Salud infantil

Otoño e invierno con niños: cómo fortalecer sus defensas naturales

La llegada del cambio de estación, sobre todo en la época otoñal e invernal, supone un auténtico desafío para muchas madres y padres. La llegada del frío, los cambios de temperatura, la lluvia y el viento... Por suerte, fortalecer las defensas naturales del pequeño puede ser más fácil de lo que piensas.

Cuando funciona correctamente, el sistema inmunitario combate los organismos capaces de producir enfermedades, como es el caso de virus, bacterias, hongos y parásitos. Todos los niños, como nosotros de adultos, están expuestos de forma continua a estos patógenos, y la exposición no significa necesariamente que vayamos a enfermar. De hecho, un sistema inmune fuerte proporciona al pequeño poderosas defensas naturales contra la la enfermedad. Pero cuando el sistema inmunitario está debilitado se vuelve vulnerable, y será más susceptible no solo a los resfriados o a la gripe, sino incluso a enfermedades más graves.

Es cierto que los gérmenes abundan por todas partes, pero lo hacen aún más en guarderías y en escuelas o colegios. Estar expuestos a ellos es, en definitiva, parte de la vida, y parte del día a día tanto de nosotros mismos como de los más peques de la casa. Y no tiene por qué ser necesariamente desfavorable. Al contrario: la exposición a distintos virus y bacterias puede fortalecer el sistema inmunológico del niño.

Además, determinadas enfermedades como por ejemplo podría ser el caso del sarampión, la varicela, la rubéola y las paperas pueden ayudar a desarrollar inmunidad, y brindar al niño protección de por vida contra estas enfermedades. Esto es aún más importante, ya que estas enfermedades pueden tener graves efectos cuando se contraen en la edad adulta.

No obstante, si el pequeño es demasiado susceptible a la enfermedad, es posible que quizá desees tomar algunas medidas con el fin de mejorar su sistema inmunológico, y hacerlo lo más fuerte posible. ¿Lo más adecuado? La prevención, sin duda alguna, que incluyen la lactancia materna, una nutrición adecuada, evitar antibióticos innecesarios (recuerda que la automedicación con antibióticos cuando no es necesario es muy peligrosa), mantener bienestar emocional, alejarlo del estrés, y mucho descanso y ejercicio.

Consejos útiles para fortalecer las defensas del niño fácilmente

1. Lactancia materna

La lactancia materna, mantenida durante el mayor tiempo posible, es crucial para que el pequeño desarrolle un sistema inmunitario fuerte. La leche materna, de hecho, proporciona los nutrientes y compuestos necesarios para proteger al bebé contra las enfermedades. Además, le brinda todos los nutrientes que necesita, incluyendo ácidos grasos esenciales.

Como han demostrado algunos estudios, los bebés alimentados con leche materna tienden a experimentar un menor número de infecciones, en comparación con los bebés que han sido alimentados con biberón (con leche de fórmula). En definitiva, alimentar al bebé con leche artificial le priva de recibir la protección crucial que sí proporciona la leche materna.

2. Seguir una nutrición saludable

Una buena nutrición es esencial para desarrollar -y mantener- un sistema inmunitario sano y fuerte. De ahí que, cuando existe déficit de algunos nutrientes, el niño tiende a enfermarse de bacterias y virus con una mayor facilidad, más asiduamente. 

Los nutrientes críticos que estimulan un sistema inmune fuerte incluyen especialmente vitaminas A, C, E y ácidos grasos esenciales, además de minerales como el zinc, manganeso, selenio, cobre, hierro, magnesio y azufre. 

Estos nutrientes pueden obtenerse fácilmente a partir de una dieta orgánica y lo más natural posible, rica en alimentos saludables como las frutas y verduras frescas, frutos secos (como las nueces, almendras, anacardos, pistachos y avellanas), legumbres, semillas y granos integrales. 

