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Cómo detectarlo

Fimosis: todo lo que hay que saber

Es un problema de salud que aparece en un porcentaje reseñable de niños menores de tres años y, aunque es muy probable que desaparezca con el tiempo de forma natural, será el pediatra el que observe su evolución por si requiere algún tipo de tratamiento.

bebé
Bebé (Foto: depositphotos)

La estrechez de la abertura del prepucio que impide descubrir el glande de forma parcial o completa es lo que se conoce en el argot médico como fimosis, patología cuya primera causa es congénita, de ahí que sea habitual en los niños, en los que es fácil de detectar. 

Según explican los expertos, hay tres tipos distintos de fimosis: puntiforme, si el estrechamiento del prepucio se localiza en la zona del orificio, lo cual dificulta la micción; cicatricial, cuyo síntoma más reconocible es que la parte externa del orificio del prepucio está dura; y anular, cuando el prepucio no se retira totalmente y forma una especie de anillo alrededor del glande. 

Cómo diagnosticarla

Será el pediatra el que diagnostique la fimosis en cualquiera de sus tipos si esta aparece en un niño durante las revisiones rutinarias, y la observará hasta decidir si es necesario actuar de alguna forma determinada. “Generalmente, el pediatra durante las revisiones rutinarias observará la evolución de la piel, si estas van desapareciendo de forma progresiva se dejará que sea el proceso natural quién lo elimine.

Se recomienda que se cuide la higiene y se retraiga la piel del pene, un poco, para facilitar este proceso. Nunca hay que dar tirones puesto que puede producir dolor y cicatrices permanentes.” explican al respecto desde Sanitas.

Cómo tratarla

Es importante recalcar que la fimosis en niños puede desaparecer de manera natural en un porcentaje elevado de casos. Así se explica, con datos concretos que lo argumentan, en el artículo El pediatra ante los procesos más frecuentes de Urología pediátrica, firmado por los doctores Jesús Gracia Romero y Yurema González Ruiz, “La fimosis es fisiológica en el recién nacido y lactante. Cuando a partir de los 3-5 años se van separando prepucio y glande por el acúmulo de restos epiteliales (esmegma) y las erecciones naturales, hace que se produzca una dilatación progresiva del prepucio, lo que permite la retracción. A los 3 años el 90% de los prepucios descienden totalmente. Menos de un 1% de los varones de 17 años presenta fimosis”. 

Por lo tanto, el pediatra, en las revisiones periódicas, comprobará la piel del pene, probando si al retrotraer el prepucio el glande queda descubierto. De no ser así, es porque el prepucio no es lo suficientemente ancho y entonces se puede hablar de fimosis, cuya principal consecuencia es que dificulta la higiene del pene. El médico puede optar por recetar un tratamiento con corticoides tópicos.

Y si no responde al tratamiento o presenta complicaciones derivadas de ella como la dificultad al miccionar, o infecciones como la balanitis -inflamación de la cabeza del pene- o parafimosis -el prepucio no puede volver a su posición normal-, los doctores Gracia y González advierten de que la fimosis tendrá entonces que operarse. La intervención quirúrgica consiste en fijar el anillo del prepucio en la parte posterior del glance. Es una técnica que se conoce como circuncisión, y es a la que se recurre habitualmente, aunque hay otras alternativas, como es el caso de la prepucioplastia, que consiste en dejar en su lugar natural al prepucio y agrandar el anillo prepucial. 

Cómo prevenirla

Es fundamental, en cualquier caso, prestar mucha atención a la higiene en la zona genital de los niños menores de tres años. No hay que hacer nada especial, pero sí limpiar a conciencia el pene con agua y jabón, retirando sin hacer movimientos bruscos la piel del prepucio para poder retirar la suciedad que se acumula en los pliegues y el interior del mismo. La mayor parte de esta será el esmegma, que es el nombre que recibe la secreción blanquecina y densa de los órganos genitales. 

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