Podología infantil

¿Qué tratamientos existen para corregir los pies planos en los niños?

Aunque en la mayoría de los casos los pies planos acaban por corregirse por sí mismos, en algunas ocasiones deben seguir un tratamiento podológico.

El pie plano es una de las patologías más comunes en la infancia, en lo que a podología se refiere. Se distinguen porque los huesos de los pies están dispuestos de tal manera que la planta queda plana, sin curvas. Mantienen la misma forma que cuando están apoyados en el suelo cargando el peso del cuerpo. Aunque todos los niños nacen con este rasgo en los pies, pueden aparecer algunos problemas si no se corrige por sí mismo. Ignacio Ruíz Saiz-Aja, podólogo y coordinador del servicio de podología de los CMM del Ayuntamiento de Madrid, considera crucial acudir a un profesional para que realice un buen diagnóstico y paute un tratamiento en caso de que fuera necesario si alrededor de los tres años no se ha normalizado el tono del pie.

¿Qué opciones existen para corregir el pie plano?

Desde dejar que la naturaleza siga su curso hasta una plantilla adaptada a las necesidades del pie del niño e incluso una cirugía que modifique la curvatura del arco plantar, las diferentes vías de tratamiento dependen de cada caso. “Existe un profundo debate clínico, diagnóstico y terapéutico en el ámbito podológico" reconoce Ruiz. "A día de hoy son muy escasos los pies planos que necesitan una intervención quirúrgica. La mayoría de casos graves tienen una buena respuesta al uso de plantillas”, expone el especialista. Solo suelen operarse aquellos con deformidades muy severas o dolor que no responde a tratamiento conservador. 

Hasta que el menor tenga dos o tres años, cuando ya ha madurado la marcha, la presencia de pie plano es normal. Aunque si existe una deformidad importante, inestabilidad al ponerse de pie o dolor, puede ser necesaria una valoración por parte de un especialista. Aunque, sin duda, la tendencia es la normalización sin necesidad de intervención de ningún tipo. Se trata de pies normales que evolucionarán espontáneamente hacia una mejoría de la alineación. “Eso sí, es fundamental que el niño haga ejercicios para desarrollar la musculatura propia del pie y estiramientos como caminar de puntillas y, sobre todo, caminar descalzo tanto como se pueda. También habría que realizarle un seguimiento anual o cada seis meses que pueda delatar una falta de mejoría”, indica el podólogo, aunque puntualiza que los casos en los que exista algún tipo de sintomatología, como dificultades en la pisada, molestias o en caso de que el pie plano influya en su postura corporal, sí que sería necesario comenzar un tratamiento.

Cuando esta deformidad no ha dado mayor problema, pero tampoco ha mostrado evolución favorable en un margen de tiempo prudencial “más o menos a partir de que el niño tenga ocho años, aproximadamente, y en caso de que el pie plano no haya desaparecido, sería el momento de poner una plantilla, puesto que esa deformidad ya no se corregirá fisiológicamente”, explica el profesional. Muchas veces la plantilla no ayudará a que el pie adquiera la forma que debería tener, sino que simplemente le ayudará a colocar el pie en una posición estable y equilibrada, reduciendo la posibilidad de desarrollar afecciones en un futuro.

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