Educación

¿Y si no va contento al cole?

“No quiero ir al cole”. Ahí quedaba el órdago de Juan después de las vacaciones. Pero el segundo día de clase, tras reencontrarse con sus compañeros, se olvidaba de haber pronunciado esa frase. ¿Qué ocurre si no es así?

¿Y si no va contento al cole?

Dicen los profesores que la alergia al cole (y no hablamos de los primeros días) es una leyenda urbana... al menos cuando aún no hay exigentes exámenes que superar, difíciles teoremas que resolver o largos textos que memorizar. A esta edad, para la mayoría de lo sniños el colegio es un espacio de oportunidades donde vivir experiencias, hacer amigos y aprender –algo que todavía les encanta– divirtiéndose. Por eso, lo habitual es que vean el cole como un aliado más que como un enemigo. Así que si dice que no quiere ir al cole, es posible que solo se trate de un sentimiento pasajero.

No tiene importancia

Cuando se rompe la rutina escolar por una gripe o cualquier otra enfermedad que le haya mantenido en casa colmado de atenciones, puede que la idea de ir al cole se haga un poco cuesta arriba. Y las razones son obvias: ahora hay que madrugar, retomar unos hábitos perdidos...

Algunas de las «tretas» más utilizadas por los niños cuando no quieren ir al cole sin una razón de peso es «sentir» repentinos dolores de cabeza o de estómago. El pediatra no les encontrará una explicación y probablemente desaparecerán al día siguiente. Otros niños simplemente prefieren verbalizarlo («¡No quiero entrar a clase!»), pero cuando se trata de un comportamiento pasajero, no suelen decirlo más de una vez. En cuanto pasan diez minutos en el aula, se les olvida que hace un momento querían quedarse jugando en casa.

  • Cómo actuar: recordarle que el colegio es ese sitio donde siempre se divierte tanto, rodeado de otros niños junto a los que aprende cosas alucinantes como leer o sumar y restar. Así podrá calcular cuánto dinero tiene en su hucha o saber qué le ocurre a la protagonista preferida de sus cuentos sin que mamá o papá tengan que decírselo. De todas formas, cuando no hay razones de peso detrás de su negativa a ir a clase, no hay que darle demasiada importancia. Basta con evitar ceder a sus lloros y llevarle al cole de todas formas. Lo más probable es que cuando lleve un rato allí haya cambiado de idea. Se acordará de que es mucho más divertido pintar un sol azul en un mural gigante junto a sus compañeros de batalla que ver la tele o jugar solo en su cuarto.

Tiene importancia

En ocasiones, su negativa a ir al cole esconde razones de peso. Y entonces los dolores de cabeza o de tripa no serán pasajeros. Incluso pueden ser reales aunque el médico descarte enfermedades físicas. «Cuando un niño somatiza su respuesta y manifiesta dolor, tras valorar que no hay motivos orgánicos, debemos hacer caso a sus nervios y no solo a su dolor de tripa. Está diciéndonos que vive con estrés o ansiedad», explica la pedagoga Carmen Castelló. ¿Qué hacer entonces? Lo primero, asegurarse de la razón de sus miedos.

Y aunque los motivos son muchos, podrían resumirse en dos: o hay situaciones en la escuela que desencadenan el rechazo (no logra integrarse en clase, por ejemplo) o los motivos no tienen que ver con la escuela pero utiliza su negativa a ir a clase como una llamada de atención (a veces sucede cuando acaba de nacer un hermano y le resulta incomprensible que él tenga que separarse de sus padres mientras su hermano se queda en casa). También puede ocurrir que hay algún desajuste entre lo que ve en casa y lo que ve en el cole (padres poco exigentes y muy flexibles escolarizan a su hijo en un colegio muy estricto).

Entonces, los síntomas son claros: falta de interés y descontento por asistir diariamente al colegio. Algunos niños lo manifiestan abiertamente y de forma continua; otros tienen tendencia a somatizar (les duele la tripa, vomitan el desayuno, tienen diarrea...), sin que el pediatra observe ninguna causa que justifique los síntomas. Otra posibilidad es que no expresen nada abiertamente pero los padres se den cuenta de su falta de motivación y tristeza cuando llegan los lunes.

  • Cómo actuar: aunque cada causa exige una actuación diferente, siempre es positivo hablar con su profesor. Así podremos estar seguros de si se trata de problemas de integración (o de bullying, con lo que habría que tomar medidas urgentemente), si no tiene nada que ver con el cole sino más bien con lo que pasa en casa o si el problema está en que se sigue una línea educativa diferente y el colegio le desorienta y le crea inseguridad.

Asesora: Carmen Castelló Tardajos, pedagoga, orientadora y directora de Elea, Instituto Psicoeducativo.

 

Etiquetas: amigos, colegio, escuela infantil, pediatra, profesor

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