Tres-cuatro años

¿Por qué quieren saberlo todo?

Preguntar y preguntar, eso es lo que mejor se le da a los niños de entre tres y cuatro años. ¿Por qué quieren saberlo todo? ¿Cómo debemos responder?

¿Por qué quieren saberlo todo?

Es cierto que, aunque la mayoría de las veces es un interés genuino lo que mueve a los niños a preguntar sobre ciertas cuestiones, a veces, sus preguntas tienen “truco” o no saben parar a tiempo (recibiendo más información de la que necesitan). Por eso es importante saber “leer entre líneas” para dar las respuestas más adecuadas.

Así, ante cualquiera de sus preguntas, somos nosotros los que tenemos que preguntarnos a nosotros mismos, antes de responder:

  • ¿Qué necesidad/deseo/intención le mueve a preguntar esto? Por ejemplo, si un niño de tres o cuatro años nos pregunta si nos vamos a morir… no se refiere a si nos vamos a morir “algún día” , sino si le vamos a faltar “ahora”. Por su edad, es una pregunta que está más relacionada con el temor a separarse de nosotros o a no tenernos cerca justo en este momento, que con el concepto de enfermedad o muerte real y, por tanto, la respuesta es muy distinta a la que daríamos a un niño más mayor.
  • ¿Es suficiente con la información que ya le he dado, la ha comprendido bien, o sigue preguntando porque no entiende? Si los “por qués” se suceden sin parar, a veces es mejor detenerse y explicar bien un punto, hasta que quede bien claro, antes de pasar al siguiente (que cada vez será más complejo y por lo tanto, menos comprensible).
  • ¿Pregunta porque quiere saber o porque quiere iniciar una conversación? En ocasiones, una pregunta es la mejor manera de iniciar un diálogo con los papás. Por eso, no siempre lo importante es la respuesta: a veces es más enriquecedor escuchar las opiniones, reflexionar, dudar o reírse de lo poco (o mucho) que uno sabe.
  • ¿Sus preguntas están expresando un temor/preocupación? Ya sabemos que muchas veces, lo que tememos nos atrae. Ese es el motivo por el que algunos pequeños se enredan en preguntas que nos llevan, sin quererlo, a tener que darles detalles que, en realidad, no necesitan (sobre la operación de cadera de la tía Reme, por ejemplo, o sobre ese accidente que vió en la tele). En estos casos lo ideal es dejar de responder y legitimar su temor: “Veo que este tema te asusta y te preocupa, pero no hay nada que yo te pueda explicar que te vaya a tranquilizar. Lo que te puede calmar es saber que tanto tu como nosotros estamos bien y ¡que esta tarde nos vamos al teatro y será divertido!”

Violeta Alcocer es psicóloga

 

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