Eso sí, ten en cuenta que los frutos secos no son recomendables en niños menores de 5 o 6 años, ya que el riesgo de atragantamiento es mayor, sobre todo cuando se les ofrecen enteros. Pero esto no significa que no sean adecuados; al contrario, son tremendamente nutritivos y saludables. En estos casos, lo mejor es dárselos triturados y en cantidades reducidas, nunca enteros y siempre bajo la supervisión de un adulto. 

También es necesario alejarse de los alimentos procesados, además de aquellos alimentos especialmente ricos en azúcar (como los refrescos, dulces y golosinas).

Por otro lado, las grasas que se escojan pueden mejorar o perjudicar la función inmune natural de nuestro organismo. Optar, por ejemplo, por grasas procedentes de aceites hidrogenados (que encontramos en los alimentos fritos, en la margarina y en los productos horneados), pueden predisponer al niño a sufrir infecciones recurrentes, así como determinadas afecciones inflamatorias. 

¿Las mejores? Los ácidos grasos esenciales, consideradas popularmente como “grasas buenas”, que son además imprescindibles para la función normal del sistema inmune. Los encontramos en determinados frutos secos (como las nueces), en frutas (como el aguacate), y sobre todo en aceites de origen vegetal como el aceite de linaza, el aceite de onagra, el aceite de semillas de cáñamo y el aceite de semilla de borraja; y en aceites de origen animal, como el aceite de pescado.

3. Incluye los siguientes alimentos en la dieta del niño

Además de seguir una alimentación lo más natural y nutritiva posible, también existen determinados alimentos que pueden ser de gran ayuda. Es el caso de:

  • Yogur. Es un probiótico natural especialmente rico en bacterias buenas para nuestro organismo, las cuales ayudan a nuestro cuerpo a combatir las enfermedades. Un estudio, por ejemplo, encontró que los niños que tomaban una bebida de yogurt natural tenían un 19 por ciento menos de riesgo de sufrir un resfriado, faringitis estreptocócica e infecciones de oído. ¿Qué tipo de yogur tomar? Fundamentalmente yogur natural, sin sabor y sin endulzar.
  • Kéfir. Es una bebida de sabor agrio que contiene muchos probióticos saludables. Todavía, es cierto, no existen muchos estudios relacionados con este probiótico. Pero las primeras investigaciones sugieren que puede ser útil para ayudar al sistema inmunológico.
  • Frutas y verduras. Aunque ya te hablábamos sobre ellas en el apartado anterior, éstas son muy útiles para fortalecer el sistema inmunológico. Si bien es cierto que no ayudan a prevenir gripes y resfriados, sí pueden reducir los síntomas (así como la duración de la infección). Destacan los cítricos, las fresas, los pimientos, el brócoli y las batatas.
  • Nueces. Son frutos secos ricos en ácidos grasos omega-3, los cuales ayudarían al cuerpo a combatir enfermedades. De hecho, un pequeño estudio encontró que los ácidos grasos omega-3 reducían la cantidad de infecciones respiratorias en los niños. ¿Cómo dárselas al pequeño? Lo mejor es molerlas y espolvorearlas por encima del desayuno o merienda del niño (por ejemplo, en un yogur).
  • Carnes magras. Son ricas en proteínas, que ayudan a mantener la fuerza. Además, también son ricas en zinc, que ayudarían a los glóbulos blancos a combatir infecciones.

4. Evita la automedicación a base de antibióticos

Algún que otro estudio ha alertado acerca de que los antibióticos tienden a recetarse en exceso a los niños, sobre todo en aquellos momentos en los que estrictamente no es del todo necesario. Y el uso excesivo e innecesario de los antibióticos tiene un peligroso resultado: la resistencia por parte de las bacterias, así como una disminución de la inmunidad natural del organismo frente a éstas.

Por otro lado, la automedicación es igual de peligrosa, en especial cuando se trata de antibióticos. Por tanto, lo más adecuado siempre es administrar antibióticos al niño únicamente cuando el pediatra se los haya prescrito; es decir, cuando se trata de una infección bacteriana.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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