Familia

¿Sabes en qué le beneficia escuchar historias familiares?

El científico americano Marshall Duke lleva años interesado en el poder de las historias familiares. Dice que los niños que saben cosas sobre su familia son más felices y seguros.

¿Sabes en qué le beneficia escuchar historias familiares?

Tras años de estudio, el científico americano Marshall Duke llegó a la conclusión de que los niños que saben más cosas sobre su propia familia (por ejemplo, cómo y dónde se habían conocido los abuelos) “se sienten parte de una red, de una entidad intergeneracional” que les aporta seguridad, autoestima y autocontrol.

Ahora bien, según Duke para beneficiarse de las historias familiares el factor definitivo “no es el contenido de la historia, sino el proceso por el cual ese contenido es conocido”, apunta Duke.

Lo importante es disfrutar de un buen rato

Contar estas historias refleja ciertos procesos, por ejemplo que la familia se ha sentado, unos frente a otros, en un contexto en el que unos hablan y otros escuchan, normalmente en momentos de reunión y placer en los que salen a relucir ciertas historias. ¿Quién pasa esta información? ¿Y cuándo? En sus estudios en la Emory University constataron que las historias solían ser contadas más a menudo por las madres o abuelas y normalmente en cenas, fiestas o vacaciones familiares, más habituales en familias de por sí cohesionadas. Estas historias, repetidas una y otra vez (es decir que las circunstancias se repiten también), contribuyen a su vez al desarrollo de un fuerte sentido de pertenencia a una red más amplia. Estos procesos han mostrado tener repercusión en la autoestima de los niños.

Así que no es tanto el contenido, como los momentos compartidos en torno a las historias, los que aportan al niño una base de seguridad. Es una tradición que podemos instaurar al pie de su cama, una noche a la semana: el viernes… ¡historias familiares! Juan escucha embelesado la historia de aquellos a los que conoce: los abuelos, nosotros… ¡incluso él mismo!

Una historia sin fines didácticos

Cada vez que sus hijos no se querían levantar para ir al colegio por la mañana, Patricia solía echar mano de la historia de su abuelo que con diez años se levantaba muy temprano para ir a trabajar al campo. Lucas contaba las penurias que su abuela tuvo que pasar en la guerra cuando los niños no querían terminarse el plato de comida. Ninguno de estos padres consiguió cambios en la conducta de sus hijos, aunque sí quizá que cogieran un poco de manía a los abuelos. Las historias familiares no deben utilizarse para “enseñar”.

Las que más aportan a nuestros hijos son las que contamos por el placer de contarlas, sin fines didácticos. Por ejemplo, la historia de cómo y dónde nos conocimos sus padres y abuelos, dónde trabajamos o estudiamos antes de que él naciera, los momentos más felices y también aquellos en los que nos enfrentamos a dificultades… las historias y anécdotas simpáticas, a veces impresionantes pero no necesariamente heroicas que nos gusta recordar de nuestra propia vida o de la vida de nuestras familias… De cuando éramos pequeños, como ellos, o ya mayores. Estas son las historias que a los niños les gustan y nos piden sin cesar, las que les ayudan a situarse dentro de una familia y de su propia vida.

Asesor: José Ángel Rodríguez Ribas, médico y psicoanalista.

 

Etiquetas: autoestima, familia, seguridad

Continúa leyendo...

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS