Asma

Asma

El asma es la hipersensibilidad de la mucosa bronquial ante determinadas sustancias (polen, polvo, ácaros, hongos, virus) que reacciona produciendo una inflamación del bronquio, con secreción de moco, etc.

Las manifestaciones más visibles son dificultad al respirar, tos persistente, resfriados continuos, inquietud durante las horas de sueño y respiración o tos sibilante. La crisis aumenta después de un esfuerzo físico, un estado de ansiedad, un ambiente contaminado o un cambio brusco de temperatura. Determinadas sustancias producen asma, otras lo exacerban.

Se trata de una enfermedad cada vez más frecuente en niños, con ingresos hospitalarios en progresión. Casi siempre existe un factor hereditario, pero en su incremento actual influye, sin duda, la contaminación atmosférica, el humo del tabaco, el agujero en la capa protectora de ozono, los aditivos en los alimentos, las fibras de los vestidos...

En lactantes y niños pequeños el factor desencadenante fundamental son las infecciones catarrales por virus (bronquiolitis). Cuando el pequeño cumple de 5 a 8 años, ante la sospecha de padecer alergia, se deben practicar las pruebas alérgicas. Son muy sencillas.

¿Asma o catarro?
A veces, reconocer el asma no es tan sencillo. ¿Cómo distinguir si el niño es propenso a los catarros o realmente padece asma? Las primeras sospechas aparecen cuando el pequeño comienza a sufrir catarros con secreción abundante de mocos y, sobre todo, cuando se complican con tos frecuente, pitos en el pecho y dificultad para respirar. La repetición de estos catarros de las vías bajas es el síntoma más evidente, pero en ocasiones el asma se exacerba tras una carrera o un sobreesfuezo físico.

Cuando el asma es inducido por virus, es indispensable que el niño evite el contacto con enfermos que lo padezcan y que se incorpore a la guardería lo más tarde posible para que su sistema inmunitario madure y se pueda defender mejor contra las infecciones. En caso de que sea alérgico, el médico dirá si es posible ponerle la vacuna que disminuye la sensibilidad. No se puede lograr que un niño alérgico deje de serlo. Esa constitución heredada permanecerá durante toda la vida. Pero sí es fundamental, y con el tratamiento oportuno puede lograrse, que estos niños no desarrollen sus crisis asmáticas para que su enfermedad no se convierta en crónica.

El tratamiento del asma puede ser preventivo o curativo. En el primer caso, se trata de que el alérgico evite el contacto con niños acatarrados o, si es mayor, mediante las vacunas de polen, polvo... desarrolle defensas contra ellas.

Etiquetas: alimentación del bebé

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