Tres-cuatro años

La edad de las preguntas

A los tres o cuatro años, los niños parecen detectives, investigadores, pequeños científicos a los que todo les provoca curiosidad. Es la edad de las preguntas y los por qué.

La edad de las preguntas

Papá…¿dónde está mamá?” “Trabajando” “¿Y por qué?” “Porque los mayores trabajamos para tener dinero para comprar comida y una casa.. ya sabes”. “¿Y por qué?” “Bueno, porque el país en el que vivimos está así organizado. Algunas cosas tenemos que comprarlas con dinero.” “¿Y por qué?” “Mira…se me ocurre que vamos a bajar a dar un paseo y te invito a un helado, ¿te apetece?”.

Situaciones como ésta y muchas, muchísimas más de este estilo, son el día a día de los papás y mamás (y abuelos, profes, tíos..) de los chiquitines de tres años. Y es que han llegado a la edad de las preguntas, un momento en el que los peques, que son unos científicos en miniatura, lo que más les interesa en el momento en el que adquieren cierto “raciocinio”, es precisamente comprender cómo funcionan las cosas, las personas, el cielo, los animales… en definitiva, todo lo que les rodea. Por eso, no se cansan de reunir información y las preguntas, aunque sean reiterativas, les ayudan a ir ampliando su conocimiento y a sentir que van “controlando” ese mundo que cada vez es más grande a sus ojos.

Los temas que más les interesan

  • ¿Eres niño o niña? Uno de los grandes temas que ocupan las inquisiciones de los peques de esta edad es el descubrimiento de las diferencias anatómicas entre niños y niñas (y cualquier diferencia en general entre las personas, como las razas, las estaturas, el peso...) . Y es que, lo que en principio no es más que eso, una simple diferencia (“Pues yo a Marta no le he visto la vulva, y el pelo lo lleva corto. Mamá, ¿estás segura de que no es un nene?”), termina siendo el primer paso para acercarse al complejo mundo de la sexualidad (“¿y por qué entonces unas personas tienen pene y otras no?”), la reproducción (“mira, esa mamá lleva un bebé dentro de la barriga porque la tiene muy grande.. ¿por dónde va a salir el niño?”) y, a fin de cuentas, la noción de vida…. y de muerte (“y después de nacer ¿uno cuando se muere?”) .
  • ¿Qué diría Newton de esto? Repasemos nuestros apuntes de física porque, con niños de esta edad, hay que estar preparados para responder cuestiones como “¿por qué es azul el cielo?” “¿por qué puedo escuchar a la abuelita al otro lado del teléfono?” “¿cómo viene la luz a la lámpara?” o “Por qué el agua moja?”. Las cuestiones sobre el funcionamiento de lo que nos rodea son las que, en ocasiones, nos ponen entre la espada y la pared porque, o bien no sabemos la respuesta, o bien ésta es tan compleja que no encontramos la manera de explicárselo de manera sencilla.
  • ¿Y aquí que está pasando? Llegó el momento en el que los disimules, los silencios, las sonrisas fingidas y las conversaciones por lo “bajini” dejaron de ser eficaces para evitar que nuestros hijos se enteren de ciertas situaciones. Por eso, no es extraño que ante la evidencia (papá acaba de discutir con su socio y está de un humor de perros) y la ausencia de explicaciones, nuestros hijos pongan las cartas sobre la mesa y pregunten sin pudor sobre todas esas cuestiones “incómodas” que nadie quiere nombrar: “¿Por qué cuando la vecina llama a la puerta os ponéis todos serios?” “¿Por qué papá te pide que digas que no está en casa cuando llama el tío Luis?” “¿Por qué ya no vamos nunca al parque con esa amiga tuya y sus hijos?”. Y es que no sólo los silencios llaman su atención, también nuestras incongruencias (eso de que todo el mundo hable del peluquín del tío Jaime.. menos cuando está el tío Jaime delante, no tiene mucha lógica.) les invitan a hacerse mil preguntas.
  • Emociones, ¿qué es eso? Está claro que ahora que son “mayores”, son capaces de reconocer y nombrar emociones y afectos que antes les pasaban totalmente desapercibidos (como el enfado, la tristeza, la calma..). Sin embargo, todavía se quedan perplejos ante determinadas reacciones y nos harán un montón de preguntas hasta comprender, por ejemplo, por qué si una persona está muy alegre le salen lágrimas, por qué su profesora a veces en vez de enfadarse dice cosas como “mejor me voy a reir” o por qué ese niño se ha puesto tan triste en el parque por algo que (a sus ojos), no es tan importante.
  • Cuando yo era un bebé no tenía que hacer tantas cosas. Lavarse los dientes, pedir las cosas por favor y dar las gracias, recoger (un poquito) sus juguetes, dejar la ropa encima de la silla, apagar la tele cuando el reloj marca las siete o decirle buenos días al portero cuando salimos de casa por la mañana. Cada familia establece sus propias rutinas y normas y, a medida que los niños crecen, éstas se convierten en pilares para la convivencia y facilitan la armonía familiar y la autonomía de todos sus miembros. Sin embargo, cosas que a nosotros nos parecen obvias (ir al colegio todos los días, bañarse después de un intenso día de juegos o decirle hola al abuelo cuando llama a casa por teléfono), a nuestros hijos no se lo parece tanto. ¿Por qué ahora tengo tantas obligaciones, si hasta hace poco no se me exigía nada de esto? Sería la pregunta que se esconde tras otras muchas relacionadas con la higiene, los horarios, las normas familiares y las sociales.

Violeta Alcocer es psicóloga.

 

Etiquetas: 3 años, 4 años, aprendizaje, desarrollo infantil, preguntas incómodas, sexualidad infantil

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