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¿En qué consiste estudiar sin libros?

El alumno no se limita a aprender unas lecciones y rellenar unas fichas, sino que tiene que investigar por su cuenta y elaborar cuadernos con sus propios textos y dibujos.

¿En qué consiste estudiar sin libros?

Guzmán explica a sus compañeros quiénes son los niños que le acompañan en la foto: sus amigos del barrio. Luego, la pega en la cartulina donde cada uno de sus compañeros ha ido colocando una imagen de las personas con quienes comparten su vida. Así inauguran los alumnos de cuarto de primaria del colegio Estudio el tema troncal de su curso: No vivo solo.

 

“El objetivo es llevarle a descubrir el tejido social en que están inmerso a partir de la realidad más cercana, de las vivencias diarias y de las personas que los rodean, sobre todo, en casa y en la escuela. Con esta reflexión, se pretende atenuar el egocentrismo y fortalecer la idea de pertenecer a una sociedad, con obligaciones, deberes y derechos”, tal y como explica el Boletín de actividades de 2013 de este centro escolar madrileño.

 

¡Niños, a explorar el mundo!

Aquí, en su día a día, los pequeños van elaborando sus propios cuadernillos, con sus propios textos e ilustraciones y, al final de curso, eso será lo que habrán aprendido de matemáticas, lengua, conocimiento del medio. Unos contenidos que ellos mismos han realizado, la mayoría de las veces de forma transversal e integradora, logrando que las asignaturas no formen compartimentos estanco, sino un todo global y armonioso.

Mientras, sus compañeros de otros cursos van haciendo lo mismo: los de tercero de primaria comprenden el mundo a través del tema troncal de las estaciones del año. Toman las temperaturas diarias y aprenden a realizar gráficos con ellas y a calcular medias, observan cómo unos bulbos van creciendo en sus macetas y se van convirtiendo en plantas, interpretan y dibujan lo que quería transmitirnos Vivaldi en su composición Las cuatro estaciones. De la misma manera, los de quinto se zambullen en el mundo de los ríos: al dibujar por dónde pasan aprenden geografía; al comprender cómo las poblaciones se fueron construyendo a lo largo de su cauce, aprenden historia; al calcular el caudal que llevan aprenden matemáticas.

 

Del puñado de colegios que no se ciñen a los libros de texto en las aulas, Estudio es uno de los pioneros. La creatividad, la libertad de explorar y aprender desde la práctica y los conocimientos aplicados a la realidad fueron las máximas que motivaron a una de sus fundadoras, la pedagoga Jimena Menéndez Pidal, a inaugurar un método rompedor en su tiempo, que dejaba atrás a los manuales obligatorios y las clases magistrales en que el maestro habla y los niños callan y escuchan. “Lo que enseñamos no está limitado a lo que contiene un libro, es un sistema abierto, no cerrado. Claro que existen unos conocimientos fundamentales que hay que transmitir, lo que es flexible es el modo de hacerlo”, nos explica Maribel Hidalgo, coordinadora de primaria de este colegio.

 

Es un método “de personas para personas”, dicen los profesores

Todas las semanas los maestros de primaria se reúnen para poner en conjunto sus avances con cada clase y decidir cómo van a enfocar la semana que tienen por delante. “Tenemos organizados los temas pero, si hay que hacer un cambio para incluir algo sobre lo que está pasando en la actualidad y hacerlo más cercano a los niños, no tenemos ningún problema”, asegura Hidalgo.

 

Funcionar en equipo es, para Maribel Hidalgo, otra de las grandes ventajas de este método que “es un trabajo de personas para personas”, bastante más humano que seguir la lección en un libro de texto y hacer que los niños rellenen siempre las mismas preguntas impersonales que, sin contacto con su realidad inmediata, les proponen sus páginas.

 

No se trata de vetar los libros de texto, en absoluto, sino de utilizarlos como una herramienta más, en convivencia con otros libros de todo tipo, enciclopedias, información bajada de internet, escritos de los propios alumnos… “Al no tener que basarse en ellos de forma exclusiva, los niños pueden decidir los temas sobre los que investigar y leer”, escribía Rafael Feito, profesor de sociología en la UCM y especializado en educación, en su análisis del funcionamiento del colegio público La Navata de Madrid.

