Familia

La mamá de tu mamá es tu abuela, ¿cuándo entienden los parentescos?

¿Sabe un niño pequeño lo que es una familia?, ¿Lo entiende de verdad? ¿Cómo vive la presencia de papá y mamá, abuelos, hermanos, tíos?

La mamá de tu mamá es tu abuela, ¿cuándo entienden los parentescos?

Hay un hecho cierto, que va mucho más allá de «entender» o no «entender»: para un niño pequeño su familia lo significa todo, lo es todo. Su salud, bienestar y desarrollo emocional dependen de ese grupo tan cercano de personas que le cuidan y le quieren.

¿Cómo va a ser mi abuelita una mamá?

Y sin embargo, a esta edad no comprenden conceptos tan enrevesados como «tío», «sobrino», «primo»... y no digamos «suegra». Pero es que ni falta que les hace comprender tales conceptos. Bastante tienen con saber lo que es una mamá, un papá, una abuelita...

Claro que entender que abuelita es la mamá de mamá casi sobrepasa su capacidad de comprensión. A ver, ¿no son los niños los que tienen mamá? ¿Es que alguna vez mi mamá fue tan pequeña como para tener una? Además, las mamás son jóvenes, así que ¿cómo va a ser mi abuelita una mamá? Y otra cosa: ¿cómo va a ser una mamá si es una abuelita? Por favor, seamos serios.

Pobrecitos, lo raro es que la cabeza no les eche humo

Y es que la plena comprensión del parentesco exige algo llamado «inteligencia operacional», un razonamiento lógico que no se conquista hasta los siete años. Exige comprender la «reversibilidad», es decir, que alguien puede ser al mismo tiempo el hijo de un señor pero el padre de otro. Y darse cuenta de cosas como que no es lo mismo el hermano del padre que el padre del hermano. Exige tener una perspectiva del tiempo y las edades que vaya mucho más allá de los pocos años que uno tiene. Demasiado para unas criaturas tan tiernas que aún no dominan los rudimentos de la lógica. Pero eso es lo de menos, porque ellos sí «saben» perfectamente quién es su abuelita: esa señora que les quiere y les mima y a la que no cambiarían por ninguna otra. Porque para un niño (y en buena parte también para un adulto) los vínculos de parentesco no son una cuestión de razonamiento, sino de emociones.

Los lazos familiares no los comprenden intelectualmente, sino que los sienten. Esto se ve más claro si nos fijamos en los nuevos tipos de familia que se superponen a la tradicional pero que son igualmente familias: las adoptivas, las que utilizaron semen de donante o madres de alquiler, las homoparentales... Aquí el parentesco «carnal» ni siquiera es el lazo más determinante, sino que (y en esto son como las otras) lo que importa es el apego, la atención continuada, la dedicación, la voluntad y el deseo de criar y educar a un nuevo ser.

 

 

 

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