Anemia

anemia

Una hemorragia fuerte o ciertas enfermedades, ya hereditarias, ya adquiridas, reducen la cantidad de hemoglobina (un pigmento que transporta oxígeno dentro de la sangre) o el número de glóbulos rojos.

Los síntomas más visibles son palidez, cansancio, desfallecimiento, somnolencia, y mareos al hacer un mínimo esfuerzo. A menudo las uñas y el cabello se vuelven frágiles y quebradizos. Otra señal característica es el que el borde interno del párpado inferior no está rojo, como es lo normal, sino que presenta un tono rosa pálido. O sea que puede producirse anemia bien por falta de glóbulos rojos, bien por carencia de hierro.

El mineral de hierro es absolutamente fundamental para el organismo y su correcto desarrollo, pues influye en el transporte de oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos. La anemia infantil más habitual es la ferropénica. El hierro es un componente esencial de la hemoglobina, el pigmento de los glóbulos rojos, cuyo valor normal es de 12 a 14 gr/ cm3. La falta de este mineral se corrige con un tratamiento a base de hierro durante dos o tres meses que deberá combinarse con una dieta equilibrada.

Hay que recordar que la anemia ferropénica es frecuente también en mujeres jóvenes, por la pérdida de sangre periódica que acarrea la menstruación, y durante el embarazo, pues el feto utiliza las reservas de hierro del organismo materno para fabricar su propia sangre.

Cuando los índices de hierro son normales y la anemia se origina por la falta de glóbulos rojos, el pediatra suele prescribir vitamina B12, ácido fólico y proteínas.

Popeye nos engañó
En contra de la creencia popular, las espinacas no contienen tanto hierro, ni éste es absorbido fácilmente por nuestro cuerpo.

Lo mismo ocurre con las lentejas y otras legumbres. Aunque tienen mucho hierro, nuestro organismo no lo asimila con tanta eficiencia como siempre hemos creído. En estos alimentos está presente otra sustancia, el llamado ácido fítico, que frena la absorción gástrica de este mineral.

En cambio, otros productos, como la patata, el brócoli, el tomate y las coles, son ricos en ácidos málico, cítrico y ascórbico, que facilitan el paso del hierro a la sangre. Pero los alimentos esenciales en la dieta de un niño que padece anemia ferropénica son, sin duda, las carnes rojas, el pollo y, por supuesto, los pescados y productos lácteos, que aportan buenas cantidades de este mineral. El pediatra indicará en qué casos es preciso recurrir a un suplemento que contrarrestre la carencia de hierro.

Etiquetas: alimentación del bebé

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