Desarrollo

Desarrollo

El ritmo de desarrollo no es igual en todos los niños, y no merece la pena preocuparse si se detecta cierta diferencia en alguna habilidad con respecto a otros niños o a las pautas que los pediatras consideran normales.

El médico, gracias a los chequeos periódicos, comprobará si la evolución es correcta. En el desarrollo de la inteligencia influye la estimulación que el bebé recibe. Se dice que nacemos con un potencial genético que puede ser mejorado hasta en un 30 por ciento con programas continuados de psicoestimulación precoz. A los tres meses, el bebé sostiene la cabeza cuando le cogen en brazos, puede agitar un sonajero, llevarse las manos a la boca y agarrar un juguete pequeño y cerrar la mano sobre él. Si alguien desplaza un objeto delante de sus ojos, describiendo un ángulo de 180º, es capaz de seguir su recorrido. Empieza a usar coordinadamente ojos y manos, sonríe como respuesta a los estímulos y disfruta con los juguetes móviles. Hacia los seis meses se voltea él solo si está colocado bocabajo hasta ponerse bocarriba, empieza a sentarse de forma progresiva, manipula voluntariamente los objetos e inicia los primeros balbuceos. Entre el séptimo y octavo mes toma los juguetes con las manos, los sostiene y los arroja al suelo, golpea con ellos, se los lleva a la boca, comienza a gatear o a reptar, aprende a hacer pinza con el pulgar y el índice y emite bisílabos no intencionales (ba-ba, da-da, ta-ta...). En el noveno o décimo, realiza intentos de ponerse en pie, agarrándose a los muebles o a los barrotes de la cuna. Perfecciona los movimientos de pinza, es capaz de beber de un vaso con algo de ayuda, dice adiós con la mano, imita gestos, señala algunas partes del cuerpo y manipula libros. A los once meses da los primeros pasos con ayuda (suele estrenarse a los 11 meses y, en torno al año, inicia la marcha). A esta edad juega coordinadamente con sus juguetes y comprende órdenes sencillas.

Etiquetas: alimentación del bebé

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