Desarrollo

Hijos únicos: ¿en qué son diferentes?

Existen muchos mitos alrededor de la figura del hijo único: que si son más egoístas, que si están más mimados... ¿hasta qué punto son ciertas estas afirmaciones?

Hijos únicos: ¿en qué son diferentes?

G. Stanley Hall, psicólogo de finales del siglo IXX, fue uno de los impulsores de la psicología infantil, y el autor del primer prejuicio hacia los hijos únicos. Según este peculiar personaje, ser hijo único era, nada más y nada menos, que una enfermedad en si misma.

 

A lo largo del tiempo parece que la idea, de algún modo, ha permanecido. Hoy en día toda esta serie estereotipos asociados a los hijos únicos que han estigmatizado tanto a niños – de egoístas, mimados, poco sociables o poco empáticos - como a sus padres- que terminan sintiéndose culpables por no haberle “dado un hermanito”-, siguen estando vigentes. Pero no desesperéis, parece que la cosa va cambiando poco a poco.

 

Ahora sabemos la gran influencia que tiene en el desarrollo de la persona los nueve meses de gestación y el primer año de vida. Lo que suceda en este periodo de tiempo determinará en gran medida si somos más o menos sociables, nuestras capacidades intelectuales, nuestra empatía, la aprehensión y la relación con el otro en general. Es decir, las personas que influirán más en las características del niño serán los propios padres en esta etapa tan sensible del desarrollo. Lo que ocurra después, con o sin hermanos, constituirá sólo una parte de la formación del carácter.

 

Afortunadamente, en los últimos años muchos expertos se han dedicado a poner a prueba las suposiciones acerca de los hijos únicos, a contrastarlas científicamente. Los resultados que han obtenido distan mucho de todos estos prejuicios. Empezamos a ver de una manera más amplia lo que significa ser hijo único, sus puntos fuertes y debilidades, sus ventajas y desventajas.

 

En la actualidad cerca de un 40% de las parejas que tienen hijos, deciden tener uno solo. Los motivos son variados: la cuestión económica, el desarrollo en el mundo laboral de la mujer, el inicio más tardío de la crianza, etc. Veamos entonces cuáles son algunas de las ventajas e inconvenientes.

 

Por una parte las ventajas de tener hermanos son evidentes y repetidas asiduamente. Tener compañeros de juego, acostumbrarse a compartir tanto la cotidianidad como la atención paterna, recibir menos presión en cuanto a las expectativas de los padres (que de algún modo quedan “repartidas” entre los hermanos), se tienen entre ellos para entretenerse. Por otra parte los cuidados de los padres cuando se hacen mayores o enferman quedan repartidos, el tener “compañeros” a lo largo de la vida cuando los padres ya no están, así como una familia más extensa para sus propios hijos, son otros puntos importantes.

 

Las ventajas de ser el único

Pero no pensemos que ser hijo único no tiene las suyas. Ellos tienen el cariño de sus padres sólo para ellos, lo cual les proporcionará mayor confianza y seguridad. Tienen más disponibilidad de sus padres para ayudarles con los deberes, etc. Los recursos económicos se destinan sólo a ellos, lo que se traduce en más posibilidad de realizar actividades extraescolares, vacaciones, campamentos, etc.; y más adelante educación universitaria si se da el caso.

 

Por otra parte, las investigaciones que se han hecho al respecto del desarrollo de las características de personalidad indican que no existen diferencias significativas entre niños con hermanos y únicos a nivel de sociabilidad, de si son más o menos consentidos, de carácter más o menos difícil, o en introversión y extroversión. En cambio, donde sí hay diferencia es en los logros académicos y laborales. Los niños únicos sacan mejores notas en los exámenes, consiguen niveles de educación más altos y mayores logros tanto a nivel educativo como profesional. Suelen ser más críticos y observadores (puesto que reciben más atención y se ven involucrados en más conversaciones adultas), y a menudo maduran más prematuramente.

 

¿Qué hacer para facilitar un desarrollo sano a tu hijo único?

  • Ofrecerle oportunidades de relacionarse con otros niños. Las actividades extraescolares son muy buena opción, pero ojo, tampoco hace falta sobrecargarle! Facilitarle que pueda quedar con amiguitos fuera del cole, con primos si los hubiera.
  • Enseñarle a negociar, a resolver conflictos, a mediar.
  • Fomentar el pensamiento crítico y la opinión propia (no seguir sólo la de los padres), así como promover las actividades autónomas a partir de una cierta edad.
  • Intentar no cargarle mucho con nuestras expectativas. Poner objetivos alcanzables, para aumentar su autoestima sin demasiada presión sobre sus hombros.
  • Limitar razonablemente las posesiones materiales.
  • Incluirle en las conversaciones de los padres, en las decisiones en las que pueda participar, y en las tareas domésticas.

Beatriz Rubio Vicente es psicóloga infantil y perinatal en Vincles

 

 

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