Seguridad

¿Puede tomar palomitas? ¿Y helado? ¿Y usar diadema?

¿Será demasiado pequeño para ir a ver marionetas, comer la fruta entera, entrar en unos baños árabes? La respuesta a veces depende del sentido común.

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helado

1.- Tomar helado

Sí puede. El helado artesanal es un alimento muy completo, hecho con alimentos de calidad como la leche, la fruta o el yogur. No tiene demasiadas calorías ni grasas, por lo que no pasa nada porque de vez en cuando tome helado. Tan pequeño es probable que con dos o tres cucharadas o algunos lametones del nuestro se contente, ya que él mismo se cansa pronto y no podrá con uno entero.
Animémoslo a tomarlo poco a poco (él lo hará de forma natural, así que lo que hemos de hacer en realidad es no meterle prisa) para que no entre demasiado frío a su garganta. Y elijamos siempre que sea posible los helados artesanales, ya que están hechos con ingredientes naturales, menos conservantes y aditivos. Deberíamos evitar los polos de hielo, que sí están más fríos y no le aportan nada.

2.- Trasnochar

Sí, como excepción. Los horarios y las rutinas crean para los niños espacios de seguridad y tranquilidad. También les ayudan a crear ciclos de vigilia y sueño. No van a perder esa seguridad ni su rutina por trasnochar un día, e incluso puede ser beneficioso para ellos disfrutar de romper las normas con papá y mamá por un buen motivo. El problema surge cuando trasnochar es relativamente habitual y no permite asentar una rutina saludable de sueño, o cuando es arbitrario y no hay motivo que lo justifique, lo que introduce incertidumbre en el niño (él va a entender que puede quedarse despierto cualquier noche solo porque sí). Un día, de forma excepcional, puede trasnochar sin ningún problema.

3.- Tomar palomitas

No puede. Es demasiado pequeño y aún podría atragantarse con ellas. Aunque no son duras no son fáciles de masticar y tienen un tamaño suficientemente grande como para atragantarse o, al menos, darnos un susto. Podrá comer palomitas hacia los 3 ó 4 años, y elegiremos las hechas en casa frente a las ya hechas o las de microondas, que tienen muchas más calorías vacías.

4.- Ir a ver marionetas

Sí puede. Aunque pensemos que no se entera del argumento general, y quizá sea así, las historias de marionetas les llegan a los más pequeños por vías diferentes a la comprensión del argumento. Los rostros, el tono de voz, el ambiente, todo envía información al niño y enriquece su comprensión y vocabulario. Le ayuda, además, a desarrollar la atención sostenida y las marionetas reflejan sus propias emociones inexpresadas. Es posible que al principio no aguante todo el espectáculo: es normal. Salgámonos un rato o entretengámoslo con otra cosa para luego seguir atendiendo. Comprobaremos que cada vez mantiene la atención más tiempo. Otras veces le dan miedo: no es negativo. Las marionetas a veces les ayudan a exteriorizar los miedos recónditos de los niños, y es muy saludable que los exteriorice.

5.- Dormir en una tienda de campaña

Sí puede. Simplemente tendremos que planificar un poco más la acampada que si fuéramos sin niño. Elegiremos fechas con buen clima y evitaremos sobre todo el excesivo calor o la mucha humedad (es mejor ir de camping en primavera). Nos aseguraremos de que el lugar tiene un buen saneamiento, duchas con agua caliente y electricidad por si la necesitamos para preparar sus comidas. Es mejor evitar acampar en zonas al aire libre que no estén bien acondicionadas. También valoraremos positivamente que no esté demasiado concurrido y que haya zonas por las que no circulen los coches; si tiene servicio médico será estupendo, pero en cualquier caso hemos de ir preparados para prevenir o tratar picaduras. A los niños les encanta compartir ese pequeño espacio que es la tienda con sus padres y en principio no debemos preocuparnos por la comodidad: a nosotros nos parecerá mucho más incómodo que a ellos. Si la idea de la tienda de campaña sigue sin convencernos siempre podemos optar por una rulotte, un bungalow o incluso una tienda más grande y recia. Pero no renunciemos a las vacaciones al aire libre, todos disfrutaremos muchísimo de esta oportunidad. 

6.- Comer cacahuetes

No puede. Son peligrosos, como cualquier fruto seco, ya que son duros y los niños corren el riesgo de atragantarse. Los frutos secos están totalmente desaconsejados hasta los trescuatro años de edad, y el niño debería tomarlos siempre bajo la supervisión de un adulto.  

7.- Llevar botas de plástico para la lluvia

No es nada aconsejable. Aunque hay en el mercado preciosas botas de lluvia para todas las edades, al año su piel es aún fina y delicada. Las botas de plástico no permiten ninguna transpiración por lo que el pie (que además suda con facilidad) se puede “macerar” en la bota, estropear su piel o incluso generarle ampollas. Si nos hace mucha ilusión que chapotee en un charco podemos ponerle las botas un rato, el justo para disfrutar un ratito y quitárselas justo después del juego.

