Educación y desarrollo

Enséñale a convivir

En un mundo global en el que ha quedado claro que dependemos los unos de los otros, la cooperación se impone frente a la competición.

Enséñale a convivir

Aprender a convivir no es aprender normas de cortesía ni siquiera aprender a estar con los que son iguales que nosotros, porque eso es lo que llevamos siglos haciendo. Se trata de aprender a vivir con los que piensan igual y diferente, con los que son de nuestro sexo, tamaño y color de piel y los que no lo son; y aprender a entender esas diferencias físicas, de raza, religiosas, de carácter… no como una amenaza sino como un valor, signo de una diversidad que nos enriquece a todos.

En nuestro mundo global, a los niños hay que enseñarles desde pequeños que es mejor cooperar que competir.

¿Cómo ponerlo en práctica?

“La casa es el primer laboratorio de relaciones”, señala Carmen Sabán. Los niños aprenden observando cómo nos relacionamos entre adultos y cómo los tratamos. Poco a poco el espectro familiar se amplía y ahí llega el segundo ejemplo: ¿Cuánto se amplía? ¿Cómo de variadas son nuestras relaciones? ¿Nos relacionamos con personas de otras razas, de otras ideas? ¿Resolvemos los conflictos que surgen o cortamos por lo sano? Cuando hay alguien diferente, ¿animamos a nuestro hijo a acercarse a él con curiosidad para conocerlo o a evitarlo?

Al acercarnos progresivamente al que es diferente los prejuicios van cediendo y desaparecen sobre todo cuando tenemos la oportunidad de colaborar en un juego, un proyecto, un trabajo. En educación se fomenta cada vez más el trabajo en grupo, algo que podemos alentar en casa con sus amigos y hermanos. Trabajar en grupo es constatar que cuando unimos nuestras habilidades innatas son posibles cosas que no podemos hacer solos.

Tres errores a evitar

  1. Obligarle a compartir. “Se nos olvida que también tenemos derecho a decir 'no', y debemos respetar al niño cuando lo hace”, recuerda Berlanga. Si compartir es obligatorio, los demás se convierten en una amenaza.
  2. Forzarlo a estar con otros. Estar solo también es necesario y cuando el niño así lo desea es la mejor opción: no debemos forzarlo a estar con otros, solo favorecerlo.
  3. Transmitirle nuestros prejuicios. Si los tenemos (todos los tenemos) es un buen momento para revisarlos.

Asesoras: María del Carmen Sabán, doctora en Pedagogía, profesora del Departamento de Didactica y Organización Escolar de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense. María José Berlanga, maestra de Educación Infantil en el Colegio Público Denis Belgrano de Málaga.

 

Etiquetas: familia

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