Trastornos del sueño

Pesadillas y otros trastornos del sueño, ¿qué hacer?

Te damos las claves para saber cómo actuar: establecer una rutina, con unos horarios regulares es el primer paso para evitar estos trastornos

pesadillas en niños
Foto Istock

Las pesadillas de los niños son también las pesadillas de los padres. Coger o abrazar a tu hijo cuando está llorando en la cama es algo inevitable e impulsivo. Pero, ¿por qué esto es un error? El doctor Carles Gaig, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología, advierte que esto puede provocar que el niño se ponga más nervioso aún.

“Los terrores nocturnos son lo que más angustia a los padres”, admite Gaig. Pero, según él, lo más recomendable es permanecer al lado del pequeño, estar vigilante y esperar a que se vaya calmando.

“Un 25 por ciento de niños sufre terror nocturno, sonambulismo o despertar confuso”, afirma el doctor. Se llama parasomnia y se trata de problemas relacionados con una alteración del despertar. Si se produce en forma de terrores, el pequeño se despierta de forma súbita, nervioso, llorando, gritando; si es un despertar confuso, lo hace más tranquilo aunque desorientado y diciendo incoherencias; y, si se trata de sonambulismo, el niño se levanta tranquilo, camina, pero se comporta de manera confusa y sin ser consciente de nada a pesar de tener los ojos abiertos.

Imponer rutinas

Estos terrores nocturnos no duran eternamente y “cuando llegan a los ocho o nueve años, van desapareciendo”. Pero para evitar o reducir su frecuencia, Carles Gaig explica que es importante que el niño “no vaya corto de sueño”: “Dormir menos de lo que deberían para su edad puede agravar estos episodios”. Y pone énfasis es establecer una rutina, con unos horarios regulares.

Sin embargo, existe otro trastorno del sueño más frecuente: el insomnio, esto es, cuando “los padres llevan al niño a la cama y no acaba de coger el sueño”. El doctor insiste: “Muchas veces es un problema de hábitos”. Por eso conviene que se vaya a dormir siempre a la misma hora y realice una serie de actividades rutinarias y relajantes para que, de forma casi inconsciente, su cerebro se vaya preparando para el sueño de la noche.

Otro error es permitir que antes de dormir utilicen aparatos electrónicos. “Todo lo que sean pantallas y luces por la noche no son buenas”. Eso sí, dejar una lámpara de noche o la luz de otra habitación encendida, no tiene por qué ser malo. “Debe haber cierta oscuridad, pero si a ellos les ayuda y entra dentro de su rutina, una luz tenue no me parece una mala estrategia”, considera el doctor.

Para poder poner soluciones, primero hay que reconocer los síntomas. Gaig explica que la somnolencia en niños no tiene los mismos efectos que en los adultos. Lo que nos ocurre a estos últimos es “que nos quedamos dormidos sin querer y en situaciones que no queremos”. En los más pequeños sucede lo contrario y se manifiesta en forma de hiperactividad. Para no quedarse dormidos, se mantienen activos, sin parar quietos. “Es un mecanismo inconsciente y compensatorio” por esa falta de sueño.

Artículo escrito por Mónica Gail

firma Gaceta Médica

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