Alimentación

Mi hijo está gordito, ¿debo ponerle a dieta?

Muchos bebés y niños gorditos se estilizan a partir del segundo cumpleaños, por eso en edades bajas no se aconseja ponerles a dieta para adelgazar.

niño gordito

“¡Uy, qué hermosote!”, “¡Pero qué gordo está!”, “¡Vaya lorzas!”, “Sí que come bien, ¿verdad?”… Carmina estaba harta de escuchar este tipo de comentarios acerca de Gabriel, su hijo de un año. “¿Se atreverían a decirle lo mismo a una persona adulta? No, porque sería una grosería”, se queja.

Su niño, con grandes mofletes y papada, manos regordetas y muslos inabarcables, suele usar ropa para tallas mayores, hasta de dos o tres años. “Tiene muy buen apetito. Todo lo que le das se lo come sin pestañear. A mí me parecía síntoma de buena salud, hasta que empecé a obsesionarme, sobre todo, por la presión que recibía del exterior. Llegó un momento en que en todas partes leía noticias sobre la creciente obesidad infantil”, confiesa Carmina. Sin embargo, el pediatra la tranquilizó y le aseguró que lo importante era que Gabriel parecía un niño contento y no tenía ningún retraso ni dificultad psicomotrices. Para descartar que tuviera alguna patología, de todas maneras, le hicieron unas pruebas metabólicas, que dieron negativas. “Eso sí, me recomendó que dejara de ponerle papilla en los biberones y que le diera menos cantidad de leche”, recuerda su madre.

Hay pocos ocasiones en que los pediatras encontremos verdadera obesidad en niños menores de tres años”, nos explica el pediatra Carlos Casabona, autor del libro Tú eliges lo que comes. Solo el 2-4% de los casos de exceso de peso a edades tan tempranas tiene una carga genética asociada a trastornos del metabolismo. En el resto de los casos, la clave está en comprobar que el pequeño siga una alimentación adecuada y no se infle a productos poco nutritivos y muy engordantes.

“No se trata de ponerle a dieta, entendiendo por ello reducir el número de calorías de origen saludable que necesita, lo que sí habría que investigar es si come galletas, bollos, patatas fritas, chocolate, procesados industriales… Si es así, hay que sacar los productos insanos de su alimentación. También es frecuente que haya sobrepeso por mantener hábitos incorrectos como seguir, pasados los 12-18 meses, con varios biberones al día con excesiva cantidad de leche y, encima, reforzados con harinas infantiles totalmente innecesarias (y azucaradas, como las papillas)”, aclara el experto.

En la misma línea, nuestro especialista en Nutrición el doctor José Manuel Moreno Villares afirma que, como “los dos primeros años de vida son una época de gran crecimiento, del cuerpo y el cerebro, no hay que hacer ninguna restricción específica de nutrientes o “dieta”.

¿Pero qué indicador puede servirnos para saber si está gordo? No existen baremos ni parámetros inamovibles. Ni el percentil, ni el índice de masa corporal son determinantes. “La tendencia es seguir el sentido común, la simple observación, la exploración general de su estado físico y su desarrollo psicomotor y emocional…”, señala el doctor Carlos Casabona.

Si tu pequeño tiene unos hábitos alimenticios saludables, tienes poco de lo que preocuparte, por muy rollizo que esté. Es lo que le pasaba a Carolina con su hija Manuela. “Con un año, estaba gorda como una sandía, rebosaba lorzas por todas partes. Y casi lo único que tomaba era teta, a veces picaba algo de nuestra comida, pero no tomaba ni biberón, ni papilla, ni nada con azúcar. El pediatra me dijo que no tenía por qué agobiarme. ¡Solo faltaría! Mi niña tendría tiempo de sobra para querer ser estilizada como la Barbie. Eso sí, ahora tiene siete años y se ha quedado como un espárrago. Las mismas personas que me decían que estaba muy gorda de bebé ahora nos dan la plasta con eso de que “tiene que comer más, qué flaquita está””, nos cuenta Carolina. Y es que, a pesar de lo que digan algunas abuelas, que más contentas se ponen cuanto más traga su nieto, nuestra responsabilidad no es que los niños coman mucho, sino que coman sano. Es una regla que conviene seguir desde sus primeros meses, teniendo en cuenta que no todos los productos etiquetados como alimentos infantiles (galletas, papillas, zumos, postres lácteos…) son recomendables.

Es común que, como Manuela, los niños que están rollizos de bebés vayan espigándose a partir de los dos años. Por lo general, su apetito tiende a disminuir, pues ya no necesitan tantas calorías y el ritmo de crecimiento deja de ser tan vertiginoso como en los primeros meses. Además, hacen más ejercicio físico, caminan, corren, saltan… y están tan embelesados en explorar el mundo que les rodea que su interés por la comida disminuye. Y les sucede como a Manuela, que pasan de ser bebés gordotes a niños con la grasa justita.

También hay, claro está, casos en que ocurre lo contrario. “El sobrepeso en la infancia comienza a desarrollarse en muchos niños a partir de los cuatro años, cuando observamos un exceso de tejido adiposo (graso) que no deja de aumentar año tras año”, junto con su índice de masa corporal (relación entre el peso y la altura), explica el doctor Casabona. Es entonces cuando hay que actuar y, bajo la supervisión del pediatra, volver a revisar las pautas alimenticias que seguimos en casa. “Antes de los nueve o diez años, tampoco hay que hacer “dieta”, pero sí hay que enseñar a comer de forma saludable y a moverse”, nos aclara el doctor José Manuel Moreno Villares.

Por otra parte, la constitución de los padres también influye. Igual que si son más bien bajitos, es normal que el niño no tenga talla de baloncestista; si son de complexión robusta y estructura ósea fornida, es comprensible que el pequeño también lo sea. Hablamos de complexiones, pero ojo, eso no significa, en absoluto, que la obesidad se herede sin remedio.

Mucho más importante que la genética es la influencia del ambiente y la forma de vida”, asegura el doctor Carlos Casabona. No servirá de nada que le obligues a merendar fruta en vez de bollos, si ve que tú te zampas un bocata de beicon con patatas fritas y refresco a la menor oportunidad y que, después de estar todo el día sentada en la oficina, prefieres pasarte la tarde en el sofá antes que dar un paseo. Ellos son esponjas y sus papás, su patrón a seguir, por eso, la mejor forma de transmitirles unos hábitos sanos es con el ejemplo.

Etiquetas: niño

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