Colapso

Colapso

La falta de oxigenación de los tejidos por una disminución del aporte sanguíneo o su ausencia total exige una actuación rápida, pues podría provocar la muerte del niño.

Ante un colapso, habrá que averiguar, en primer lugar, las causas. Las más frecuentes son las hemorragias, quemaduras, una deshidratación, alergias, cierto dolor originado por un traumatismo, infecciones graves o intoxicaciones.

El pequeño sufre una importante bajada de tensión arterial que le produce alteración de la consciencia, estado de ansiedad y nerviosismo, pulso rápido y débil, respiración rápida y superficial, palidez intensa y sudor frío y pegajoso (sobre todo en manos, pies, cara y pecho).

Este cuadro en ocasiones deriva en pérdida del conocimiento. Si es posible, habrá que tratar la lesión que ha provocado el colapso y controlar, en todo momento, los signos vitales. Después de aflojar cualquier prenda o complemento que pueda oprimirle, le colocaremos tendido con la cabeza algo más baja que los pies (siempre que las lesiones lo permitan). No es bueno que pierda calor, por lo que le taparemos con una manta o prenda que tengamos a mano.

Etiquetas: alimentación del bebé

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