8.- Llevar una diadema en el pelo

No debería llevarla. Las diademas normalmente se enganchan en el pelo a través de una suave (o dura) superficie dentada o un borde liso pero también sobresaliente. Entre el año y los dos años las niñas aún están afianzando su paso, trepan a cualquier lugar y se caen con facilidad, también de cabeza. Su cráneo, además, es aún más blandito que el adulto, así que una caída con la diadema puesta (nada extraño) puede hacerle heridas en la cabeza. En este caso, y hasta que sea más grande y controle mejor su movimiento, es mejor optar por una felpa.

9.- Comer fruta entera

Sí puede. A los niños con un año y con dientes ya podemos ofrecerle la pieza de fruta entera además de triturada. Les encantará. Deberemos tener en cuenta unas pequeñas normas de seguridad: en primer lugar, la tomarán bajo nuestra supervisión. Elegiremos para empezar frutas blanditas, como el plátano o los gajos de naranja sin piel, y controlaremos que los mastiquen. Lo normal es que lo hagan ya que no están acostumbrados a tomar sólidos y necesitarán darle muchas vueltas en la boca para darles el visto bueno y tragarlo. Después podemos ofrecerles frutas más sólidas como la pera o la manzana, que suelen empezar a comer raspando con los dientes. Estaremos atentos a que no cojan un trozo más grande de la cuenta, aunque no lo suelen hacer.  

10.- Beber refrescos

No es nada aconsejable. Además de gases y más gases, los refrescos son una gran fuente de azúcares simples que favorecen las caries y estropean el delicado paladar de los niños. La mayoría de estas bebidas interfieren en la absorción del calcio, algo especialmente perjudicial en estos primeros años. Aún no nos las pedirán, y si lo hacen es mejor ser tajante con un “no” y explicarles que las podrán tomar esporádicamente cuando sean más mayores.

11.- Entrar en unos baños árabes o turcos, o lugar con temperatura más elevada

No es recomendable a esta edad. La temperatura ambiente puede afectar a la temperatura corporal del niño con más facilidad que a la del adulto. La temperatura del agua, también.
En los baños turcos, donde no hay piscinas, encontramos una temperatura ambiente de 40-45 grados centígrados. En los baños árabes, donde la temperatura ambiente es más agradable, hay piscinas de agua fría y caliente donde la temperatura suele estar en torno a los 38-39 grados, cuando la adecuada para el niño es entre 35 y 37 grados. Ambas pueden afectar a su temperatura central. En muchos de estos lugares, además, no suelen permitir la entrada de niños para salvaguardar la tranquilidad del lugar.

12.- Hacer un viaje largo en avión

Sí puede. Los niños pueden viajar en avión desde las seis semanas de vida aunque se aconseja esperar a los tres o cuatro meses si es posible. Al año no hay ningún  problema aunque a la hora de hacer viajes largos hay que tener presentes ciertas cosas: en primer lugar es importante que en el despegue y aterrizaje beban agua o tengan un chupete en la boca para evitar que les molesten los oídos. Los niños de un año son más difíciles de entretener en un viaje de muchas horas que los bebés. Duermen menos y además quieren andar: les costará pasar mucho tiempo en el asiento. Lo mejor es llevar preparadas actividades para entretenerles durante el viaje y, de vez en cuando, permitirnos un paseo por los pasillos del avión. Pos otro lado y si el viaje es largo debemos prever su comida: podemos llevar su comida preparada y nos dejarán introducirla en el avión si avisamos de lo que es.  

13.- Meterse en la piscina sin bañador pañal

Es mejor que no, sobre todo por el resto de los usuarios de la piscina. Son aún pequeños y es muy fácil que los niños se hagan pis dentro del agua, sobre todo si no está demasiado fría. Es difícil que se hagan caca, ya que para ello casi siempre se concentran y dan muestras que no se escapan a un padre atento. No obstante es mejor acostumbrarnos a utilizar el bañador pañal hasta que controlen esfínteres.En algunas clases de natación para niños de esta edad permiten entrar sin pañal. El argumento es que las depuradoras están funcionando todo el rato y, en caso de querer hacer caca, nos daremos cuenta a tiempo. Se hace para favorecer la mayor libertad en el movimiento de las piernas. Aún así si compramos un bañador pañal cómodo no tiene por qué limitar el movimiento de las piernas. Nosotros también estaremos más tranquilos dentro del agua.

14.- Comer chuches

No debería comerlas, es una de las peores cosas que podemos ofrecer a nuestro hijo a esta edad. Las chucherías no tienen ningún valor alimenticio y sin embargo aportan muchas cosas que deberíamos evitar como son los azúcares, colorantes y conservantes. A esta edad, además, ni siquiera las piden a menos que se las ofrezcamos (o permitamos que otras personas cercanas se las ofrezcan). Muchas de ellas están hechas con frutos secos, son caramelos duros o incluso gomas difíciles de masticar y que podrían dar lugar a atragantamientos. Hasta los dos años aproximadamente los niños no piden chucherías. A esa edad podemos empezar a considerarlo de forma esporádica y controlada, simplemente para no alimentar su deseo. Es mejor “enseñarles” a comer chucherías (esporádicamente y pocas) que crearles sensación de prohibición. Al año no es necesario siquiera permitir que las prueben. Seamos claros y directos con las personas de nuestro alrededor que se las ofrecen. Cuanto más retrasemos el momento de probarlas, mejor.  

 

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