Cómo detectarlo

Señales de alerta de que tu hijo no ve del todo bien

Hay patologías oculares que son asintomáticas, de ahí que las revisiones sean un mecanismo importante de detección precoz, pero la mayoría van acompañadas de síntomas que sí son detectables si se conoce cuáles son previamente.

Cada vez es más común ver a niños muy pequeños llevar gafas, y esto no quiere decir que vean peor que las generaciones pasadas. Por mucho que se asocie a los dispositivos tecnológicos y el tiempo excesivo que pasan muchos de ellos frente a estos, cosa que es cierta y que sí es perjudicial para su vista, la conclusión positiva de que las gafas se hayan convertido en un complemento habitual en los más pequeños es que los padres están mucho más concienciados de la salud ocular de sus hijos. Se está haciendo un buen trabajo para tratar lo antes posible patologías comunes en la infancia como el estrabismo o la miopía y los progenitores tienen mucho que ver en ello, ya que se pueden detectar prestando atención a las señales de alerta que tu hijo emitirá si no ve del todo bien. 

Según la Fundación Alain Afflelou, hay varios síntomas que son una pista casi concluyente de que algo no va bien con la vista de los peques. Dos de los más habituales son que se froten los ojos con frecuencia, “mecanismo reflejo, igual que el parpadeo, que estimula el lagrimeo y mitiga la sensación de picor y/o sequedad”; y que se acerque demasiado a objetos de uso habitual en ellos como los libros y los dispositivos electrónicos, señal que puede estar relacionada con la miopía, de ahí que la Fundación Alain Afflelou recomiende “acudir a la óptica para revisar la vista del niño y así, prevenir la aparición de problemas visuales o, si ya existen estas anomalías, conseguir que aumenten lo menos posible”.

¿Cuándo acudir al especialista?

El Instituto de microcirugía ocular (IMO) destaca como señal de alerta que el niño no distinga bien a sus familiares a una distancia lejana pero que debería ser más que suficiente para que lo hiciera, y que le pase parecido con elementos lejanos pero que son llamativos como para que captar la atención de una persona con la curiosidad típica de su edad. Del mismo modo, el IMO recalca también un síntoma que puede darse desde edades muy tempranas y que tiene una relación directa con el problema conocido como el ojo vago, otra de las patologías oculares habituales en la infancia: desviar claramente un ojo, perdiendo la simetría con el otro, especialmente en momentos de cansancio o debilidad física.

Si lo detectas, acudir cuanto antes al especialista ocular es clave para que este lo revise, diagnostique y probablemente recomiende iniciar un tratamiento específico para ponerle remedio, lo cual es perfectamente posible. 

¿Qué consecuencias puede tener?

Además, tanto la Fundación Alain Afflelou como el IMO coinciden en vincular la salud ocular con un descenso del rendimiento escolar y problemas para ejecutar sus tareas escolares diarias. No quiere decir que este sea el motivo sí o sí, pero sí alertan ambos de que pueden tener una relación directa ambas cosas. “Si se salen mucho al colorear un dibujo, se tuerce en exceso al escribir o se salta líneas cuando lee, es el momento de revisar su vista”, explican desde la Fundación Afflelou, que también recuerdan que según un estudio de Visión y Vida,“los problemas visuales no diagnosticados están detrás de un 30% de los casos de fracaso escolar”. El Instituto de microcirugía ocular añade a estos síntomas relacionados con el trabajo escolar la dificultad para mantener los ojos abiertos al leer, dibujar o escribir. 

A la larga lista de señales de alerta de que un niño no ve bien hay que añadir además los gestos extraños de la cabeza, como pueden ser el de torcerla al leer o escribir, y el de inclinarla para atrás para observar mejor; la excesiva sensibilidad a la luz solar; la mala coordinación; los dolores de cabeza al final del día y los problemas de visión borrosa también cuando la jornada llega a su fin. Todos ellos son también argumentos de peso para solicitar una revisión con el oftalmólogo. 

¿Cómo evitarlo?

No obstante, como recuerda la Dra. Ana Wert, especialista en oftalmología pediátrica de IMO, “para evitar que se conviertan en deficiencias visuales crónicas e irreversibles, es importante realizar una revisión oftalmológica completa a nuestros hijos a partir de los 4 años, especialmente si existen en la familia antecedentes de algún trastorno ocular, y tratarlos antes de los 8 años”. Dos motivos de peso para ello: los síntomas mencionados no siempre se detectan por parte de los padres y hay patologías oculares que pueden ser asintomáticas. 

Por lo tanto, la detección precoz por parte de los padres y adultos que conviven junto a los niños en función de las señales que el niño emita, las revisiones, y la asimilación de hábitos saludables para la salud ocular como limitar la exposición a las pantallas y respetar las condiciones óptimas de iluminación y de distancia, son los tres pilares fundamentales para mantener una salud ocular óptima en los niños, y también en los adultos. 

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