 

La libertad para explorar y aprender es, así, un aliciente nada despreciable de este sistema. Pero libertad no implica, ni mucho menos, caos. Para eso, el centro de La Navata trabaja con las asambleas y con las lluvias de ideas, en que los alumnos proponen cuestiones que les gustaría investigar sobre un tema determinado expuesto por el maestro. “De esta manera, se desarrolla un intenso sentido de pertenencia, de comunidad de aprendizaje, del que resulta difícil sustraerse”, opina el sociólogo. Aquí, una vez más, la clave está en los conocimientos aplicados a la realidad tangible: “el texto del menú del comedor se escribe y se lee en las clases de los más pequeños. Con la fruta, se hacen ejercicios de reparto (divisiones) y de suma total de las piezas”, apunta.

 

Asimismo, en el CEIP La Navata, los niños también elaboran sus propios materiales. Reúnen “los conocimientos más significativos que van adquiriendo a lo largo del curso en un cuaderno grande al que llaman “el libro importante”. En cada clase, además, existe el llamado “diario de a bordo”, en el que cada día escribe un alumno distinto sobre lo que ha hecho dentro y fuera del colegio, a lo largo de la jornada”, nos cuenta Feito.

 

La implicación del alumno favorece el aprendizaje

En la práctica, ¿qué se consigue con ello? Lo primero, que el niño se sienta dueño de lo que hace, de lo que estudia. Son conocimientos que el propio estudiante ha observado y experimentado para, a continuación, elaborar en textos y dibujos las conclusiones a las que ha llegado. En este escenario, el maestro no ejerce de jefe absolutista, sino de guía que acompaña al niño en sus descubrimientos. “El aprendizaje es mucho más efectivo cuando es el alumno quien asume responsabilidades. Como señalaba el informe PISA 2000, los niños que tienen una fuerte motivación y que controlan su proceso de aprendizaje obtienen mejores resultados”, asegura Feito.

 

Del mismo parecer es Asun Gallardo, directora del colegio público Gabriel Vallseca de Palma de Mallorca. “No creemos que los conocimientos estén encerrados en los libros de texto”, señala. En su escuela, los alumnos estudian con un material didáctico preparado por cada profesor y, sobre todo, a través de la experimentación. Los más pequeños, por ejemplo, aprenden a sumar contando tortugas, una de las mascotas de sus aulas.

 

Otro centro que hace años que se ha lanzado al aprendizaje sin libros de texto obligatorios es el colegio público San Bartolomé de Fresnedillas de la Oliva, en la Comunidad de Madrid. Ante un alumnado inmigrante en su mayoría y de muy bajo poder adquisitivo, el colegio apostó por democratizar el conocimiento, haciendo que fuera asequible a todos los niños por igual mediante los libros de su biblioteca y el material preparado en clase.

 

¿Y los inconvenientes de este sistema?

El mayor escollo es la dificultad que supone para los maestros elaborar su propio material e impartir sus clases sin el apoyo de los libros de texto. “Es mucho más fácil hacer lo que dice un libro, ir leyendo la lección y mandando los ejercicios ya estipulados en el texto, que inventar algo nuevo, aunque lo segundo sea más práctico y enriquecedor para los alumnos”, apunta Feito con cierta desilusión.

 

De la misma forma, al no haber manuales obligatorios, cuando los niños llegan a casa, sus padres pueden estar un poco perdidos a la hora de ayudarles a estudiar. “Al principio, me agobiaba un poco porque no conseguía entender por dónde iba, que lección estaba dando, qué tenía que prepararse, o cómo ayudarle en las tareas”, confiesa Silvia, madre de una niña de quinto de primaria en el colegio Estudio. Sin embargo, la hija de Silvia es una estudiante excelente. “Por lo que parece, ella sabe perfectamente lo que tiene que preparar, y además le encanta hacerlo, aunque yo no pueda supervisarlo por no tener un libro de referencia”.

 

Para algunos, incluso, este método puede ser una solución contra el fracaso escolar y el desinterés que sufren muchos pequeños en el colegio. Cuentan que, un día que nevaba, Jimena Menéndez Pidal pidió a los maestros que dejaran salir a los niños. “Que observen un copo de nieve. No perdáis la oportunidad de explicar el fenómeno meteorológico”, fue su sugerencia como directora. Después, como apostilla Luis Ynguanzo, profesor de dibujo en el mismo centro, “ya buscarán materiales, información, textos o lo que sea necesario para analizar y aprender. Lo primero es experimentar el hecho físico que suscite la necesidad de saber más. Después, ya entrará en acción la segunda fase del método inductivo-deductivo: el aula, la biblioteca, el profesor”.

 

En este marco, los libros de texto ya no son la ley, ni algo que hay que memorizar, sino un material de referencia más, de nimia importancia si se les compara con el estudio directo de la realidad.

 

 

Etiquetas: aprendizaje, colegio, educación, educación alternativa, libros de texto

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