, anginas, gastroenteritis, otitis) con fiebre es capaz de desencadenar una convulsión febril. Muchas veces la convulsión es el primer signo que nos indica que el niño tiene fiebre.

¿Cuáles son los síntomas?

El niño pierde de repente la conciencia, el cuerpo puede ponerse rígido y comenzar con sacudidas rítmicas de los brazos, piernas y cabeza o bien se queda completamente flácido. Es frecuente que la boca esté cerrada con fuerza o morada y la mirada perdida o los ojos en blanco. Aunque los padres siempre van a tener la percepción de que la convulsión ha durado mucho la realidad es que la mayoría de las veces cede en menos de cinco minutos. Tras este episodio el niño queda en un estado que llamamos “postcrítico”, suele dormirse o mostrarse confuso.

¿Qué puedo hacer y qué no debo hacer?

Cómo actuar en caso de una convulsión febril
Foto: Istock

Una convulsión febril siempre es un momento de ansiedad máxima y los padres que han pasado por una situación así te dirán que en ese momento “no puedes pensar de la angustia que tienes” pero, en caso de que te ocurra, intenta mantener la calma y tumbar al niño de lado, sobre un costado (esto le permitirá respirar mejor) y lejos de objetos con los que pueda golpearse.

No es necesario realizar respiración artificial, ni sacudir, golpear o detener los movimientos del niño. Es conveniente que el niño sea valorado por un médico que confirme el diagnóstico por lo que te recomiendo que acudas al centro de salud u hospital más cercano.

¿Se pueden repetir las convulsiones febriles?

Uno de cada 3 niños volverá a repetir la convulsión febril. Los niños que tienen su primera convulsión febril con menos de un año y aquellos con antecedentes familiares de crisis febriles tienen más posibilidad de volver a sufrir una convulsión.

¿Qué consecuencias tiene?

Hay una buena noticia y es que por muy dramáticas que sean, por muy mal que lo pasemos, por mucha angustia que tengamos, las convulsiones febriles tienen buen pronóstico y no ocasionan problemas neurológicos posteriores, ni daño cerebral ni aumento del riesgo de epilepsia. Son niños normales y deben llevar una vida normal. Además, la mayoría de las ocasiones no necesitan ningún tratamiento.

Es importante recordar que la peor consecuencia de las convulsiones febriles son los accidentes de tráfico que se producen camino del hospital.

Carmen de la Torre

Carmen De La Torre Morales

BIO: Licenciatura en Medicina por la Universidad de Córdoba, Especialidad en Pediatra en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. Máster en Urgencias Pediátricas por la Universidad de Sevilla. Experiencia de 12 años en la consulta de Pediatría. Creadora de contenidos en YouTube e Instagram.

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