Psicología infantil

Las preocupaciones adultas y las infantiles ante el duelo

Cuando muere alguna persona cercana a los niños es habitual que los adultos pensemos en la mejor manera de hacérselo saber. Pero, ¿cómo debemos actuar con ellos realmente ante esta situación?

El fallecimiento de un miembro de la familia da lugar a muchas preocupaciones, tanto entre los adultos como en los más pequeños de la casa. Debido al estado de ansiedad en el que nos encontramos, ante esa situación a menudo los adultos somos incapaces de transmitir tranquilidad y seguridad a los más pequeños de la casa.

A esto se añade que, con frecuencia, las preocupaciones sobre la pérdida de un ser querido difieren de padres a hijos y eso provoca que las respuestas que damos no se adecúen a las necesidades de los niños.

El miedo de los padres en duelo

A los padres suele preocuparles, en primer lugar, la protección de los niños. Les inquieta que sufran tras enterarse de la muerte, de ahí que en lo concerniente a ella les den la información con cuentagotas: demoran la noticia, se enmascara, se edulcora.

Cuando los padres hacen eso, la falta de consistencia de los mensajes, la desinformación o la escasez de respuestas ante preguntas genera mucha inestabilidad a los niños, que tratan de rellenar los huecos de la información que reciben con su imaginación, buscando respuestas mágicas. De esa forma, es posible que alcancen conclusiones mucho más terroríficas que la realidad (“Si no me lo cuentan, debe de ser terrible”).

Riesgos de disfrazar la muerte ante los niños

Cuando no informamos a los niños de lo que ha sucedido con el familiar que ya no está, o les damos la información muy poco a poco, el menor se siente excluido de las dinámicas familiares. Si vamos un paso más allá, cuando el niño percibe que esa información no es correcta, además de excluido se siente engañado, que es lo que ha pasado en realidad.

Llevando la situación al extremo, un menor al que no le contemos la verdad sobre un fallecimiento puede llegar a pensar que no es importante, ni tenido en cuenta y que, en consecuencia, es menos querido que otros parientes o personas que sí han accedido a la información completa y veraz de lo ocurrido. Así que debemos hacerles partícipes de la información, adaptándola esta y nuestras explicaciones en función de su edad y lo que pueda asimilar el niño según su nivel cognitivo.

El duelo y el miedo al trauma

Otra preocupación común de los padres ante el duelo infantil es que sus hijos se traumaticen o se impacten al darles según que informaciones, o si asisten a los diferentes ritos funerarios. Sin embargo, debemos ser conscientes de que las teorías que se forjan los niños sobre la muerte y los funerales a menudo son mucho más terribles que la realidad.

Por mucho que se preocupen los padres por la protección de sus hijos en duelo, deben tener claro que los menores asimilan con facilidad el impacto, el trauma y la información. Lo pasan peor si se sienten excluidos de la familia. También conviene recordar que los niños suelen ser bastante morbosos, así que quizá la explicación que ellos se den sobre lo ocurrido supere con creces a la nuestra.

Por este motivo, siempre es mejor informarles y explicarles lo que van a presenciar, si vamos con ellos al tanatorio o al funeral, para que puedan anticiparlo y no sientan miedo a lo desconocido. Debemos adaptar las explicaciones sobre la muerte del ser querido a su edad y no hace falta que les demos los detalles más escabrosos.

Lo más recomendable es darles una información veraz, adecuada, sincera y, ante todo, evitar que elaboren teorías propias añadiendo detalles macabros o irreales.

Artículo elaborado por Patricia Díaz, Psicóloga en la Fundación Mario Losantos del Campo

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