La evolución del niño

¿Cuáles son las etapas del crecimiento?

Si desconoces las diferencias entre pubertad y adolescencia, o no sabes cuánto se prolonga la niñez porque todavía te pilla lejos, piensa que el tiempo pasa volando y es recomendable tener la fotografía de lo que le espera a tu pequeño, y por extensión a sus padres, en los próximos años.

Bebé gateando
Bebé gateando (Foto: depositphotos)

La cabeza siempre va un paso por delante, y generalmente lo hace alentada por las dudas sobre lo que vendrá en un futuro cercano. La maternidad es un ejemplo perfecto de ello: con el embarazo, los futuros papás están ansiosos por saber qué se verá en las siguientes ecografías; cuando dan la bienvenida a su bebé, ya están pensando en qué ocurrirá durante el primer año de vida de su pequeño; y casi sin terminar de disfrutar la etapa inicial, llegan las dudas sobre la vida escolar y las etapas de crecimiento. Dudas e  incertidumbres se entremezclan sin remedio entre sensaciones maravillosas y otras que no lo son tanto, sobre todo en esos días en los que el cuerpo echa de menos unas horas más de sueño de calidad. 

Las dudas son inevitables, pero hay una forma de limitarlas: conocer bien en qué consiste el crecimiento de un niño. Sobre todo, cuáles son sus etapas y qué caracteriza a cada una. Tampoco es que haya que documentarse en profundidad diez años antes de que llegue la adolescencia a vuestra casa, pero sí conviene tener clara la fotografía global, y a partir de ahí profundizar en cada etapa a medida que van apareciendo. De lo contrario, abundarán las comparaciones, generalmente negativas, con el desarrollo de otros críos de su edad; aparecerán las dudas acerca de su comportamiento en cada tramo de crecimiento; y esto no suele tener un impacto positivo en los papás. 

Cada niño, su ritmo

Existe un esquema general sobre las etapas de crecimiento, y lo vamos a compartir contigo para arrojar luz a tu mar repleto de preguntas al respecto, pero lo más importante que cualquier mamá y papá tienen que grabarse a fuego en su cerebro es que, dentro de unos límites bastante amplios, cada niño lleva su ritmo de crecimiento individual sin que moverse hacia un lado u otro de dichos ritmos signifique nada malo o preocupante. 

Dicho esto, a lo largo de la infancia se produce el crecimiento biológico del menor. En los primeros dos años de vida, los seres humanos se disparan en cuanto a tamaño y peso. En concreto, triplicará aproximadamente su peso y crecerá hasta en 25 centímetros su altura. A esto, por supuesto, hay que añadir el desarrollo psicomotor, que evoluciona a un ritmo de vértigo. Hasta el punto de que en ese tiempo la criatura pasa de ser un bebé que duerme casi todo el día a estar completamente erguido y andar con autonomía, además de ir comiendo solo y empezar a desarrollar el habla, entre otras muchas facultades, que van puliendo en el tercer año de vida, último del primer ciclo de educación infantil, por tener la referencia escolar, que suele ser muy útil en estos casos. 

Factores que influyen más allá de la genética

Es cuando los peques se encaminan hacia los cuatro años cuando su desarrollo físico se ralentiza primero y estabiliza después -aunque mantiene la tendencia a disminuir- tanto en los niños como en las niñas, y no hay excesivas variaciones hasta la llegada de la pubertad. Esta es la tendencia general, ya que en cada caso particular hay otros factores que, demostrados científicamente, influyen en el crecimiento de los pequeños: algunos obvios como es el componente genético, pero también la alimentación, la vida activa e incluso el factor emocional. Toda esta etapa coincide en el tiempo con el ciclo escolar de primaria. 

La pubertad aparece en la vida de los menores como el instituto, de repente y alrededor de los 12 años, aunque es casi imposible concretar una edad, especialmente en el sexo femenino, donde esta, también llamada adolescencia inicial, puede aparecer mucho antes -la OMS establece en 10 años la edad del inicio de esta etapa-. Se dice de la adolescencia media -a partir de los 13-14 años- o del paso a la universidad como momentos traumáticos, pero en realidad es este el primer gran punto de inflexión en el crecimiento del ser humano. 

Este se acelera de nuevo, siendo protagonistas en este caso los cambios a nivel madurativo, lo cual está íntimamente relacionado con el desarrollo de los caracteres sexuales del cuerpo. La menstruación en las mujeres y la voz y el vello en los hombres son seguramente los factores que más se aprecian en este big bang particular que vive el cuerpo humano a partir de la pubertad. Por supuesto, no ocurre igual en todos los jóvenes, generalmente llega antes en las chicas, y no en todas al mismo tiempo. 

El boom de la pubertad

Las diferencias temporales que ya existen de manera evidente en el estallido de la pubertad entre cada individuo se agrandan en la adolescencia media, tramo de la adolescencia que en las chicas aparece alrededor de los 13 años y en los chicos puede retrasarse hasta los 15. Es más difícil concretar edades exactas para cada cambio, pero sí se puede generalizar en que hay una distinción clara entre la evolución de los individuos en función de su sexo, y que estos cambios son tanto físicos como madurativos, incluyendo en esto el gran salto a nivel mental que se produce en este tramo del crecimiento, ese que a padres y abuelos les lleva a decir “ya no es una niña/niño, es toda una mujer/hombre”. 

En realidad, la adolescencia no habrá acabado en ese momento, pero sí es cierto que es el cénit del crecimiento. A partir de ahí, el crecimiento se frena en seco en la llamada adolescencia final, en la que se da por concluido, al menos a nivel físico, ya que culmina con el salto a la etapa conocida por todos como juventud, que la OMS sitúa entre los 19 y 25 años. 

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